Rosana: «Si nos quitan la sonrisa, ¿qué nos queda?»

Rosana./
Rosana.

A. FRUTOS

Rosana lleva más de dos décadas cantando y escribiendo agarrada a su guitarra y, lo que es más importante, sin perder un optimismo que es marca y seña de identidad. Incluso en aquellos temas que se estremecen en la melancolía de su voz quebrada, se termina colando la esperanza, la certeza de que, pase lo que pase, todo terminará saliendo bien. O puedo que no, de acuerdo, pero habrá lugar para una revancha tan temprana como la mañana siguiente. En su último trabajo, 'En la memoria de la piel', la artista canaria subraya esa apuesta por la naturalidad y la sencillez como vehículo para profundizar en las emociones humanas más básicas, con toda la complejidad contradictoria que eso conlleva. Un buen momento para charlar con ella antes de que se suba al escenario del Teatro Guerra de Lorca.

Cuándo
Viernes 10, a las 22.00 horas
Dónde:
Teatro Guerra
Cuánto:
22 / 25 euros

-¿La memoria se ejercita mejor en la piel o en las canciones?

-Las canciones son precisamente unas de las 'culpables' de que la memoria se ejercite en la piel. Hablo del poder que tiene una canción o un recuerdo de erizarte la piel, sin que la cabeza lo mande. La piel tiene su propia memoria. Tiene alma y vida propia. Y las canciones consiguen en muchas ocasiones activarla.

-Una artista como usted, siempre unida a una sonrisa, ¿cómo se enfrenta a los tiempos tan convulsos que nos ha tocado vivir?

-La sonrisa es el poder más maravilloso del ser humano. La que derriba barreras, la que nos acerca los unos a los otros... Y sobre todo la que no distingue entre clases sociales, religiones, nacionalidades o ideas. Precisamente la sonrisa es mi forma de gestionar esos tiempos convulsos de los que me hablas, las injusticias, los desastres del mundo, etc. Si nos quitan la sonrisa, ¿qué nos queda?

-Sus conciertos están marcados por una conexión muy especial que se crea con el público. Está claro que usted transmite una energía contagiosa, pero ¿qué recibe por parte de los espectadores?

-Todo. Ellos me lo dan todo. Sin ellos, no tendría sentido subirme a un escenario. Por eso en mis conciertos ellos son los protagonistas. Siempre cuento una anécdota de las primeras veces que me subía a un escenario: a la hora de la iluminación, los técnicos de luces insistían en iluminarme a mí, a la banda... Y yo no lo entendía, porque les pedía que les iluminaran a ellos. Yo quería ver la cara de cada una de las personas que habían venido a verme.

-Si su guitarra aprendiera a hablar, ¿cuáles cree que serían sus primeras palabras?

-Yo creo que me diría algo así como: «No quiero estar sin ti. Si tú no estás aquí me sobra el aire». ¿O quizá es lo que yo le diría a ella? (Risas). Eso sí, ¡espero que nunca me suelte un «¡pa'ti no estoy!».

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