Carlos Núñez: «La música celta es una máquina del tiempo»

Carlos Núñez./
Carlos Núñez.

El artista gallego, acompañado por la Banda de Gaitas de Lorca, protagoniza la nueva cita del ciclo Sones Populares

A. F.

Carlos Núñez necesita solamente una respuesta para demostrar una pasión, respeto e ilusión hacia el arte de crear música que no puede hacer otra cosa que despertar la mayor de las admiraciones. Con más de veinte años de trayectoria a sus espaldas, el gallego, considerado uno de los mejores gaiteros del mundo, continúa explorando nuevos territorios musicales, devorando libros y partituras sobre su amada cultura celta, liderando investigaciones destinadas a encontrar todas las conexiones posibles entre melodías e instrumentos de aquí y de allá, y subiéndose a escenarios de todo el mundo para protagonizar conciertos que son, al mismo tiempo, auténticas clases de historia. Un maestro que sigue dejando que aquel niño que soñaba con compartir escenario con sus amados The Chieftains no deje de saltar de entusiasmo tras haberlo conseguido. La fortuna de hacer lo que a uno le gusta y no dejar que el tiempo oxide esa sensación es solamente una de las lecciones que se pueden sacar tras charlar con Núñez. Una conversación que encuentra en este texto su punto final, pero que nunca acaba.

-Escuchando muchas de sus entrevistas y reflexiones a lo largo de los años, tengo la sensación, casi certeza, de que su mente no descansa en ningún momento, que está siempre inquieta tratando de encontrar una próxima aventura.

-La respuesta ya te la has imaginado muy bien. Hasta cuando sueño tengo la mente en permanente estado de ebullición.

-¿Cómo se ha transformado a lo largo de los años su manera de establecer conversaciones con sus instrumentos?

-Es posible que haya cosas que, efectivamente, vas descubriendo continuamente, pero otras, en cambio, son iguales desde el principio. Yo empecé a tocar con ocho años y, a ese nivel, reconozco que lo básico ya estaba ahí. Me impactó cuando empecé, no solo la música en sí misma, sino la energía que brotaba de mi instrumento y la forma en la que la gente que estaba alrededor entraba en trance y sentía una energía especial. Tenía un poder en las manos. Con los años, la vida te va enseñando a hacerte un druida profesional, vas aprendiendo, descubriendo y montando tu propio universo.

-¿La ausencia de límites y fronteras musicales podría ser la clave para entender toda su carrera?

-Sin duda. El núcleo está en una idea basada en buscar las conexiones. Es una filosofía vital y artística que tiene dos ejes muy fuertes; el primero es saber que todo en la vida está interrelacionado. El segundo sería el concepto de la pervivencia. La música celta se basa en la idea de que las cosas no desaparecen, sino que se van transformando, como si hubiera sensaciones y energías, leyendas y tradiciones, que debes esforzarte para que continúen y se adapten a las nuevas generaciones. Por eso, con este tipo de conciertos la gente experimenta cómo es la música celta que hacemos en el siglo XXI, pero también cómo era hace cien años, cuando se mezclaba con la clásica, o en la Edad Media. Creo que, en el fondo, la música celta es una máquina del tiempo.

-Precisamente sobre esas nuevas generaciones quería preguntarle. ¿Qué relación cree que existe actualmente entre ellas y esa tradición musical?

-Yo fui a mi primer concierto porque mi padre me llevó cuando tenía diez años, y creo que esa es la forma de entrar a este tipo de música, a través de tus propias vivencias personales. Rara es la ocasión en la que encuentras otra manera de escucharla, pero cuando cuando cala es para toda la vida, te quedas conectado con ella.

-A lo largo de toda su carrera ha realizado colaboraciones con artistas de la talla de Jackson Browne, Ry Cooder, Ryuichi Sakamoto y Roger Hodgson, pero, ¿hay alguna que le marcara especialmente a nivel musical?

-Sin duda. Verás, yo tuve un problema y es que viví en el paraíso muy pronto y después de eso ya no te impacta nada. Para mí el paraíso fue tocar con mis ídolos, The Chieftains. Los conocí con trece años, actué para ellos con dieciséis, con dieciocho dimos el primer concierto juntos y, después de eso, me llevaron de gira. Recuerdo cuando estábamos en América y, de pronto, un día venían a grabar con nosotros los Rolling Stones, Sting, Alice Cooper, The Who o Pearl Jam.

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