Maniobras de artesano

Jorge Drexler. /
Jorge Drexler.

El artista uruguayo regresa a Murcia para presentar las canciones de 'Salvavidas de hielo', su particular carta de amor a la guitarra

A. FRUTOS

«Somos una especie en viaje, no tenemos pertenencias sino equipaje. Vamos con el polen en el viento, estamos vivos porque estamos en movimiento. Nunca estamos quietos, somos trashumantes. Somos padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes. Es más mío lo que sueño que lo que toco». Y así, con esa mezcla de profundidad y sencillez, poesía excelsa y prosa de arrabal, Jorge Drexler inaugura por todo lo alto su último disco, 'Salvavidas de hielo', uno de esos trabajos que, desde su mismo título, enciende las aceras y pone en pie de guerra a los silencios.

Cuándo:
Viernes 15, a las 21.00 horas
Dónde:
Teatro Circo
Cuánto:
15€/20€/25€

El uruguayo, artista y autor, artesano y experto, novato y maestro de todo, continúa construyendo una trayectoria a la que lo más complicado sigue siendo encontrarle un 'pero', un trozo de piedra en el camino o una pizca de niebla que dificulte la visión del inmenso horizonte. Desde su primer trabajo, 'La luz que sabe robar', publicado cuando la década de los noventa acababa prácticamente de nacer, Drexler se ha convertido en indiscutible partiendo, precisamente, de la humildad y la honestidad sin disfraces ni maquillaje extra. No hay trampa, y mucho menos cartón, en una carrera pausada y celebrada, tan delicada como arrebatadora, tan lejana en su complejidad musical, plagada de investigación y descubrimientos, como cercana en una suavidad que huele a caricia veraniega. De principio y de final. Así, con el inevitable paso de los años, han ido apareciendo discos de una envergadura, en fondo y forma, tan contundentes y maravillosos como 'Eco', 'Bailar en la cueva', 'Frontera', 'Amar la trama' o '12 segundos de oscuridad', su obra cumbre, uno de esos viajes de palabras y melodías inabarcable en su grandeza. A todos ellos, aquí vienen las mejores noticias, ya podemos sumar sin que nos tiemble el pulso a este salvavidas que, se ponga como se ponga su creador, tiene poco de hielo y mucho de calor. Invernal, sí, pero calor, al fin y al cabo.

Un nuevo trabajo que, en su grabación, para la cual solamente se usaron sonidos generados por guitarras, define su esencia. Estamos ante el precioso y emocionante homenaje de un maestro a su eterna compañera, al instrumento que le ha acompañado a lo largo de todos y cada uno de sus viajes y que, imaginamos, no ha sido capaz de engañar en ninguna ocasión. Las cuerdas de una guitarra, el sonido de su madera al golpear los dedos sobre ella, las conversaciones de versos y silencios, los coros que acompañan a lo que ya fue y a lo que vendrá. Todo está resumido en un disco que canta a la tecnología ('Telefonía'); a la actualidad, siempre tan vieja y tan nueva, con la fantástica 'Movimiento'; a la esperanza ('Despedir los glaciares'); a la música, en una 'Abracadabras' en la que se acompaña de Julieta Venegas; del amor ('Estalactitas') e incluso al mismísimo Joaquín Sabina en la deliciosa 'Pongamos que hablo de Martínez'.

Nada sobra y nada falta en otra demostración de virtuosismo calmado, de manejo del aire y los paréntesis, de la paz interior como vehículo para la creatividad y, sobre todo, de respeto, admiración y gratitud al complicado arte de honrar a las canciones. Jorge Drexler sigue sonriendo sin escuchar el ruido del hielo. Todo pasará, claro, y quedarán sus palabras. Una vez más.

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