A la sombra de los olmos centenarios

Vista panorámica de parte de los viñedos del Lagar de Las Puntillas, con los tres olmos y la antigua bodega en término medio y la Sierra de la Pedrera, al fondo. / Guillermo Carrión/ AGM

Los viñedos del Lagar de las Puntillas, creados hace ahora tres años, crecen poco a poco y con mimo al calor de una antigua bodega, levantada en 1889

PEPA GARCÍA

En el paraje de Las Puntillas de Jumilla, un altiplano situado a unos 700 metros de altitud y enmarcado por las sierras de la Pedrera y la Caballera, tras la que repunta la cresta aserrada de la Sierra de la Cingla, y por la Sierra de las Cabras, coronada por gigantes molinos de viento, se encuentran los viñedos del Lagar de las Puntillas. Esta bodega, creada hace ahora tres años, crece poco a poco y con mimo al calor de una antigua bodega, levantada en 1889, a la que dan buena sombra tres saludables olmos más que centenarios. «En esta vega había antiguamente 7 u 8 bodegas, ya solo está esta en producción», recuerda Jesús González Sánchez, gerente, administrador, agricultor y enólogo, 'alma mater', en definitiva, de este lagar.

Conocedor profundo de estas tierras vitivinícolas -desde niño las ha trabajado junto a su padre-, anima a los amantes del buen vino y a los que todavía no lo son a visitar este mes Jumilla y sus bodegas, aprovechando las actividades de la programación Música entre Vinos, que coincide con la salida al mercado de las primeras botellas de esta última cosecha.

Nuestra particular visita comienza bajo el refrescante sombraje de los olmos, donde el Lagar de las Puntillas quiere poner en marcha una pequeña hospedería, un proyecto a medio plazo que exige la restauración del edificio que albergó la antigua bodega y que cuenta hasta con una pequeña ermita dedicada a la Inmaculada Concepción.

El itinerario prosigue recorriendo las tierras de cultivo, que ahora la cuadrilla de trabajo va escardando vid a vid «para quitar el exceso». La uva esta cerniendo, explica Jesús, que significa que «está cuajando la flor» que dará los frutos.

Con 85 hectáreas de cultivo, la mayoría en esta zona tradicional de viñedos que es Las Puntillas, pero también en La Aragona y bajo La Cingla, Jesús González gestiona 300.000 kilos de uva, la mayoría monastrell, pero también syrah, merlot, cabernet sauvignon y garnacha. «Solo hemos empleado 48.000 kilos para la producción de nuestros cuatro vinos. La idea es ir poco a poco, cuidando con esmero el producto», asegura y explica que la altitud del terruño es la ideal para que la maduración del fruto sea lo suficientemente lenta para dotar al vino de mejores cualidades. Además, parte de la producción de uva sirve para proveer a Hijos de Juan Gil, bodega a la que suministra desde hace tiempo y en la que también ha trabajado 14 años.

De camino a la 'joya de la corona', unos viñedos en vaso de monastrell que son pies francos: «En esta zona Norte de Jumilla es en las pocas que quedan porque sobrevivieron a la filoxera». Algunos con más de 80 años de vida, Jesús González explica que en los campos de Las Puntillas todo el trabajo se hace a mano, una práctica que se ha extendido en toda la DO Jumilla desde que la excelencia del vino se convirtió en la meta de todos los viticultores y controlar al detalle cada fase del proceso en la clave para lograrlo. «Alargando la fermentación, el vino sale más aromático», afirma, lo mismo que recogiendo cada racimo en su justo punto de maduración y haciéndolo mimando cada racimo para evitar que sufra.

Ya junto a las ancianas vides, de troncos retorcidos y nervudos y con sus zarcillos lanzados al aire y enredándose entre ellos, a falta de una malla o pared a la que sujetarse, Jesús González afirma que «ya no sé si se seguirán viéndose plantaciones tan viejas como esta. Nosotros tenemos una hectárea y media y nos produce muy pocos kilos (entre 4.000 y 5.000, depende del año); en los años buenos, un kilo y medio por cepa». Jesús añade que la uva que producen las vides más añosas son las que utilizan para hacer su vino estrella, Las Puntillas de Camuñas: su reserva de 22 meses de crianza, entre 18 y 20 en barrica («el vino está vivo y cada uno necesita una cosa», aclara Jesús) y una de las cuatro referencias que tiene hasta ahora la bodega, a las que se suma Jovencico, un cosecha; Supinum, la última creación de la bodega con 6 meses de crianza, y su buque insignia Bonachón, a base de monastrell y syrah y un crianza con 12 meses en roble. Un trabajo esmerado que en el último Certamen de Calidad de los Vinos DO Jumilla recibió su reconocimiento en forma de Medalla de Plata en la categoría de vinos tintos elaborados o envejecidos en barricas, añadas 2015 y 2016.

Ahora ensayan en el Lagar de las Puntillas el cultivo de monastrell en espaldera, pero hasta ahora eran las otras variedades las que crecían así. «Parecen más jóvenes porque el tronco engorda menos, pero estas -dice señalando a unas vides de troncos ridículamente delgados- tienen ya 20 años».

Además, en el Paraje de las Puntillas, Jesús González ya lleva dos años con el cultivo ecológico. Aún en proceso de conversión, todavía no puede incluir el logotipo de producto de agricultura ecológica, pero confía plenamente en que será un valor añadido para los caldos de la bodega, además de contribuir a cuidar las tierras que han dado a su familia el sustento desde hace generaciones.

Ya solo queda probar los caldos, con algo de tapeo 'autóctono' para que no se suban a la cabeza (las típicas empanadillas jumillanas de patata no pueden faltar) y, entre ellos, Jesús saca «una prueba» y se arrepiente de no haber hecho más litros. Es un merlot 'puro' que quita el sentido y endulza la vida. Ustedes, tendrán que esperar a que se convierta en una de las referencias con las que Lagar de las Puntillas espera tener larga vida, tan larga como la presencia de la monastrell en la viticultura en estos parajes, como atestiguan las pepitas encontradas en el yacimiento ibérico del Barranco Ancho de Coimbra.

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