Tradición ecuatoriana

Comedor del restaurante La Perla del Pacífico./Vicente Vicéns / AGM
Comedor del restaurante La Perla del Pacífico. / Vicente Vicéns / AGM

La Perla del Pacífico es un restaurante especializado en cocina tradicional latinoamericana con enormes raciones de platos combinados

SERGIO GALLEGO

Que sí. Que como la cocina española no hay otra en el mundo. Que como se come en Murcia no se come en ninguna parte de España. Que las croquetas de tu madre y el arroz de tu suegra son insuperables y que donde esté un caldero del Mar Menor que se quiten todos los demás inventos. Pero si por un momento dejas de dar por hecho que somos los mejores, que lo nuestro es lo mejor del mundo y que como en casa no se está en ningún sitio, pásate por La Perla del Pacífico y entenderás a la perfección una cultura y una forma de hacer en la cocina distinta y absolutamente recomendable.

Mi visita a La Perla del Pacífico no es en solitario. Me acompaña Sebastián López, cocinero de El 8, colombiano y joven aventurero que ha vivido en varios países de América a pesar de su corta edad -24 años-. Evidentemente, me dejo guiar en la propuesta y, aunque el restaurante está pensado para dar un plato único muy abundante a un precio razonable, lo que sería un local con menú del día, pedimos una cantidad de platos como para que coman cuatro personas.

Mesas con cristal encima del mantel de tela naranja, un par de televisiones con las noticias, un servicio de camareros cercano y unos ritmos en la salida de platos fugaz como el de los restaurantes chinos. Pero así debe de ser, puesto que lo ideal en este restaurante ecuatoriano es ir de un lado a otro con la cuchara cambiando de sabores, aunque pueden hacer como hacen ellos mismos y pedir un plato combinado por unos ocho euros y a correr.

Ya las bebidas son todo un descubrimiento. Con gas y sabor a manzana, de malta, de uva, batidos, zumos y cien formas más de acompañar una copiosa comida. Eso sí, casi todas tienden a estar muy edulcoradas con melazas, mieles y panela.

El ceviche de gambas es delicioso. El equilibrio de sabores es perfecto y el emplatado en cuenco ideal para comer con cuchara. Han tenido la delicadeza en cocina de quitarle la parte central de la tripa del camarón y la ración, como digo, muy abundante.

La sopa de pescado -encebollado- presenta trocitos de jurel, trocitos de yuca, de plátano macho y de ñame -un tubérculo- guisados en el caldo de pescado. Remata el plato una cebolla roja picada y fresca y una buena ración de cilantro. Sin duda, un plato reconstituyente y muy sabroso gracias a las especias llamadas Triguisar, a base de comino, tomillo y orégano.

El chauflán es un arroz frito con pollo desmigado, gambas y huevo que viene coronado con plátano macho a la plancha y aguacate. Toda una delicia que recuerda a los arroces orientales y que encuentro ideal para acompañar a la Guatita, que no son más que unos callos en salsa de aguacate, la cual, según me indica López, está perfectamente hecha, ya que si la salsa de cacahuete se cocina en exceso en la sartén, el resultado es muy amargo. Este último plato también trae una guarnición de ensalada, arroz blanco y hasta un huevo frito sin interés alguno, ya que lo interesante de este bocado son los deliciosos callos a la latina.

Si el resto de platos me parecen imprescindibles, por encima de todos recomiendo el humita. Se trata de una especie de pan cocinado al vapor de maíz fresco. El resultado es una pasta parecida al pan al vapor que acompañan con un queso fresco con sal muy prensado y que en combinación con el humita, dulce y delicado, suenan campanas en el paladar.

El resbalón del local viene en una carta de vinos inexistente, aunque entendible dado el público al que está dirigido el restaurante. De postre, helados artesanales de distintos sabores hechos en Madrid y poco más, ya que como dice el propio camarero, de postre en Ecuador se suele tomar la última cerveza.

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