La Hoya de Don Gil a ojo de Águila

La ruta con un par

Ascensión sobre el fértil hondón que separa las sierras de las Cabras y Quípar de la de Burete

Vista aérea, desde el Pico del Águila, en Burete, de la Hoya de Don Gil, con la Sierra de Las Cabras (izq.) y de Quípar (dcha.) al fondo. / Guillermo Carrión / AGM
Pepa García
PEPA GARCÍA

Estos días Bullas acoge sus Fiestas del Vino 'Vinarte 2017', una completa programación cultural, etnográfica y enológica que concluye el próximo 7 de abril con una cena maridaje en una bodega de la Denominación de Origen Protegida Bullas. Aprovechando que este fin de semana hay programadas varias e interesantes actividades dentro de 'Vinarte' y que el Mercadillo El Zacatín, uno de los más antiguos de los que se celebran en la Región, llenará de vida y aromas tradicionales la localidad, en la plaza Vieja y la del Castillo, proponemos una excursión para observar uno de los fértiles paisajes en los que crecen viñedos ecológicos que alimentan la DOP Bullas, la Hoya de Don Gil.

Hondón situado entre la intersección de las sierras de las Cabras y del Quípar y la Sierra de Burete, este territorio deprimido ha sido ideal desde antiguo porque su situación le permite recibir las aguas de las sierras circundantes (ricas en fuentes y nacimientos) y las montañas que lo rodean lo protegen de las inclemencias del tiempo. En la finca, propiedad privada e incluida, en parte, en el espacio de la Red Natura 2000 -ZEPA Sierra de Burete, Lavia y Cambrón-, se cultivan cereales, almendros y viñedos, pero también se aprovecha la biomasa de los terrenos forestales y sus recursos micológicos, y es coto de caza. Además, es el epicentro de un proyecto piloto que busca hacer compatible el uso lúdico de estas tierras, su aprovechamiento económico y la conservación de sus valores etnográficos, naturales y ambientales: en estas tierras campea el águila calzada, el búho real, el azor y el ratonero común; pasta la cabra montés y hoza el jabalí, además de otras especies cinegéticas como la perdiz roja, la liebre, el conejo y la paloma torcaz.

La guía

'Entre viñas y piñas'.
Pueden concertar una ruta con visita al Museo del Vino, comida tradicional, visita a la finca Hoya de Don Gil, itinerario guiado y cata de vinos DOP Bullas por el espacio forestal en el 968 706380, a través de la asociación Profomur.
Qué hacer
'Vinarte 2017', Bullas. Programa cultural y enológico que concluye el 7 de abril. Hoy, cena maridaje restaurante Molino de Abajo y Bodega Balcona (21.30 h., 968002241); 1 y 2 de abril; ruta 'Fin de Semana Enológico' (Museo del Vino, Bodega Balcona, cata de vinos, gastro-maridaje, noche en alojamiento rural con desayuno, visita teatralizada a Casa D. Pepe, Bodega La Balsa y Mercado El Zacatín). El 2 de abril: taller juvenil de cócteles a base de mosto en Naturaventura El Romero (gratis previa inscripción en Museo del Vino); y Mercadillo El Zacatín, de 9 a 14 h.

Hoy nos acompaña Francisco Carreño, profesor de la UMU, presidente de la DOP Bullas y uno de los propietarios de la finca, para que subamos a un mirador privilegiado, el Pico del Águila, de la Sierra de Burete para observar, a vista de pájaro, este espectacular entorno. Así que, tengan en cuenta que, para transitar por estos terrenos, es necesario contar con la autorización de sus propietarios, nos recuerda Carreño que hace poco ha tenido que exigir que se varíe el recorrido de la Falcotrail, «que metía 700 corredores por la finca sin pedir ningún tipo de autorización», dice enfadado, y recuerda que, «durante la última nevada, mucha gente estuvo por la finca, haciendo el ángel sobre las plantaciones nuevas de vid y las destrozaron». Ahora, aún en el cuenco que conforma la Hoya de Don Gil, merece la pena disfrutar del contraste de los vivos amarillos de la flor de la albaida, con el intenso y refrescante verde de los tiernos brotes de cereal.

Ya, con todos los permisos y buena compañía, subimos por la pista que asciende hacia el Pico del Águila (entre el kilómetro 8 y 9 de la RM-504). Primero por una amplia pista y después, cogiendo la primera bifurcación a la derecha y la segunda a la izquierda, la pista se transforma en sendero y sube pegada a un ramblizo, junto al que, en apenas 1,5 kilómetros se salvan casi 350 metros de desnivel. Así que, nos lo tomamos con calma, observando el paisaje, la flora presente y los rastros que la fauna deja a su paso, mientras que, disimulando, recuperamos el resuello y nos vamos hidratando cada pocos centenares de metros.

Aún en pleno estado de forma y sin necesidad de tomárselo con tranquilidad, merece la pena hacerlo. El suelo está cubierto de musgos y líquenes favorecidos por la humedad de estas tierras y las recientes lluvias que, reconoce Carreño, han recuperado bastante el nivel freático, favoreciendo que de las numerosas fuentes de la zona vuelva a manar agua, pese a que, cuenta, «construyeron un pozo para surtir de riego una finca que, para más inri, ya lleva tiempo abandonada». Durante el camino, podrán oír la primavera en todo su esplendor, los cantos de los pájaros no dejan de dar ritmo a la excursión, pero, además, vemos la coscoja en flor y también los jóvenes enebros con sus rebrotes recién salidos, las jaras luciendo ya sus pétalos fucsias, también el morado del romero, y el lila desvaído de las diminutas flores del tomillo tiñendo el suelo.

En el bosque, una multitud de enormes pinos carcomidos por el barrenillo ('Tomicus destruens'), esperan que los microorganismos de este hábitat acaben de descomponer su madera enriqueciendo el suelo. Mientras, la coscoja que alfombra la tierra, sin levantar apenas un palmo, aprovecha la ventaja que los claros de estas bajas necesarias en un bosque le proporcionan para seguir creciendo.

Recuperados para abordar el penúltimo tramo, casi una escalera pétrea, se llega a un chaparral, recién podado, cuyos troncos espigados ya permiten pasar bajo ellos. Abundan los excrementos de cabra montés en el suelo, testigos de su abundante presencia. No olviden que están en un coto de caza. Las huellas de los colmillos de los jabalíes, que levantan el suelo en busca de bulbos y otras raíces para alimentarse, se lo recuerdan a cada paso. Justo al borde de la escalera, vuelvan la mirada hacia las sierras de Las Cabras y Quípar, y admiren a ojos de águila el esplendoroso paisaje.

Concluida la observación, iniciamos el descenso en compañía de Paco, que nos recuerda que, a través del proyecto pionero Lands Care, organizan unas rutas que incluyen visita al Museo del Vino de Bullas, almuerzo a base de migas caseras en la finca Hoya de Don Gil, recorrido para conocer los aprovechamientos de la finca (micología, caracoles, panales melíferos, caza, cultivos ecológicos,...) y la jornada finaliza con una cata de vinos de la DOP Bullas.

Este fin de semana, no olviden acercarse a disfrutar del programa 'Vinarte' de Bullas y visitar el Mercadillo El Zacatín, en el que podrán conocer, entre otras cosas, los aromas naturales a través de la destilación de plantas aromáticas, y también las propiedades y usos medicinales ancestrales de estas hierbas.

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