Rafa Pons: «Siempre ofende más un chiste que un drama»

Rafa Pons: «Siempre ofende más un chiste que un drama»

El cantante y compositor catalán hace doblete en Murcia con 'Cantando las 40', una gira marcada por lo imprevisible en la que repasa alguna de sus mejores composiciones

A. FRUTOS

Con su última gira, 'Cantando las 40', brillante desde su propio título, Rafa Pons se plantea dos objetivos tan atrevidos como, en el fondo, coherentes. Por un lado, dibujar un recorrido a lo largo y ancho de su trayectoria, repleta de discos tan notables como 'Persona, animal o cosa', 'Insisto' o 'Disimula', desde un punto de vista acústico; y, por otro, dejar que sea el público el que elija el repertorio de cada concierto. Así, el barcelonés pone cada noche sobre la mesa cuarenta de sus canciones más representativas de entre las cuales la gente vota las veinte que más ilusión les hace escuchar. Es decir, la velada termina en aplauso, sí, pero no se conocen los pasos que la llevan hasta allí. Más emoción y sorpresa, menos corsés y reglas establecidas. Celebración de cuatro décadas de existencia y más de diez años agarrado a una guitarra y colgado de un papel en blanco. Rafa Pons en estado puro. Charlamos con él.

-Hasta el próximo día 16 no tendrá la certeza absoluta, pero, en confianza, ¿cree que la crisis de los cuarenta tiene más de leyenda o de realidad?

Cuándo
Viernes 11 y sábado 12, a las 21.30 horas
Dónde
Café de Alba
Cuánto
12 euros / 15 euros

-Me temo que tiene su punto de verdad. Lo curioso es que cuando cumplí treinta y seis sentí que se acercaban los cuarenta y no me moló nada. Soy tan anticipatorio que la tuve antes (risas). Ahora que ya están aquí creo que toca celebrarlo, los he vivido bien vividos y me siento muy fuerte.

-Para esta nueva gira ha escogido cuarenta canciones de su discografía entre las cuales la gente vota las veinte que más les apetezca escuchar cada noche. ¿Cómo surgió esta idea?

-Siempre intentamos no repetirnos. A diferencia de los artistas de masas que tocan menos y en sitios más grandes, nosotros, la clase media trabajadora de la música, tocamos bastante seguido y hay que reinventarse. Quería hacer algo diferente y en este caso, tirando de nostalgia noventera, he inventado una manera original para que la gente me pida canciones durante el concierto.

-En su caso, ¿ha influido la edad a la hora de escribir canciones?

-Quizás hay un punto más sereno, pero más por mi estabilidad actual que por mi edad. Es decir, sí creo que los años me dan un pequeño poso de seguridad. Ahora me atrevo más a escribir sobre según qué temas. Soy muy pudoroso con lo que escribo y creo que te vas ganando derechos a componer.

-Uno de los elementos que encontramos en gran parte de su obra y que, en cierto modo, la caracteriza, es el sentido del humor, pero, con la que está cayendo, ¿cómo hacemos para mantener la sonrisa?

-El humor paga un peaje más alto. Siempre ofende más un chiste que un drama. Y también se le reconoce menos. Yo habito entre dos aguas. Toco temas jodidos, pero no olvido nunca el humor como arma de superación y desdramatización. Eso ha hecho que algunos talibanes no me quieran en su equipo musical pero me da bastante igual, la verdad. Me da mucha pereza la autenticidad como bandera (risas).

-En ese sentido, ¿qué relación mantiene con la parte más dramática de la vida? ¿De qué forma trabaja a un nivel artístico con ella?

-Me encanta esta pregunta. Te diría que mirándola a los ojos, de cara, y no permitiendo que me joda las canciones (risas). Por ejemplo, tengo una canción titulada 'Cuando se nos mueran los maestros' que soy consciente de que remueve cosas. Habla de cómo tirar para adelante cuando perdemos a nuestros referentes. La he tocado en momentos señalados, pero no suelo cantarla a menudo porque me puede el pudor de pensar que le puedo traer de vuelta una emoción jodida a alguien que ha venido a disfrutar de un concierto. Si una canción mía te recuerda a una exnovia, bueno, nos jodemos todos un poco, pero si te recuerda una pérdida, me dolería si no es justificado.

-Más de diez años en la carretera y un quinteto estupendo de discos después, ¿qué es lo que todavía le sigue sorprendiendo de su oficio?

-Mi oficio tiene muchas cosas adictivas, pero, si tuviera que elegir una, sería la fortuna de colarte en las vidas de la gente, de que tu experiencia subjetiva se transforme en algo colectivo. Es como sublimar la comunicación. Un lujo.

-En muchas ocasiones ha citado la lealtad como un factor esencial a la hora de hablar de la evolución que ha tenido su carrera a nivel de público. ¿A qué se refiere exactamente?

-La gente siempre ha sido consciente de que no soy famoso y que soy bastante desastre comunicando cosas. Creo que me han ayudado más de lo que merezco, recomendando mi música y engañando gente para que vengan a verme. Esa lealtad y complicidad no tiene precio. El camino será más lento pero, desde luego, es mucho más estable.

-En ese sentido, ¿cómo se plantea como artista la devolución de esa fidelidad? ¿Es algo que le obsesiona especialmente?

-A todos nos preocupa. Vivimos de gustar y siempre te asusta que la gente desaparezca. Pero con los años estoy más tranquilo porque creo que uno sigue vivo mientras sus canciones sigan conectando con las personas.

Temas

Murcia

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos