«Trabajo con imágenes que me inquietan»

Josep Tornero, delante de tres de sus obras en la galería T20. / Guillermo Carrión / AGM

Un proyecto pictórico con años de entrega y de miradas sobre el arte

PEDRO SOLER

Define su 'Ensayo sobre el descrédito' como «una especie de proyecto pictórico» al que ha dedicado mucho tiempo porque «es un proceso de trabajo que se ha ido alargando y sobre el que he reflexionado continuamente. Así se ha convertido en una realidad, con varios años de trabajo invertidos y con años de miradas sobre la pintura». Lo asegura Josep Tornero (Valencia, 1973) sobre la exposición que presenta en la galería T20, una serie de cuadros en blanco y negro, pero que «no es una pintura tenebrista, aunque también está claro que no es optimista, entre comillas. Escasean o son nulos los colores, que parecen esenciales en la obra de cualquier pintor. Puede parecer una contradicción, pero pienso que la mía es una pintura de mirada realista en parte y crítica con el entorno».

Reconoce que no se trata de buscar «algo nuevo, porque en este modo de hacer estoy metido desde hace mucho tiempo. Mi trabajo consiste en aproximarme a la historia de las imágenes y a la historia del arte, y trabajar respecto a todo lo que ha acontecido. Por eso queda también una mirada hacia el pasado, en blanco y negro, algo que se remonta a la fotografía histórica, con la que muestro mucho vínculo».

Dónde
Galería T20 (Calle Victorio, 27. Murcia)
Horario:
de lunes a viernes, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas.
Cuándo:
Hasta el 17 de noviembre.

Son cuadros en los que se evidencian síntomas de «una figuración que parece enturbiada; pero creo que es un modo de expresar esa mirada fugaz que proporciona el tiempo. Me imagino que el tiempo también queda reflejado en esas manchas que se sobreponen a las imágenes, porque el tiempo no se detiene y la mirada tampoco. Todo es movimiento, y la pintura es, precisamente, como matar la vida, porque la convierte en algo estático y deja de ser real en ese momento, cuando se convierte en una imagen». ¿No sería más fácil y libre de complicaciones pintar de otro modo? «Sí, pero yo pinto así, porque es un modo de hacer en el que me encuentro cómodo y con el que disfruto. Con las imágenes de mi pintura dialogo todos los días en mi estudio o cuando leo ensayos que me remiten siempre a mi imaginario modo de hacer». Y, ¿no existen más colores que el blanco y negro? «Sí, claro que sí, pero no tienen protagonismo en esta exposición. Puede haber pequeños matices de color, pero aquí lo que me sirve es dialogar con el blanco y negro».

Lenguajes visuales

¿Son fórmulas aprendidas o descubiertas? «Más que aprender o descubrir, lo que he hecho ha sido asimilar, porque creo que, conforme vas creciendo también se van asimilando lenguajes visuales, que me surgen y que, a la hora de trabajar, evidentemente pasan por mis filtros; y, al pasar por ellos, se pueden convertir en otra cosa. Tengo en mi taller imágenes que son mías y que he trabajado, a partir siempre de la fotografía, pero, digo entre comillas, que no me siento capaz de hacer una pieza original. Creo que hay millones y millones de imágenes que remiten a otras. Nietzsche decía que llegará el día en que el arte será una especie de celebración de la memoria. Y creo que se puede interpretar esto como que el arte, que se debe alimentar de sus propias originalidades, solo se alimentará de todo lo que se ha hecho anteriormente. No me siento un artista original, tal y como entendemos la originalidad: crear algo nuevo, algo que no se ha visto. Sí creo en que cada imagen tiene su propia personalidad, y deja algo que, cuando han pasado los años, parece distinto».

Josep Tornero acepta también el rechazo que puede entrañar, de cara al espectador, ese reconocimiento a la no originalidad, «porque vivimos en esa situación en la que el artista quiere ser siempre original, de cara a los demás. Yo soy más de estar en mi estudio, trabajando y sacando imágenes que, evidentemente, entiendo que dicen algo o mucho más de lo que yo capto a través de la lente fotográfica. Pasa algo parecido con la creatividad, porque todo artista debe sentirse creador, no siempre sabemos de qué. Parece una obligación estar creando siempre y esto es excesivo. Yo no pienso en otra cosa que en pintura y en seguir trabajando, porque es una de las pocas cosas que me interesan. No sé si esto ya puede ser creativo».

No descarta que su pintura pueda provocar cierto rechazo «por el mero hecho de no pintar siempre una mano o un rostro; pero yo trabajo con unas imágenes que me inquietan, que me han inquietado antes. Lo que trato de producir es plenitud, aunque no sé hasta qué punto el espectador puede recoger no esa inquietud mía, sino la suya propia por la pintura, algo que ya no tiene nada que ver conmigo». ¿Le resulta fácil concluir una obra? «En ocasiones, muy difícil. En el estudio tengo obras que cada cierto tiempo vuelvo a trabajar, y que, con el paso del tiempo, desaparecerán o acabarán de otra manera, porque, al verla de nuevo, mi idea ha cambiado e intento trabajar sobre ella algo que antes no había decidido».

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