Alfredo López: «Me tomo la acuarela como un juego»

El pintor Alfredo López, junto a una de sus obras./LV
El pintor Alfredo López, junto a una de sus obras. / LV

La exposición supone un recorrido por conocidos rincones de Murcia

PEDRO SOLER

Son rincones y plazas que «suelo ver y vivir todos los días. Espacios que tengo muy interiorizados. Todo me ha ayudado mucho a la hora de la interpretación. Están tomados a diferentes horas de luz; y, dentro de que son paisajes bastante icónicos de la ciudad de Murcia, les he querido dar mi personal visión, para que no sea la típica imagen que estamos viendo». Es lo que Alfredo López (Vinaroz, Castellón, 1971) afirma sobre 'Paisajes cotidianos', la exposición que presenta en el espacio Ámbito Cultural. Tras un periplo por Málaga y Granada, donde estudió Bellas Artes, recaló en Murcia a los treinta años. Confiesa que sus paisajes de la ciudad nacen porque «tengo la costumbre de ir tomando apuntes; pero el acabado definitivo sí lo hago en el estudio. Creo que es muy importante tener esa primera toma con el natural, con la realidad, porque te aporta muchísimos sentimientos que a través de una foto no se captan».

Son paisajes que aparecen envueltos por una bruma, «algo que te nace, como el sentido de la realización, porque el modelo es un pretexto. Lo interesante es lo que ocurre entre el modelo y el pintor. Es la parte que debe dejarse ver en las obras, porque realmente es la que, en definitiva, cuenta. También, mi manera de ver, sentir o pensar es lo que me lleva a ese tipo de atmósfera envolvente. Me dejo llevar por ese tipo de ambientaciones, que son las que me salen, sin que sean una cosa premeditada; aparte de que esa bruma pueda tratarse de un recurso, porque la acuarela se presta mucho a más atmósferas».

Dónde
Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Gran Vía Salzillo, 42. Murcia).
Horario:
lunes a sábados, de 10.00 a 22.00 horas.
Cuándo
Hasta el 20 de febrero.

Para el pintor, lo interesante es «la interpretación, la factura, la pincelada hecha soltura. Creo que es con todo esto con lo que más disfruto y con lo que más disfruta la gente. Si no disfruta el propio pintor, está aviado». ¿Disfruta hasta llorar de alegría o también es capaz de sufrir? «Con la acuarela disfruto más que sufro, a diferencia de otras técnicas que he utilizado. Me tomo la acuarela como un juego. Quizá por planteármelo así, me dejo llevar y plasmo más mi personalidad. Creo que la acuarela es muy buena conductora, no sé si decir del alma o de la personalidad, a diferencia de otras técnicas, como el óleo, que es más farragoso, más torpe, entre comillas. La acuarela, en contra de lo que se cree, que es la técnica que no admite rectificaciones, para mí no supone obstáculo alguno».

La hermana pobre

Entonces, ¿no se puede hablar de óleo en su obra? «Estoy centrado en la acuarela en los últimos tres o cuatro años, pero he pasado toda mi vida pintando óleo. Hablo con conocimiento de causa. Empecé con óleo y, además, con un nivel de realismo alto, pero, poco a poco, empecé a tratarlo cada vez más diluido en aguarrás, con pinceladas más finas, buscando incluso transparencias. Me di cuenta de que tenía una tendencia hacia la acuarela. Llegué a un punto en el que decidí saltarme a la acuarela. Y no me arrepiento, pese a que la acuarela pueda haber sido considerada como la hermana pobre dentro del mundo de la pintura, aunque también es una técnica muy valorada».

Recuerda Alfredo López que, para dar este salto, «hubo un cúmulo de cositas y de comentarios de la gente, porque, frecuentemente, los propios pintores no nos damos cuenta de muchas cosas. En el óleo empecé a dejar zonas simplemente sugeridas, a base de manchas con mucho aguarrás. Me di cuenta de que esas manchas, a diferencia de otras más acabadas y empastadas, eran las que me resultaban más interesantes. Eran pequeños detalles que, poquito a poco, me llevaban a la acuarela, a buscar la transparencia».

En cuanto a temática, ¿solo le interesa el paisaje urbano? «Supone el noventa por ciento de lo que he pintado hasta ahora. También he tocado otros temas, como naturalezas muertas y, muy poquito, la figura, pero es el paisaje el tema con el que me he sentido más cómodo, aunque no sé explicar por qué. Quizá porque me seduce el cuadro como una ventana, como un asomarse al exterior, y esto se expresa de una manera más clara a través del paisaje; sin embargo, me rondan otras ideas, como plantarme ante objetos y modelos en el estudio, para pintar al natural, que es algo esencial».

Pese a su insistencia paisajística, reconoce que «no todo me vale. Me cuesta encontrar una vista que realmente me enganche. Tiene que surgir una chispa cuando contemplo un espacio, porque tengo que captar sus posibilidades plásticas. Creo que, inconscientemente, cuando buscamos un tema, vamos buscando una serie de elementos que, en su conjunto, nos cuadren, aunque, luego, nos den un resultado final que no sea el que teníamos pensado. Quizá por esto, muchas veces me veo obligado a romper la acuarela. Borrón y cuenta nueva, aunque también me he arrepentido de esa rapidez en eliminar lo que no me había cuadrado en principio».

Luz y color

La obra de Alfredo López desarrolla principalmente el paisaje urbano dentro de un discurso figurativo y del realismo. Ha practicado con varias técnicas y en los últimos años con una acuarela muy realista y colorista. La búsqueda de la luz a través del color supone una constante en sus interpretaciones paisajísticas y sobre el bodegón.

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