Casa Valentín, maduración en la costa

Comedor de Casa Valentín, en Los Urrutias (Cartagena)./Antonio Gil / AGM
Comedor de Casa Valentín, en Los Urrutias (Cartagena). / Antonio Gil / AGM

Casa Valentín centra su oferta gastronómica en carnes rojas maduradas, un menú del día y tapas variadas

SERGIO GALLEGO

Dicen algunos vecinos de la zona de Los Urrutias que restaurantes como Casa Valentín se convertirían en un lugar de referencia en el Mar Menor a poco que las playas volvieran a estar en el estado óptimo de baño que abandonaron hace tiempo. Que el fomento del turismo en la zona es fundamental y que sin chupar de la teta del litoral es difícil apostar por una gastronomía de rotación basada en pescados y mariscos. Además de que hay algunos referentes más o menos cerca que ya lo hacen estupendamente y que frenan las pocas iniciativas que puedan aflorar en la zona, lógicamente.

En Casa Valentín han mirado hacia el otro lado. Hacia las carnes rojas, concretamente. Lo que puede parecer un disparate estando tan cerca del mar, cobra sentido en el aspecto de ofrecer al cliente algo diferente sin correr el riesgo de perder el producto por estar demasiado en la cámara. De hecho, es justamente al revés: cuanto más tiempo esté en la cámara la carne madurada, mejor. Siempre hasta un límite, claro está.

El restaurante tiene una terraza para disfrutar de las noches de verano, una barra para tapear algo rápido y un acogedor comedor interior con una confortable combinación de asiento y mesa.

En la sección de entrantes fríos y calientes encontramos algunos altibajos. Por ejemplo, las almejas al ajillo se presentan deliciosas, perfectamente cocinadas, carnosas, jugosas y con un elegante sabor a mar. Luego, el aceite con los ajos fileteados, la guindilla y el propio jugo de las almejas -no parece llevar vino blanco-, ideal para sopar pan en repetidas ocasiones.

La hueva de pellizco con almendras marconas fritas también es un entrante interesante. Evidentemente, no todas las huevas son de la misma calidad y, desde luego, no todas son de la Encañizada del Mar Menor, por lo que depende mucho de la procedencia y del tratamiento que se le dé. En este caso, la sirven partida con la mano o como nosotros decimos: de pellizco.

Encuentro muy interesante el cangrejo de concha blanda con pisto murciano, en lo que considero una combinación de cocina tradicional murciana con productos foráneos de Asia. Merece la pena.

Las alcachofas salteadas con gambas y bacon no pueden fallar. En la cocina se nota que hay tiento, aunque los enrejados a modo de decoración de reducciones de vinagre balsámico deberían olvidarlos o el día que se les vaya la mano pueden fastidiar el plato completamente.

Encuentro correcto el pulpo en vinagreta con ajo y perejil, sin muchos aspavientos, y para retirar de la carta una tostada que me ofrecen como «de foie con mermelada de tomate» cuando se trata de un micuit de pato de muy baja calidad. Y a la croqueta de queso y sobrasada le falta trabajo para que desaparezca el sabor a harina de la bechamel, aunque apunta maneras.

La parte potente de la comida viene en forma de chuletón con veinte días de maduración de vaca vieja gallega -de cinco años- y un huevo frito perfectamente cocinado con patatas caseras y pimientos verdes pequeños. Solo el plato del huevo es más que suficiente para visitar Casa Valentín, aunque es en la carne donde la casa se pone una medalla al mérito. Hecha a la brasa y servida en su punto, confirma la buena calidad de las carnes maduradas del restaurante, al tiempo que corrobora una buena mano en la cocina.

Termino con una rica leche frita, una tarta de queso y un asiático cartagenero. Los tres platos -el asiático es un plato en toda regla- de buen nivel, especialmente la tarta de queso, aunque no me hubiese importado dejar pasar el dulce y sopar un par de veces más en el huevo.

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