La Oreja de Van Gogh: «Nos sentimos unos invitados en el mundo del espectáculo»

La Oreja de Van Gogh: «Nos sentimos unos invitados en el mundo del espectáculo»
Juan Pérez-Fajardo

La banda de San Sebastián celebra sus más de veinte años de carrera volviendo a sus raíces con 'El planeta imaginario'

ALBERTO FRUTOS

¿Q ue es fácil escribir románticas canciones de pop? De acuerdo, hazlo tú. La valentía y la ignorancia siempre han jugado demasiado cerca en el recreo y, en más de una ocasión, han terminado fundidas en un nada recomendable abrazo de compañerismo y amistad. Por eso, y por mil razones más, la forma en la que se ha juzgado a bandas como La Oreja de Van Gogh ha sobrepasado límites tan gratuitos como injustos. Y disculpad el enfado inicial, pero los prejuicios cada vez pesan más en el terreno de la impaciencia. En el caso concreto de la banda original de San Sebastián, hablamos de los creadores de una trilogía discográfica inolvidable para toda una generación: 'Dile al sol', 'El viaje de Copperpot' y 'Lo que te conté mientras te hacías la dormida'. O lo que es lo mismo, de los compositores de clásicos absolutos del pop nacional de la talla de 'La playa', 'Cuéntame al oído', 'El 28', 'Cuídate', 'París', 'Puedes contar conmigo', '20 de enero' o 'Rosas'. Auténticas joyas de melodías contagiosas y estribillos memorables a las que deberíamos sumar pequeños tesoros escondidos como 'Deseos de cosas imposibles', 'Mariposa' o 'Tantas cosas que contar', entre otras. Aquella primera etapa de la formación, liderada entonces por la voz de Amaia Montero, finalizó con 'Guapa', un trabajo que, sin alcanzar la calidad de sus predecesores, todavía mantenía un listón más que aceptable. Lo que ocurrió después, con la salida del grupo de Montero, podría haber acabado con La Oreja de Van Gogh, pero aún quedaban historias por escribir y cantar. Y sobraban ánimos e ilusión para hacerlo. De esta manera, y tras la llegada de Leire Martínez, quien necesitó solamente un disco, el estupendo 'A las cinco en el Astoria', para confirmar que era la opción más idónea para ocupar el complicadísimo puesto vacante, la banda ha continuado su camino con 'Cometas por el cielo' y el reciente 'El planeta imaginario', su trabajo más completo en una década. Capaz de condensar el espíritu y la esencia de su música, este último disco nos trae una versión familiar y encantadora de La Oreja de Van Gogh, perfectamente reconocibles en cada una de sus canciones. Horas antes de que se suban al escenario del Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas de Murcia, hablamos con Xabi San Martín, compositor, teclista de la banda y un tipo que desprende simpatía, naturalidad y amabilidad en cada respuesta.

-Más de dos décadas después, siguen en forma y publicando un disco tan notable como 'El planeta imaginario'. ¿Cuánto peso ha tenido la experiencia en el proceso de composición de este trabajo?

Cuándo
Sábado 16, a las 21.30 horas. Dónde: Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas Cuánto: 25 /35 euros

-Por un lado, pesa porque se va perdiendo esa frescura, inmediatez y emoción que tienes cuando eres un posadolescente de diecinueve o veinte años, pero, a cambio, te da otro tipo de experiencia y te hace estar más seguro. Cada vez que te haces mayor te sientes más dueño de las decisiones y eres más consciente de que cada palabra, cada acorde y cada nota que eliges la va a escuchar mucha gente, tienes más responsabilidad. En este disco es el que más se nota todo esto, claro, porque es el último, pero en el siguiente estoy seguro de que se notará aún más.

-Aunque los recién llegados puedan disfrutar plenamente de él, 'El planeta imaginario' me ha parecido una especie de celebración de los sonidos más representativos de la banda. En ese sentido, ¿se podría considerar una carta dedicada especialmente a sus admiradores de toda la vida?

-No conscientemente, pero no me atrevo a negarlo. Me encaja con lo que sentimos al escucharlo. Supongo que a medida que va pasando el tiempo te importan menos los demás y más quedarte tú a gusto con el resultado. Por eso, pasar del mercado y de las modas y volver a nuestras rimas imposibles y las metáforas exageradísimas sí que podría ser una especia de celebración. De hecho, te vamos a robar este concepto (risas).

-En relación con el título del disco, ¿qué papel juega la imaginación dentro de su metodología de trabajo?

-Tiene un peso fundamental. Cada canción intentamos que sea una historia autónoma, un cuento de tres o cuatro minutos. Y, claro, inventarte ese mundo, esa burbuja, requiere una cantidad alta de imaginación. Muchas veces, cuando escribimos un tema, nos tenemos que meter dentro de una especie realidad alternativa y habitamos allí hasta terminar la composición. La imaginación es el medio donde flota la creatividad.

-En términos de producción, 'El planeta imaginario' resulta más austero que sus dos discos previos, con canciones casi acústicas como 'Cuando menos lo merezca'. ¿Buscaban un sonido más sencillo y desnudo en esta ocasión?

-Fue surgiendo, pero cuando lo encontramos decidimos tirar por ahí. Y fíjate, paradójicamente, es más complicado y exigente conseguir un sonido más limpio que el que tiene cualquier canción de nuestro anterior disco, 'Cometas en el cielo', donde nos apetecía más investigar con muchas capas de sonido. Aquí hemos intentado que cada elemento pese más porque hay menos cosas alrededor.

-Hablando de canciones concretas que podemos encontrar en el disco, me ha sorprendido mucho 'Esa chica', la cual habla de la fama desde una perspectiva melancólica, muy centrada en la soledad. ¿Cómo surge el interés de escribir sobre esa otra cara del estrellato?

-Siempre nos ha despertado mucha curiosidad. Nosotros nos sentimos un poco invitados en esto del mundo del espectáculo. Piensa que éramos amigos de la universidad, ninguno es hijo de artista ni un estudioso de la música, somos un grupo de colegas a los que les ha pasado esta locura y que nunca pensaron en dedicarse profesionalmente a esto. Entonces, nos llama mucho la atención todo este rollo de los premios, el marketing y demás. En algunos festivales, por ejemplo, nos identificamos más con el público que nos viene a ver que con los grupos que tocan después de nosotros, porque estamos alucinando. Por eso, cuando sales del escenario, llegas al hotel, cierras la puerta, te quedas a solas con el sonido de la gota del váter, miras la tarjeta y te das cuenta de que estás, por ejemplo, en Guatemala, es algo que hace pensar. Te das cuenta de lo frágiles que somos todos.

-No puedo dejar de preguntarle por 'Tan guapa', el bonus track del disco y la primera canción oficial en la que le escuchamos cantar. ¿Qué tenía este tema para que fuera el elegido para ser su gran debut al frente del micro?

-Pues que los demás son unos pesados (risas). Muchas veces, cuando escribo una canción grabo yo la maqueta con mi voz chatarrera, porque yo no sé cantar (risas). En este caso, teníamos ya prácticamente todo el disco grabado y el resto de la banda propuso que la dejáramos así. Yo me negué, claro, pensaba que se habían vuelto locos, pero al final sí entró. A mí me da una vergüenza increíble, me tuve que tomar dos cervezas antes de grabarla. Lo peor es que ahora me piden que la cante en directo y yo lo paso fatal siendo protagonista. Una y no más (risas).

-Por último, y como experto en la materia, ¿qué tiene el pop que lo convierte en un género tan especial?

-El pop, para nosotros, es el resumen de todos los demás géneros. Es la media aritmética de todo lo que podemos escuchar. En nuestro caso, tenemos playlists absolutamente esquizofrénicas donde conviven todo tipo de artistas. Esa mezcla encaja dentro de ese cajón de sastre llamado pop. Además, el hecho de no ser ninguno un erudito de la música ni un talibán de un género específico hace que nuestros discos sean tan heterogéneos, que usemos arreglos de country, de bossa nova o hasta de hip hop. Esa manera de no pertenecer a nadie genera ese eclecticismo que es clave en el sonido de La Oreja de Van Gogh.

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