Desde el Castillico del Orihuelo

El cortijo del Puerto, cubierto de nieve, junto a la pista donde comienza la ruta./Javier Carrión
El cortijo del Puerto, cubierto de nieve, junto a la pista donde comienza la ruta. / Javier Carrión

Un paseo con vistas entre las pedregosas y solitarias cumbres nevadas del Campo de San Juan

Pepa García
PEPA GARCÍA

Esta semana la propuesta pasa por prolongar el disfrute de la nieve sin necesidad de salir de la Región. Así que el viaje es a las pedanías altas de Moratalla, a la Sierra de la Pedreguera. En las estribaciones nororientales de la Sierra de Villafuerte, desde sus cimas se otea el Campo de San Juan en toda su amplitud, que esta semana dibuja una estampa de postal tras haber acumulado más de 20 centímetros de nieve.

Dejamos el coche junto a la RM-702, por la que se llega desde Archivel, entre el kilómetro 17 y 18, junto al Cortijo del Puerto (el de la Tía Lucía, por el que se circula para llegar al punto de inicio) y antes de llegar a Fuente Mellinas. Están en un territorio de secano que ha ido conquistando los campos de aromáticas, sobre todo el espliego. Seguramente ya la nieve se habrá retirado de la superficie de los terrenos de la altiplanicie, pero hace tan solo un par de días, únicamente observando de cerca los bancales que se intuían bajo el manto blanco, era posible vislumbrar algunas de las hojas que, dormidas para aguantar las heladas temperaturas, escapaban sobre la densa capa.

El objetivo es subir al Castillico del Orihuelo, un cerro de poco más de 1.400 metros, cuyo topónimo recuerda que antaño debió de haber algún poblado amurallado en su cumbre, quizá de origen argárico, como el yacimiento localizado junto a la cercana cortijada de Orihuelo. Durante el trayecto, y cuando el camino se interne entre barrancos y en la umbría, seguro que todavía queda nieve.

Canto del carbonero

La ruta, de unos 5 km. (ida y vuelta), no es para hacerla con niños ni con ancianos. Comienza siguiendo una pista de tierra que parte bajo el abandonado Cortijo del Puerto, en dirección al Puntal del Orihuelo y del picudo Piedra Garre, sin salirse de la pista.

Cuando la nieve lo cubre todo, la sensación de soledad es inmensa, el silencio se hace denso y solo el carbonero se atreve a romperlo con su alegre canto.

Sobre la nieve, estos días el rastro dejado hace patente la presencia de la fauna en un territorio en el que habitualmente se camufla y esconde para no ser percibida: un grupo de al menos cinco zorros merodea estas tierras llanas y se oculta entre las pedregosas y escarpadas montañas; numerosas liebres han saltado de su madriguera en busca de alimento con el que aguantar estos días, incluso un topillo ha recorrido el margen de la pista siguiendo la línea en la que han aparecido las primeras calvas al manto helado. Todo lo cuentan sus huellas.

Tras algo más de un kilómetro, que les llevará su tiempo si la nieve todavía domina el paisaje y las piernas se les hunden hasta casi las rodillas, verán una señal de límite de velocidad (a 15 km/h) y, en mitad de una curva pronunciada a derechas, que aproxima la pista al Arroyo del Puerto, deben dejar la pista para, por la ladera, descender hasta el lecho del arroyo e ir remontándolo.

Atraviesan un bosque mixto en el que conviven pinos rodenos y laricios, encinas y sabinas negrales, una vegetación que sirve de refugio a una nutrida población de cabras monteses demasiado escurridizas para dejarse ver. El objetivo es acceder a la cumbre del cerro del Castillico del Orihuelo por su vertiente oeste, mucho más accesible.

Ahora que las sucesivas nevadas se han ido acumulando en los numerosos barrancos, ascender entre las agujas y pináculos que la disolución de las dolomías ha ido esculpiendo en el relieve se hace mucho más llevadero, así que aprovéchenlo.

Una vez arriba se encontrarán de frente con los restos de un antiguo muro levantado, sin duda por la mano del hombre, y si siguen hacia el oeste, las vistas serán impresionantes: abajo, el curso de arroyos, ríos y riachuelos se intuye gracias a los huesudos esqueletos de los chopos que jalonan sus riberas. Al frente, se levanta el pico del Tejo y, tras el, los impresionantes cortados del Lanchar de la Cruz preceden a las Cuevas de Zaén, el Chaparral de Bagil y el Puntal de Cárdenas. Por su particular remate, destaca también en el horizonte la Molata de La Fuensanta.

Respire la tranquilidad de este paraje que, con los tejados de los cortijos cubiertos de blanco y en mitad de la estepa helada, deja patente lo duro que llegó a ser habitar estas tierras con un pasado mucho más gélido y níveo que el actual, pero también el placer que los urbanistas pueden obtener en esta visita.

Ya, cuando lo decidan, solo tienen que volver por donde llegaron. No duden en comprar pan en Archivel (no se arrepentirán) y en la plaza del pueblo encontrarán varios bares (El Chita y Plaza) para tomar un refrigerio o algo para entrar en calor, si el frío vuelve a apretar.

LA GUÍA

CÓMO LLEGAR

Hay que coger la autovía del Noroeste (RM-15) hasta el final. Pasado Caravaca de la Cruz continúen por la RM-730 en dirección a Barranda unos 12 km. Luego cojan el desvío hacia Archivel, por la RM-702. Entre el km. 17 y 18, antes de llegar a Fuente Mellinas, cojan una pista que sale a su izquierda, a la altura del Cortijo del Puerto.

RECOMENDACIONES

La ruta es de unos 5 km. Ida y vuelta. Si hay abundante nieve tardarán entre dos horas y media y tres, sin contar paradas. Si no hay nieve, pueden reducir bastante la ruta, aunque el último tramo, bastante escarpado, les llevará su tiempo.

No es una ruta recomendable para hacer con niños ni ancianos.

Lleven calzado de montaña, agua y algún tentempié.

No olviden la cámara ni los prismáticos para disfrutar de las vistas y de la fauna.

DÓNDE COMER

Pan de pueblo. No dejen de comprar pan casero en Archivel. En la calle Larga, que pilla de paso, pueden hacer una parada.

Aperitivo. En la céntrica plaza de la Constitución tienen el Bar El Chita y el restaurante Plaza, donde pueden tapear sin problema. Si prefieren seguir en dirección a El Sabinar, encontrarán, algo más lejos, el Restaurante El Cortijo.

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