Los últimos bastiones

Vista de los astilleros, el puerto, el Arsenal Militar y la ciudad de Cartagena desde el monte de Galeras./Guillermo Carrión/ AGM
Vista de los astilleros, el puerto, el Arsenal Militar y la ciudad de Cartagena desde el monte de Galeras. / Guillermo Carrión/ AGM

En territorio militar se levantan dos reductos libertarios cartageneros con varios siglos de historia, Galeras y Algameca Chica

Pepa García
PEPA GARCÍA

Este fin de semana Cartagena se convierte en 'territorio runner', un título labrado a base de acumular éxitos con la Ruta de las Fortalezas y que este año contó con casi 8.300 preinscritos (solo 3.800 podrán correr este sábado). La carrera, que organizan la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster de la Armada Española y el Ayuntamiento de Cartagena, y que cumple su novena edición, incluye en su itinerario de 53 km. la subida al Castillo de Galeras.

Precisamente esta fortificación es el primer destino de la propuesta de hoy. Construida en el último tercio del siglo XVIII, bajo diseño del arquitecto Pedro Marín Zermeño, y considerada por Carlos III elemento fundamental para la defensa de la que fue, desde 1728, capital del Departamento Marítimo de Levante, desde este emplazamiento partía la muralla de la época que defendía Cartagena, pero, sobre todo, el astillero del que salían algunos de los más poderosos buques de guerra, y también galeras y galeones a resguardo, así como el Gobierno y el Arsenal Militar.

Si dejan el coche en el aparcamiento que hay en la margen izquierda de la rambla de Benipila, al pie de la gran muralla, la distancia que les separa de la puerta cerrada de este castillo de estilo neoclásico español afrancesado son 3,3 km. y el desnivel no sobrepasa los 200 metros. Pónganse calzado cómodo para caminar, vayan preparados para despojarse de ropa si el día es soleado y pongan los tapones de caucho a sus bastones de marcha nórdica, porque todo el itinerario discurre sobre asfalto.

Deben bordear las instalaciones de Navantia en dirección al Faro de Navidad y coger, en la primera bifurcación, el ramal de la derecha, que cerrado por una barrera avisa de que están en territorio militar y advierte de la peligrosidad de recorrerlo en bici. Ambos anuncios son obviados a diario por cientos de cartageneros, que ponen en forma sus cuerpos ascendiendo hasta los 219 metros de altitud de este cerro costero. Por el serpenteante camino, vayan atentos a la vegetación: margaritas de mar, dientes de león, hinojos, esparragueras, campanillas, algarrobos,... Una vegetación que sirve de refugio a bonitas mariposas y también a rechonchos y bien nutridos lagartos ocelados que dejan sus baños de sol para esconderse raudos en los huecos de las rocas en cuanto se sienten amenazados.

Si tienen prismáticos, no los olviden, las vistas de Cartagena y de toda la costa son más impresionantes según se va ganando altura y, junto a las cinco colinas entre las que Asdrúbal levantó Qart Hadasht, hoy casi ocultas por las edificaciones en altura, podrán disfrutar de los perfiles que los cortados dibujan en el mar azul, las infraestructuras defensivas que hicieron de Cartagena un territorio inexpugnable o la agreste sierra litoral que se extiende hacia el suroeste.

Una vez arriba, junto a la puerta de hierro que impide el acceso al Castillo o Fuerte de Galeras, comprenderán por qué el sistema defensivo lo consideró como el último bastión para resistir en caso de ataque y también cómo el movimiento cantonal pudo hacerse fuerte en este edificio con foso y puente levadizo (transformado en fijo con el paso de los siglos) y macizos muros en talud. Protegido por cámaras, el acceso a este BIC está restringido al personal autorizado, aunque, en ocasiones puntuales, algunos afortunados pueden acceder al interior y admirar su enorme patio interior, sus estancias abovedadas, sus cañones y sus baluartes gracias a las rutas programadas por la Asociación de Amigos de las Fortalezas y Castillos de Cartagena y el Ayuntamiento de la ciudad.

Antes de dar media vuelta y comenzar el placentero descenso, sepan que Galeras, además de reducto del cantonalismo, desde el que ondeó su bandera roja teñida con sangre, también sirvió de base naval al ejército republicano durante la Guerra Civil. Desde el mirador cercano a Galeras, pueden ver también el Faro de Navidad, y la que fue la isla de Escombreras, y el Castillo de Fajardo, una plaza fuerte que pueden visitar de regreso. Para ello, solo deben desviarse a la derecha en el primer cruce que encuentren en su descenso y luego continuar por un sendero que da la vuelta al monte de Galeras por el suroeste para llegar a la Algameca Chica, el segundo destino de esta jornada.

En nuestro caso, desandamos todo el camino hasta el aparcamiento inicial y, por la margen izquierda de la rambla de Benipila, nos internamos por pista de tierra hasta el segundo bastión libertario en territorio militar.

La guía

Guía
Deben entrar en Cartagena, mejor por la carretera de Mazarrón y atravavesando el barrio de la Concepción hasta la carretera Algameca, paralela a la rambla de Benipila. Pueden cruzarla por el puente o por un acceso posterior que desciende a la rambla y vuelve a ascender a la margen izquierda, donde pueden dejar el coche.
Recomendaciones
La ruta tiene unos 9 km. de longitud y un desnivel acumulado de 200 m. Es apta para todos los públicos. Para ir a la Algameca Chica, hay una variante que rodea el monte de Galeras desde el norte (una pista parte en la primera curva del acceso al Castillo) y en dirección a las agujas del reloj, primero por pista y después por sendero, y permite visitar también el Castillo de Fajardo. El itinerario pasa junto a la Algameca Chica y concluye en el aparcamiento.

Hijo de la actividad pesquera a la que siempre estuvo ligado el pueblo cartagenero, la Algameca Chica es un barrio chavolista venido a paradisíaco destino estival. Una república libertaria cuyo origen se remonta al último tercio del siglo XIX y en el que lo que en otros puntos del litoral fueron siempre simples cubículos para poner en seco las barcas pesqueras, hasta 110 familias han ido creando sus bungalós de veraneo de arquitectura efímera.

Construido con maderas, chapa ondulada y material de desecho, los vecinos han conseguido crear un bello rincón colorista en el que da la sensación de que los detalles se cuidan al máximo. Papeleras caseras, 'collages' de marinas creados con azulejos, piedras y restos de obras, atractivos murales, miradores en altura ganados al mar y construidos con balaustradas de derribo que desprenden un halo romántico y pequeños embarcaderos que permiten a sus dueños abrirse a una jornada de mar por el estuario de juguete que es esta Algameca Chica.

Con la espada de Damocles del derribo, desde que Costas se empeñó en cumplir a rajatabla una ley que desde 1969 nadie debió saltarse, este más de dos veces centenario asentamiento pelea por conseguir que se considere su singular valor etnográfico como merecedor de categoría BIC para librarlo de la definitiva quema que supondría arrasarlo con la pala. Un deseo loable y que debería ser tenido tener en cuenta, si también se controla que la Algameca Chica no acabe creciendo hasta convertirse en un Benidorm de material de derribo.

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