Ángel Pérez Ruzafa: «Pintar es más de lo que uno pinta»

Ángel Pérez Ruzafa, delante de dos de sus obras./Vicente Vicéns / AGM
Ángel Pérez Ruzafa, delante de dos de sus obras. / Vicente Vicéns / AGM

Paisajes llenos de sentimiento, sensaciones y momentos efímeros

PEDRO SOLER

Lleva por título 'Ciento cincuenta y seis mil seiscientos centímetros cuadrados', justamente «la suma de la superficie que tienen los cuadros. Leonardo da Vinci decía que la pintura era la más noble de las artes, porque era capaz de meter tres dimensiones en dos; y la verdad es que, en este caso, el reto no era ya meter tres dimensiones, sino, también, el sentimiento, sensaciones o momentos que son muy efímeros. Básicamente, la exposición está compuesta por paisajes, relacionados con momentos que uno vive y que a uno le impactan por distintas razones: porque crees que no los verás más, aunque repites y repites, por las relaciones profesionales que tienes con el lugar; otras veces, son lugares a los que te gustaría volver, pero nunca lo consigues. También está el paisaje del patio de la casa de mis padres en la playa, el lugar al que siempre vuelves, como un punto de referencia; o paisajes terriblemente efímeros, como los que divisas desde la ventanilla de un tren».

Es la explicación que Ángel Pérez Ruzafa (Murcia, 1958) aporta sobre los óleos -«aunque la acuarela es lo que se me da bien»- que presenta en el Museo de la Universidad. Licenciado en Bellas Artes y catedrático de Ecología en la Universidad de Murcia, reconoce que «meterme en esta exposición era para mí un reto que me planteé. He participado en colectivas y he ganado algunos premios, pero esto ha sido un como un salto al vacío. Cuando uno pinta, siempre tiene la sensación de que le falta mucho camino por recorrer, porque pintar es más de lo que uno pinta. Esto fue lo que me llevó a matricularme en Bellas Artes, donde descubrí que puede que no esté tan mal cuanto haces, porque en la pintura y en el arte caben muchas cosas; pero de quien aprendes de verdad es de los compañeros, de ver cómo pintan y qué es lo que ellos hacen».

Dónde
Museo de la Universidad (Antiguo Cuartel de Artillería. C/Cartagena, s/n. Murcia)
Horario:
de lunes a viernes, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 19.30 horas.
Cuándo:
Hasta el 17 de noviembre.

¿Le bastó con esto para hacerse pintor? «No. Sobre todo, llegas a reflexionar sobre lo que es el arte y qué es lo que diferencia un cuadro cursi de otro que engancha, porque es bueno. Sobre esto he reflexionado mucho. Hasta que terminas descubriendo que quizá lo que haces no está mal, aunque siempre te deje insatisfecho; por tanto, lo que uno necesita también son puntos de referencia».

Reconoce Pérez Ruzafa que «ya soy mayor para tener una trayectoria artística, porque madurar requiere tiempo, que es un factor muy importante; pero, en cualquier caso, me siento satisfecho de haber montado la exposición, porque me mantiene la inquietud de que quizá valga la pena seguir pintando. La verdad es que pintar me ha gustado siempre, pero me fui a Canarias, para estudiar Biología Marina y poder ocuparme del Mar Menor, y porque me gustaba la ecología. Mi profesión es ser biólogo, pero siempre he llevado dentro el gusanillo del arte». Al acabar su etapa de vicerrector de la Universidad, durante cuatro años, «tuve la falsa sensación de que me sobraba tiempo y pensé que era el momento de estudiar Bellas Artes». ¿Es una osadía presentar, a estas alturas, su primera exposición? «Totalmente, porque uno sigue teniendo el pudor de que falta mucho por hacer y conseguir, si se quiere hacer bien las cosas. Por eso he dicho que el tiempo pasa muy rápidamente y uno no podrá llegar a hacer todo lo que quisiera. Otra cosa es que hubiera empezado con tiempo, dedicándote en cuerpo y alma a una cosa». Pero, ¿estará satisfecho? «¡Hombre...! No me hubiese gustado hacer el ridículo, por lo que he preferido ser modesto en mis planteamientos. Yo sé que la exposición era un riesgo para mí, y lo hubiese aceptado si la crítica hubiese sido negativa».

¿Por qué esta exclusiva dedicación al paisaje? «Porque me siento cómodo y me motiva. Pintándolo tengo la sensación de que despiertan los recuerdos de los lugares que he visitado. Crean una atmósfera y un ambiente, que descubren que, detrás del horizonte, siempre puedes encontrar algo nuevo. El paisaje es, quizá, lo que más te mete en un cuadro cuando lo miras. Por esto me tienta tanto». ¿Existe relación entre sus paisajes y la ecología que enseña? «Es inevitable que esas sensaciones que me proporciona el paisaje tengan relación con el sentido ecológico de mi vida, porque se trata de una visión del mundo que tiene mucho que ver con la ecología; pero, realmente, no hay mucha ecología en mis cuadros. Hay más sentimiento puro y sensación de libertad o de estremecimiento, que proporciona estar en un sitio más o menos umbrío y la alegría que se siente cuando tienes frío y te llega un rayito de sol».

Asegura que le gustaría «conseguir más de mi obra, pero insisto en que el tiempo es un factor limitante, mucho más que cualquier otra cosa. Las capacidades se adquieren, pero también requieren tiempo, si se quiere desarrollar mental e intelectualmente cuanto podías haber desarrollado de creatividad o de capacidad de síntesis».

Vivencias apenas apuntadas

Lo efímero de las vivencias es una pauta inevitable. La variabilidad en la obra no es más que la representación de que la vida está hecha de despedidas y rara vez de reencuentros. Todo eso apenas apuntado en ciento cuarenta y seis mil seiscientos cincuenta cm2.

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