A la sombra del Morrón Grande

Arco de Sigismondi visto desde abajo. / Guillermo Carrión.

Las impresionantes vistas del parque regional desde el arco de Sigismondi, un rincón oculto en la ladera suroeste del techo de Espuña

Pepa García
PEPA GARCÍA

Pese a lo inmensamente popular que es la imagen del arco y el dedo de Sigismondi, en el Parque Regional de Sierra Espuña, el enclave, oculto en lo alto de la ladera del Morrón de Espuña (techo del parque con 1.583 metros), no es uno de los rincones más frecuentados ni conocidos de este espacio natural protegido con alto índice de ocupación. Cuando se aborda su ascensión, se comprende de inmediato el motivo.

Fisionomía icónica de Espuña, la cresta de caliza que corona el monte más alto de esta sierra esconde entre sus verticales paredes el arco y el dedo de Sigismondi, denominados así por los montañeros en honor al primer presidente del Club Montañero de Murcia, que se fundó en 1954, José Luis Villar Sigismondi.

La guía

Cómo llegar
Hay que coger la A-7 en dirección a Andalucía y continuar por ella hasta la salida 598 (Alhama). Siga entonces las indicaciones a Sierra Espuña. Pase el Centro de Visitantes y la Fuente del Hilo, y continúe por la carretera hasta el Collado Bermejo. Allí se puede dejar el coche. La ruta comienza por la carretera que sube hacia el collado Mangueta.
Dónde tapear
Marisquería Mari. C/ Menéndez y Pelayo, s/n. Alhama de Murcia. 695 926 412. Los fines de semana sus especialidades son mariscos y productos de mar: sepia, calamar, letones, cazuelas de gambas y chanquetes, atún de ijada, chipirones, almejas, berberechos... A diario, variedad de tostas. Precio medio: 20 euros.
Recomendaciones
No es aconsejable ir con niños, el terreno es muy resbaladizo (se asciende por una pedriza) y la pendiente es muy acusada. Llevar buen calzado. La ruta es corta pero exigente. Lleven cámara. Y, no olviden los prismáticos, pueden observar águilas reales y otra fauna interesante.

Con la excursión de hoy, corta en longitud pero larga en esfuerzo, alcanzamos una meta fijada tiempo atrás y proponemos, a quienes se animen a abordar este itinerario, el disfrute de un mirador excepcional desde una cumbre que, ocupada por los militares -allí está instalado el Escuadrón de Vigilancia Aérea nº13 (EVA 13) y el Acuartelamiento Aéreo Sierra Espuña-, tiene restringido el acceso al público.

Así que, sin más fin que posar bajo el popular arco calizo y gozar de las infinitas vistas que el curioso lugar pone a sus pies, iniciamos la marcha en el Collado Bermejo, en compañía de Pilar Sánchez y Juan Luis Castanedo. Lo hacemos por la carretera que conduce al collado Mangueta. Primero por asfalto, hasta una curva de casi 180 grados en la que nace la pista forestal -provista de vallas para que no accedan los vehículos- que conduce hacia la Casa de La Carrasca y acerca al Pedro López. No tienen que coger esta pista, sino otra abandonada hoy que nace justo a su derecha y discurre, casi en paralelo, varios metros por encima.

A poco más de un kilómetro de iniciado el recorrido, entre pinos, algunos de ellos caídos sobre la propia pista, tienen que estar atentos a su derecha y verán mojones de piedra que marcan el sendero que les subirá hasta el arco de Sigismondi. La ascensión no es cómoda, ya que discurre por una pedriza muy resbaladiza y con una pendiente que llega a alcanzar el 40% en algunos tramos, pero si enganchan el sendero bueno -al principio muy difuminado y solo distinguible por los mojones y, según va subiendo la ladera, más marcado y claro- la vertiginosa ascensión se hace más llevadera (en apenas 500 metros se superan casi 250 metros de desnivel).

Nada más enfilar la primera y empinada pedriza, un ejemplar juvenil de águila real sobrevuela nuestras cabezas, vigilando a los intrusos que osan irrumpir en sus dominios. Hay que poner toda la energía en superar el tramo sin que las resbaladizas piedras te hagan atrasar más de lo que adelantaste con el paso dado. Después, encaminados hacia el aserrado remate del Morrón Grande, de Totana o de Espuña, el camino se vuelve a hacer más fácil, al pie de los cantiles calizos y entre carrascas que ofrecen una agradable sombra para hacer un alto en el camino y recuperar el resuello.

Seguimos a lo lejos los pasos de un arruí, que nos huye; es uno de los ejemplares de la numerosa población que ramonea los arbustos de este parque y que amenaza especies, como el mostajo y el durillo dulce, bastante escasas pero presentes en Espuña.

Alguna joya botánica

Ya solo queda el último tramo que, tras doblar las paredes, se muestra como un embudo, con el arco de Sigismondi dominándolo. Antes, dejarán a su derecha el Carrerón o Canalón del Diablo, una grieta en la roca que permite cruzar desde la Peña Soleada (en la cara este del Morrón) al dedo de Sigismondi (en la cara oeste) pero obliga a escalar y destrepar.

Curiosamente, cuando se ha superado la última y peliaguda ascensión (otra vez la pedriza complica el camino y obliga a poner todos los sentidos en el empeño), en una de las grietas de las paredes calizas sobrevive milagrosamente del asedio de los arruís un ejemplar de durillo dulce ('Cotoneaster granatensis') y otro de mostajo ('Sorbus aria'), ambos en peligro de extinción en la Región.

Cuando hayan recuperado el aliento, hayan disfrutado del placentero espectáculo que supone disfrutar del infinito horizonte, que los más de 1.500 m. de altitud le ponen a sus pies, haciendo caso omiso a la sensación de vértigo y se hayan fotografiado bajo el dedo y el arco de Sigismondi, posen sus ojos en las rocas y descubran especies rupícolas, como el geranio silvestre ('Erodium saxatile'), de interés especial.

No tengan prisa en iniciar el descenso, además de águilas, pueden ver algún córvido y, seguro, tomando el sol sobre la piedra, algún enorme lagarto ocelado. Cuando por fin decidan regresar a tierra firme, tengan especial cuidado, ya que las resbaladizas piedras les pueden jugar una mala pasada y acabar de nalgas en el suelo. Y no se engañen, aunque menos agotadora que la subida, la bajada también puede ser un rompepiernas.

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