Uno de cada cinco españoles no contrataría a un enfermo de hepatitis C

Una treintena de afectados de la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C. / Luca Piergiovanni (Efe)

El desconocimiento acerca de esta patología y sus riesgos provoca un estigma preocupante sobre sus pacientes

MIGUEL OLMEDAMadrid

Uno de cada cinco españoles no contrataría a una persona enferma de hepatitis C ni tampoco conviviría con ella. A esa conclusión ha llegado el informe 'Percepción social de la hepatitis C en España', elaborado por la fundación 'Más que ideas' en una iniciativa conjunta a la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH). Esta patología, pese a contar con varios cientos de miles de pacientes en España, es una de las grandes desconocidas. No en vano, un 70% de éstos ni siquiera saben de su condición y el 33% de la población no ha oído hablar de la enfermedad.

Esta ignorancia en torno a la hepatitis C es la gran culpable del estigma que rodea a sus enfermos, afectándoles hasta el punto de llegar a sentirse culpables por sufrirla. El rechazo que provocan quizás tenga que ver con que una de cada cuatro personas cree firmemente que se trata de una patología que únicamente se transmite en entornos marginales. Nada más lejos de la realidad: curar una herida sin guantes, compartir cuchillas de afeitar o mantener relaciones sexuales sin preservativo son algunas de las prácticas más extendidas entre la población con riesgo de contagiarla. "Hay que concienciar a la gente de que no es una enfermedad que se transmita en el trabajo. Desde un punto de vista laboral, un enfermo de hepatitis C es exactamente igual que cualquier otro empleado", defiende Jesús Fargas, relaciones institucionales de FNETH.

En este sentido, "el nivel de estudios es determinante en la salud", asegura Juan Andrés Ligero, profesor asociado del Departamento de Análisis Social de la Universidad Carlos III de Madrid. "El capital cultural influye en la autopercepción de salud y en la actitud respecto a ella; en la alimentación, la resposabilidad... Y también en la prevención y el estigma", sostiene. A partir de ahí, Ligero defiende que los grupos de riesgo de padecer hepatitis C se han desplazado desde los jóvenes, "con actitudes más preventivas y conscientes de los riesgos que corren", a los mayores de 55 años, "con frecuencia menos educados en torno a la enfermedad y menos percepción del riesgo en su vida cotidiana". El profesor reflexiona sobre ello y mantiene que "variando el foco de actuación de las políticas a los mayores de 55", es probable que se consiga "un comportamiento preventivo por su parte".

El modelo norteamericano

"Tratar a todos los pacientes afectados es el reto más importante para que, de aquí a 2020, la hepatitis C deje de ser un problema de salud", asegura Jesús Fargas, "descontento" por la falta de cribado a aquellos grupos de riesgo que deberían ser diagnosticados. "En Estados Unidos se hace la prueba en el ámbito de la atención primaria, y es fundamental hacer ese tipo de test en España", apostilla defendiendo su bajo coste: "No cuesta más de cuatro o cinco dólares y con eso se asegura que disminuya el número de enfermos al tratarse los diagnosticados en las primeras fases".

Una paciente anónima que ya recibió un trasplante de hígado aboga por una mayor acción por parte del Gobierno. "La gente tiene conciencia del VIH desde 1981 y se llegó a crear un Plan Nacional, que implica más conocimiento. Con la hepatitis C sólo ha sido estratégico. El Plan de 2015 aprobado en marzo de este año apoyaba políticas públicas, pero hasta ahora la prevención es un tema pendiente", lamenta al tiempo que recuerda "los muchos fallecidos que se han quedado en el camino".

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