Póquer de manantiales

Alberca de la Fuente de Orihuelo, con amapolas y campanillas en primer plano. / Guillermo Carrión

Refrescante itinerario, para celebrar el inicio del tórrido verano, de fuente en fuente por tierras del Noroeste

Pepa García
PEPA GARCÍA

Para festejar el comienzo oficial del ya tórrido verano, este fin de semana proponemos un refrescante itinerario de fuente en fuente por las tierras altas del Noroeste para disfrutar de sus cantarinas y gélidas aguas, del uso ancestral que se ha dado a estas surgencias y de la vida vegetal y animal que se desarrolla en torno a ellas.

Dominados por campos de secano, en este territorio abundan, paradójicamente, los manantiales -por algo es la zona con mayor pluviometría de la Región-, que han facilitado el establecimiento de las comunidades humanas en su entorno, ya que el recurso del agua ha sido determinante en su presencia desde los primeros homínidos.

El recorrido comienza en la Fuente del Prado, a la salida de El Sabinar por la carretera que une Zaén de Abajo y Zaén de Arriba. Nacimiento oficial del río Alhárabe -aunque son infinidad los arroyos que lo alimentan en sus inicios-, su caudal tributa, junto al Benamor al río Moratalla y es fuente de vida para las huertas de estas tierras.

Protegido de la intemperie por un lavadero al que han dado uso los vecinos de El Sabinar hasta hace bien poco, las aguas cristalinas de esta fuente alimentan un pequeño prado que hoy está habilitado como área recreativa para los sabinareños pero que fue punto de paso y parada del ganado, como testimonia la presencia de un abrevadero. En sus aguas beben hoy las abejas, crían los anfibios y las libélulas desarrollan sus cortejos nupciales para garantizar su descendencia.

Hoy, estas aguas discurren por una acequia, entre los pequeños y escasos huertos, para remansarse en una balsa desde la que se administra y se reparte equitativamente para su uso en unos pocos bancales de hortalizas. Antes debió descender entre la línea de chopos que se conserva justo frente al manantial y en la que enormes tocones son huella del frondoso bosque de ribera que alimentó y que la mano del hombre ha dejado reducido a la orilla misma del arroyo.

Al segundo manantial de este póquer se llega siguiendo la carretera en dirección a Zaén de Arriba, pasada la Rambla de la Leona y el caserío de Los Cantos, y atravesando unos campos plagados de aromáticas, sobre todo espliego, y en los que las amapolas tiñen de rojo grandes extensiones hasta bien avanzado junio. Un coqueto lavadero, que alberga un nido de golondrina dáurica, distingue esta fuente y aprovecha sus primeras aguas. El manantial de Zaén es nacimiento del arroyo del mismo nombre que, antes de dejar caer sus aguas cauce abajo, en dirección al Alhárabe, las reparte también, a partir de una enorme alberca, por las huertas de subsistencia de los vecinos de Zaén de Arriba. Unos huertos que sus propietarios protegen de las bajas temperaturas nocturnas con mini invernaderos domésticos. Luego, el caudal alimenta los verdes -y amarillos, en otoño- caminos de chopos, álamos y nogales que surcan estos campos de secano.

La tercera parada es la Fuente de Orihuelo, un caserío que encontrarán, por la carretera que une Campo de San Juan y Archivel, a la derecha. Deben coger el desvío hacia el restaurante Almonte y, dejándolo luego a la derecha, pasar junto a las casas hasta que la carretera se convierta en una pista de tierra.

Pegado a ella, discurre un pequeño arroyo, rodeado de juncos, rosales silvestres y flores de lino en tonalidades azul y crema. Esta fuente nace entre campos de aromáticas y se remansa en otra alberca, antes de derramarse aguas abajo. Vallada para impedir que la fauna caiga a ella y se contaminen las aguas, esta balsa es un recurso imprescindible para la diversa y amplia comunidad de aves de estas tierras. De hecho, los vivos colores de varios abejarucos llaman la atención desde los cables que usan de posadero, a la espera del próximo insecto-presa.

De regreso a la carretera hacia Archivel y a poca distancia, encontraran a su izquierda Fuente Mellina, otro refrescante remanso de paz con lavadero y alberca, en el que también pueden detenerse bajo sus árboles, pero la parada que completa este póquer de manantiales es la Fuente del Piojo. Antes, cogiendo el Camino Viejo de Archivel, junto al que se encuentran Los Ojos de Archivel, un espacio que en los últimos años se ha alterado mucho, pueden detenerse en la pedanía de Benablón y almorzar en su centro social. Así, tras degustar los embutidos de la zona, regresen al Camino Viejo de Archivel y sigan en dirección hacia Caravaca. A la derecha, distinguirán el acueducto del Martinete de La Chopea, único de este tipo que hay en la Región y que, lamentablemente, amenaza con derruirse en cualquier momento pese a que el expediente de BIC fue incoado hace años y es una construcción de principios del siglo XVIII de la que se conserva, también, buena parte de la casa aneja. Utilizado para la molienda del cereal, el acueducto transportaba el agua desde Los Ojos de Archivel y, tras usarla como fuerza motriz, la derivaba al barranco cercano que desemboca en el río Argos o de La Chopea.

Unos cientos de metros más adelante, encontrarán a la izquierda la Fuente del Piojo, un nacimiento que contó también con una alberca, hoy en desuso, y que vierte al mismo barranco que lo hacía el Martinete de La Chopea. Siguiendo por la misma carretera hacia Caravaca, disfrutarán de un bonito cañón, no obstante, las abundantísimas fuentes de estas tierras altas del Noroeste permiten prolongar la jornada tanto como se quiera. Si lo desean, no dejen de visitar Las Tosquillas de Barranda, cuya historia está ligada a la leyenda de la dama del agua, una joven doncella encantada por el 'alquimista' celoso y vengativo hace siglos (pueden consultar la historia buscando en internet 'Esperando a la dama del agua' y 'La Verdad').

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