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Salvar vidas en Sierra Leona

Un funcionario habla con residentes en Monrovia (Liberia), durante las labores para combatir el virus del ébola en este país
Un funcionario habla con residentes en Monrovia (Liberia), durante las labores para combatir el virus del ébola en este país / Efe
  • Cooperantes y misioneros españoles intentan evitar el contagio por ébola

La suerte se ha convertido en uno de los factores fundamentales para combatir el ébola que está asolando el África occidental. Liberia, Guinea, Nigeria y Sierra Leona son las cuatro patas de la mayor epidemia de este mortal virus que se ha vivido en cuatro décadas. Pero en medio de esta desolación, de estas 1.472 vidas que se ha llevado la parca, hay un lugar para que la diosa Fortuna realice su trabajo. Esa zona es Koinadugu, distrito sierraleonés fronterizo con Guinea y donde no se ha producido ningún caso de ébola diagnosticado. Otra cosa es que los habitantes de las aldeas quemen los cadáveres contagiados sin decir nada. «Trabajamos mucho en las campañas de sensibilización por todos los pueblos», explica Pino González, cooperante de Médicos del Mundo desde Sierra Leona, a donde llegó hace unas semanas.

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Un país que es el sexto país con menos profesionales sanitarios por habitante del mundo. Una situación que si en la vida normal es preocupante, con la aparición del ébola se ha convertido en insostenible. La pandemia ha acabado con la vida de 392 personas en este país, de los cuales un 10% lo forman profesionales sanitarios, lo que supone un doble drama. «Menos personas implica menos acciones y más población desatendida», asegura González. El centro donde trabajan las 21 personas de esta ONG se encuentra en una de las zonas donde las medidas gubernamentales mejor han funcionado. Los controles policiales o del Ejército impiden la libre circulación, salvo en casos de emergencia sanitaria. «Se han impuesto medidas de restricción al movimiento de personas y mercancías, se han prohibido las aglomeraciones y manifestaciones y teóricamente se han aislado las ciudades y aldeas más afectadas», asegura, a su vez, el misionero javeriano Luis Pérez.

Además, se han colocado «puntos de agua clorada» donde lavarse. Algo que no pasaba antes de la epidemia. «Ahora la población evita cualquier contacto. No se da la mano para evitar la transmisión. Se saludan a distancia», cuenta Pino. A pesar de las medidas que se están tomando, los cooperantes del Médicos del Mundo no descartan que el ébola llegue a su zona de trabajo, donde también forman a personal, en los próximos meses. Porque tiene claro que lo peor, con casi 1.500 muertos, todavía no ha llegado. «El pico de la epidemia todavía no ha llegado. Las estadísticas seguirán en ascenso y estamos trabajando para tenga una respuestas adecuada», indica la cooperante, que apela a la comunidad internacional porque «siguen sin responder ante la situación que estamos viviendo aquí».

En el mismo sentido se pronuncia el misionero javeriano. «La cosa seguirá así hasta diciembre o enero, cuando la situación debería cambiar de signo y la fuerza del virus debería remitir», apunta. El hermano Luis también lamenta que las escuelas, institutos y universidades de Sierra Leona no abrirán en septiembre, con lo que «seguramente será un año académico perdido para los estudiantes». Sobre su labor en Makeni -en el centro del país-, señala en una carta que se encuentran bien «pero trabajando bajo mínimos, dadas las restricciones, y tratando de intensificar la prudencia en lo referente a los contactos, con lo que nos acompaña la inquietud todo el día y esto te hace sentir un tanto inseguro y receloso de lo que pueda pasar».

En el sur del país, en Kenema, Cruz Roja Española está levantando un centro de tratamiento para intentar contener la epidemia. Un lugar que tendrá el tamaño de un campo de fútbol y que estará al lado de un hospital pero sin contacto directo. «Gran parte del equipo que está allí está formado por técnicos, especialistas en electricidad, fontanería, telecomunicaciones, fontanería y el montaje de un centro de tratamiento del ébola de estas dimensiones necesita este trabajo. Luego ya toman el relevo los profesionales sanitarios», indica Íñigo Vila, jefe de Unidad de Emergencia. El centro contará con 60 camas. Además, Cruz Roja mandó a principios de mes más de 12 toneladas de material para emergencias.