El Morrón Chico se viste de gala

Unos excursionistas atraviesan el prado de los pozos de la nieve de Murcia, que se desmoronan a pasos agigantados./G. Carrión / AGM
Unos excursionistas atraviesan el prado de los pozos de la nieve de Murcia, que se desmoronan a pasos agigantados. / G. Carrión / AGM

La naturaleza despierta en los altos de Sierra Espuña, junto a los seculares pozos de la nieve

Pepa García
PEPA GARCÍA

La de hoy es una salida para coronar una de las cimas más altas de Sierra Espuña, un territorio forestal que hoy disfrutamos tal y como es gracias a las labores de reforestación que a finales del siglo XIX se llevaron a cabo, comandadas por Ricardo Codorníu. Para apreciar el éxito de estos trabajos que reconquistaron el territorio pelado y en proceso de erosión que era este céntrico macizo montañoso, nada mejor que ascender al Morrón Chico o Morrón de Alhama.

La ruta parte del collado Mangueta, del aparcamiento situado entre los pozos de la nieve de Murcia y de Cartagena, a la sombra del Morrón de Espuña, reconocible, además de por su altura, por la enorme bola de las instalaciones militares que lo coronan. Se parte en dirección sur, paralelos a la carretera, hacia el Pozo Mangueta (hasta 26 de estos pozos de la nieve están documentados en esta sierra, que llegaron a producir 25.000 toneladas de hielo al año para surtir las necesidades de los habitantes de las principales ciudades). Por la siguiente pista que encontrarán a su izquierda, deben internarse y, pasados los restos del pozo, coger una senda que se bifurca, a la derecha, para ir ascendiendo entre pinos y un sotobosque especialmente florido en estas fechas, y más tras las recientes lluvias: los pétalos lilas del romero florido, los linos azules, y las algaidas cuajadas de amarillo; los llamativos nazarenos y también las flores rosáceas de los cojines de monja han salido a relucir.

El elegante vuelo de un águila calzada inspeccionando el terreno nos recuerda que estamos en territorio forestal, al igual que los excrementos de carnívoros (el primero parece de garduña y los siguientes de zorro). En este primer tramo, el itinerario aborda la ascensión con más pendiente, entre pinos, enebros, retoños de carrascas y sabinas.

Concluida esa primera rampa, aprovechen para tomar aire un espléndido mirador que les sirve en bandeja el Morrón de Espuña, su buitrera y la Tía, una peña vertical en la que se situaba un farol que, encendido, por las noches guiaba a los navegantes, cuenta Manuel Águila, técnico de Medio Ambiente de Alhama.

Peña Apartada

La ascensión continúa otro tramo y lo hace ya sobre las calizas de este macizo que, si siguen los mojones, les lleva hasta la Morra de las Moscas o el Majal de los Puercos. En este altozano tómense su tiempo y observen todo el barranco del Gallego, hoy una tupida masa verde por la que discurre la acequia que surtió de agua al sanatorio de tuberculosos. Destaca al frente, al otro lado del barranco, Peña Apartada, donde crece uno de los mejores carrascales de Espuña. Desde este punto, situado a 1.502 metros de altitud, también se divisan los Morronciquios, de Arriba y Abajo, y hasta Revolcadores, a lo lejos, coronado por una pequeña boina de nubes que se queda enganchada a sus cumbres.

Ahora el camino continúa en dirección al Llano de las Tres Carrascas, una altiplanicie cuyos prados siempre aprovechó en verano el ganado de la zona, hoy casi desaparecido, y que distinguirán gracias a las tres grandes encinas en mitad de un páramo pedregoso, el del lapiaz, cuyas grietas han conquistado lirios y geranios silvestres. Antes de llegar a las carrascas hallarán la senda que deberán tomar a la vuelta y que, al norte de la Morra de las Moscas, les devolverá al collado Mangueta por el prado de los pozos de Murcia. Pero, antes, para llegar al destino de este paseo, deberán pasar por el collado del Piojo, donde nace un barranco que desagua en el del Leiva. Precisamente en esta zona crece una saludable población de arce de Montpellier que convive con cerezos rastreros.

Ya solo queda la última trepada, una pared que se asciende como una escalera y que les llevará directos a la 'garita del belén' -en Navidad instalan uno-, que fue puesto estratégico de vigilancia de Sierra Espuña tras los trabajos de reforestación.

Sus amplias vistas exigen hacer una parada. Las impresionantes paredes rojizas del Barranco de Leiva cortan como un cuchillo el bosque y, sobre todo, los fines de semana se convierten en campo de entrenamiento de escaladores. Al fondo, también se aprecian los Cuchillos del Bosque, al otro lado del oculto barranco de Malvariche. En primer plano, Prado Mayor, antes zona de refugio de mineros y pastores.

Cuando regresen, deberán hacerlo por la senda que encontraron a la ida. Se bifurca a la derecha, tras volver a cruzar el Llano de las Tres Carrascas. Son los primeros tramos de la senda de los Caracoles, en la zona en la que nace el barranco del mismo nombre, pero que han tomado los cada vez más numerosos ejemplares de la invasora población de arruí. Sobre esos prados inclinados han instalado sus revolcaderos y ese uso está erosionando la pendiente y poniendo, poco a poco, en peligro la estabilidad de la ladera.

Ya solo queda bordear la Morra de las Moscas y descender hasta los pozos de la nieve de Murcia, un patrimonio etnográfico y arquitectónico singular que, desgraciadamente y si las autoridades no lo remedian, acabará perdiéndose para siempre más de cuatro siglos después de nacer.

Regresen por la pista, que les conducirá sin pérdida hasta el collado Mangueta, para dar por concluido este estimulante paseo.

LA GUÍA

Cómo llegar
Hay que coger la Autovía del Mediterráneo A-7 en dirección a Alhama de Murcia. Continúen hasta la salida 609 (Totana) y sigan por la MU-502 hacia Aledo. Luego, por la MU-503, se accede al parque y, desde el Collado Bermejo, se sube al aparcamiento del collado Mangueta, punto desde el que comienza la ruta.
Recomendaciones
Lleven calzado apto para caminar por la montaña. Es recomendable llevar prismáticos y cámara para sacar el máximo rendimiento a las amplias panorámicas. La ruta es circular y de unos 7 kilómetros, con un desnivel acumulado de 223 metros Es apta para hacer en familia.

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