Pistatxo, sano y verde

Comedor del nuevo restaurante vegetariano Pistatxo./Nacho García / AGM
Comedor del nuevo restaurante vegetariano Pistatxo. / Nacho García / AGM

El restaurante abre sus puertas como alternativa vegetariana y vegana en el centro de Murcia con un menú diario de cocina internacional

SERGIO GALLEGO

Lo que fue el restaurante El Jardín de Oli se ha convertido en el último templo de la cocina vegetariana y vegana de la capital bajo el nombre de Pistatxo. Sin grandes alardes decorativos en la sala, sin rastro de fuegos de artificio en los platos y con un precio muy ajustado, Pistatxo parece centrarse en la cocina sin animales desde el punto de vista de la salud, del comer bien, entendido como sano, para quien lo tiene que hacer fuera de casa todos los días.

El sistema es el de un menú diario con tres primeros, cuatro segundos y cuatro postres a elegir, uno de cada una de las secciones, con pan, agua y café o infusión incluidos y de los que siete de estos platos son aptos para veganos.

El servicio de sala es correcto. El camarero no se conoce los platos al detalle, pero pregunta en cocina las veces que haga falta sin problema alguno para dar una información detallada de los ingredientes de los platos. Además, se justifica correctamente poniendo de manifiesto un punto fuerte del restaurante, y es que los platos cambian con tanta asiduidad que no le ha dado tiempo a aprender los del día.

La mesa me recibe con un mantel individual de papel más propio de un merendero que de un vegetariano que luce una cocina bastante afinada. Un aperitivo a base de berenjena con el condimento propio del clásico árabe Baba Ganoush -tahini, ajo, limón, yogurt y perejil- pero con una textura de crema con un poco de sésamo amortigua la espera de la comanda. Viene acompañado de unos industriales y mejorables triangulitos de maíz, por lo que recomiendo utilizar el pan integral de la panera para disfrutar mejor del bocado internacional.

La crema de lombarda con manzana es toda una provocación. La sirven caliente, con un punto de pimienta bien traído. Lo interesante de este plato, aunque el retrogusto es un poco arriesgado por astringente, es que uno puede sentir cómo el bienestar, los antioxidantes, la flora intestinal y todos los rincones de tu cuerpo se inundan de un arco iris de floreciente salubridad a cada cucharada que te llevas a la boca.

La sopa de cebolla es otra muestra de la cocina saludable y sabrosa del restaurante. La cebolla no se ha caramelizado, por lo que los trocitos de pan con queso emmental gratinado y un punto de orégano cumplen su función reforzando matices de sabor que se agradecen en el plato.

El falafel -croquetas de garbanzo- viene acompañado de una salsa tártara apta para veganos, con leche de soja y aceite de girasol y, por supuesto, sin anchoa. He de decir que la textura es muy interesante, aunque el sabor de la 'bayonesa' es mucho más liviano que el de la receta clásica. Muy rico.

El pimiento relleno es un plato correcto, pero sin mucha miga. Las setas y las nueces del interior cumplen su función como un medio centro defensivo de Segunda, pero ni la base de la crema de espinacas, ni la textura del propio pimiento están pensadas para el orgasmo bucal, sino que, otra vez, encuentro un buen plato para la previa de Navidad.

Los canelones a la boloñesa lucen una salsa de tomate genial. Deliciosa. La bechamel, otra vez sin rastro animal, y la pseudocarne -tofu o soja prensada- un conjunto muy conseguido del clásico italiano. Muy cerca de la receta original.

Las verduras al curry las encuentro prescindibles, sobrecocinadas y acompañadas con un arroz insípido. Más contundente encuentro la versión del burrito mexicano, donde una salsa de queso a base de yogurt y otra picante napan un rollito relleno de verduras, habichuelas rojas y la supuesta carne para vegetarianos en lo que considero un plato redondo dentro de los límites impuestos.

Aunque el nivel de la cocina salada es alto, el de los postres es quizá la parte más conseguida. Excepto una panacota de textura imposible, la tarta de queso, el browni de chocolate y el apple crumble, una especie de tarta de manzana, son realmente buenos. En definitiva, un nuevo restaurante vegetariano con una buena oferta para veganos, donde la cocina saludable se asocia con un movimiento gastronómico que está en auge en la Región sin la más mínima duda.

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