La Masía, punto de encuentro

El comedor del restaurante La Masía.
El comedor del restaurante La Masía. / Paco Espadas

Se ha convertido en un restaurante de referencia en la comarca gracias a una carta variada y a sus arroces al sarmiento

SERGIO GALLEGO

Desde que el restaurante El chaleco no está regentado por sus fundadores, Alhama de Murcia ha perdido una parte importante de su identidad gastronómica. Aunque la nueva gerencia lo haga incluso mejor, que no digo que no, ya no es lo mismo. Sin embargo, por causas y azares, que diría Silvio Rodríguez, de un tiempo a esta parte se ha asentado en la comarca el restaurante La Masía como una de las primeras opciones gastronómicas de la zona gracias a una carta variada y tradicional, algunos platos con cierta originalidad, pescados y mariscos frescos y arroces cuajados al sarmiento. Todo, claro está, a un precio moderado. Bien ajustado.

El servicio de sala es rápido, un poco tosco, pero eficaz al responder a las dudas que surgen de los platos. También muestra empatía con la cocina al intentar justificar algunos detalles de emplatado, como el hecho de servir tres cocochas -en vez de un número par- a la brasa cuando somos dos en la mesa o ante un excesivo punto de sal del arroz y bogavante.

La hueva y la mojama con almendras llegan a modo de tentempié, sin pedirlas y sin preguntar si nos apetece, pero muy bien recibidas. La hueva es de mújol y la mojama con una textura muy parecida a la que ofrecen en El Salazar, en Mula. La alcachofa rebozada y rellena de queso tiene cierto sabor a boquerón, quizás como secreto del relleno, aunque la crema de queso tiene presencia en el interior del crujiente rebozado y en buena parte del plato en forma de cama, lo que enturbia un poco cualquier otro matiz que quiera aparecer. Buen plato.

Mejor aún encuentro la crema de marisco. La sirven fatal en un cuenquecito sin plato alguno que ayude al comensal y con una cuchara de postre, pero con unos tropezones de gamba y calamar, y con un sabor delicioso a pescado y a concha roja, con un puntito de picante. Perfecta.

Aunque las brasas están encendidas solo para los arroces, las cocochas de bacalao las pueden cocinar al fuego. Y merece la pena. El paso del pescado es verdaderamente sutil y el bocado muy recomendable, aunque el emplatado vuelve a fallar poniendo, como decía antes, piezas impares para dos comensales.

Los buñuelos de gulas forman parte de esos entrantes que ofrece el restaurante con cierta originalidad. Vienen acompañados por unos espárragos en tempura con un buen chorrito de nuestro enemigo mortal: el vinagre balsámico en reducción. No podía faltar. Los buñuelos llegan deformes y tostados, invitando al comensal a que los coja con las manos.

Menos agraciada encuentro la ensalada de acelgas, jamón y ñora. Sabores muy potentes que quizá podrían acompañar a un pescado más que tener protagonismo por sí misma. Lo mismo le ocurre al canelón de carne, que viene napado bruscamente por una salsa a base de nata de sabor neutro, lejos de la sutileza que se espera en la mesa.

El arroz y bogavante lo hacen seco. Un espectáculo visual con medio bicho para cada dos personas. El sabor a mar es contundente y la textura del grano perfecta, pero las prisas en la cocina deben de haberle jugado una mala pasada y la dosis de sal parece haber sido duplicada, como poco. Una pena.

De postre, un sorbete -pasaría por helado- casero de mandarinas servido con zumo de naranja al momento, y una tarta de frutas con bizcocho borracho y nata de buen nivel.

En definitiva: excepto errores puntuales, La Masía se ha convertido en un local de garantías y de referencia para los vecinos de la zona y para quienes pasan por Alhama a las horas de sentarse a la mesa.

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