La simple e ilusoria condición humana

El elenco de 'La cantante calva'.

Uno de los mayores exponentes del teatro del absurdo llega a Murcia de la mano de Adriana Ozores y Joaquín Climent

NATALIA BENITO

Al término de la función pocas cantantes, por no decir ninguna, y mucho menos calvas habrán aparecido en escena. He ahí la gracia. Eugène Ionesco, ese hombre al que no le gustaba el teatro antes de escribir esta obra, es el autor de 'La cantante calva', uno de los mayores exponentes de la corriente del teatro del absurdo que continúa representándose desde hace 67 años -fecha de su estreno- en el coliseo parisino de La Huchette.

En España, el montaje a cargo de Luis Luque vuelve a la Región tras su exitoso paso este verano por el Festival de San Javier. La obra está protagonizada por dos parejas que abordan situaciones del día a día con un texto surrealista inspirado en un método para aprender inglés, el Assimil, basado en diálogos pintorescos entre personajes con el que Ionesco trató de acercarse a la lengua de Shakespeare.

Cuándo
Sábado 7 de octubre a las 2100 horas.
Dónde
Teatro Romea.
Entradas
19, 25 y 29 euros.

La obra con la que el autor se inicia en la dramaturgia transcurre en Gran Bretaña, en la casa de los señores Smith -Joaquín Climent y Adriana Ozores-, que ejercen de anfitriones en una velada a la que se suman sus invitados, los esposos Isabel y Donald Martín -Carmen Ruiz y Javier Pereira-.

La criada Mary, que se siente Sherlock Holmes, rompe la cuarta pared para compartir con los espectadores uno de los secretos sobre la identidad de los Martin: ellos no son quienes creen ser pero han dado por correctas una serie de coincidencias extraordianarias que les llevan a la confusión. De esta forma, quizá el espectador pueda comprender algo más de un montaje que se termina de complicar con la aparición del capitán de los bomberos -Javier Pereira-, que trata de cumplir la orden de apagar todos los fuegos de la ciudad y se echa a la calle a buscarlos.

La obra, que se ofrece en el marco de la Semana Grande de la Fundación Cajamurcia, muestra lo ilusorio de la condición humana a través de conversaciones simples y repeticiones hasta la extenuación de palabras que pierden su significado en un texto de total vigencia que refleja el aburrimiento de lo cotidiano y el automatismo colectivo que convierte la conversación en un sinsentido. La obra fue catalogada como una comedia de advertencia social, una etiqueta que, según Luis Luque, «queda obsoleta» y que debería ser trasladada por otra «que transformara la advertencia en condena».

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