Ascensión al Mirador de Las Quebradas

Fuente de la guitarra, primera parada obligada, a poco menos de un kilómetro y medio del inicio de la ruta. / Guillermo Carrión

Remontamos el arroyo de la Celada, en los Calares del Mundo, para disfrutar del bosque mediterráneo y de maravillosas vistas

Pepa García
PEPA GARCÍA

Ahora que el periodo vacacional ha dado comienzo y algunos gozan ya de su merecido descanso estival, les propongo cruzar el límite de las fronteras regionales y trasladarse, en poco más de dos horas, a la provincia hermana de Albacete para disfrutar de uno de sus paraísos naturales: el Parque de los Calares del Mundo y la Sima.

Allí, las posibilidades para disfrutar del bosque mediterráneo y de los cauces de agua son inmensos, por algo este paisaje de alto interés geológico y paisajístico, y rica biodiversidad destaca por los carst -proceso de disolución de las rocas, en este caso dolomías, que da origen a grutas y cuevas-, cauces subterráneos de agua que acaban aflorando a la superficie.

La ruta de hoy se inicia en el cruce de la Aldea de Mesones, en la misma CM-412 (que conduce desde la A-30, pasado Hellín, hasta Riópar). Pasado Fuente Higuera y antes de llegar a Riópar, en el punto kilométrico 205, deben coger a la izquierda por una carretera que enseguida se convierte en pista (justo frente al desvío hacia Aldea de Mesones). Enseguida, en una bifurcación, pueden dejar el coche y echar el pie a tierra para seguir por la pista que hay a su derecha. La ruta (ida y vuelta) es de poco menos de 11 kilómetros y es apta para todos los públicos, aunque deben tener en cuenta que habrán de superar un desnivel de casi 500 metros en la subida. Discurre, prácticamente durante todo su itinerario, pegado al curso del arroyo de Celada, que remonta, así que el refrescante cantar del agua acompaña al senderista casi todo el camino.

La guía

Cómo llegar
Por la A-30, en dirección a Albacete, deben continuar hasta la salida 56 (Hellín Norte / Almansa). Esa salida les conduce directa a la CM-412, que deben seguir unos 70 kilómetros, hasta el cruce de Aldea de Mesones (en el punto kilométrico 205 de la carretera) y, justo para el lado opuesto, está el acceso a la pista donde comienza nuestro itinerario.
Recomendaciones
Lleven calzado de montaña, agua para beber (en el camino hay en abundancia pero nuestros delicados organismos ya no están acostumbrados a aguas sin clorar), tentempié, protección solar, cámara y que no se les olviden los prismáticos. Si tienen, no está demás que lleven calzado que les permita caminar por el arroyo, ya que habrá muchas oportunidades de hacer paradas lúdicas para refrescarse.
Dónde comer
Asador de Leña Emilio. Calle Maestro Galindo Arjona, 9. Riópar. Especialidades: carnes a la brasa, gazpacho manchego, migas, olla de aldea, magra con ajos, sangre frita, oreja... Precio: 39,20 euros (chuletón de ternera a la brasa para dos, ensalada mixta, tinto de verano, café e infusión).

Desde el principio, el denso bosque permite al caminante realizar casi todo el itinerario a la sombra, así como refrescarse cada poco en el arroyo, si el calor aprieta.

Por una pista muy amplia y cómoda, ya desde el inicio podrán disfrutar de un auténtico bosque mediterráneo, en el que, junto a los pinos negrales y laricios, podrán admirar quejigos, encinas de considerable porte, arces menores, algunos olmos y almeces en las zonas con mayor abundancia de agua, y serbales, además de un sotobosque cubierto de gigantescos espinos albares o majuelos.

A poco más de un kilómetro, la pista cruza el arroyo de la Celadilla, que se une al de la Celada y, unos cientos de metros más arriba, encontrarán, pegado al arroyo de la Celada, la Fuente de la Guitarra -conocida así por la forma de la balsa que acumula el agua de este nacimiento, antes de sumar su caudal al arroyo-. En este punto, pueden hacer una refrescante parada, antes de continuar pista arriba, alejándose un poco del camino que sigue el arroyo para luego recuperarlo, pista arriba.

En menos de dos kilómetros desde la fuente y en la segunda curva cerrada a la izquierda de la pista, parte un sendero que les llevará hasta el increíble Mirador de Las Quebradas, una atalaya con vistas a la cara Sur de la Sierra de Cujón, conocida como el Pinar de Prado Yeste -si no lo tienen claro, en la base del tronco de un gran pino hay una piedra con inscripciones y flecha amarilla que les confirmará el itinerario-. Además, a partir de este punto empezarán a ver las marcas blancas y rojas del GR-68 (Circular Sierra del Segura), que deben seguir hasta el mismísimo mirador.

El camino se hace desde este punto más pino, pero también se interna de lleno en el maravilloso bosque y el silencio, solo roto por el canto de los pájaros y los cencerros del ganado, lo cubre todo. Volverán a cruzar el arroyo y llegarán a una zona abierta y cubierta de prados. En este tramo, caminen con cuidado, pues por la zona pasta un rebaño de vacas de tamaño imponente, así que mejor no las molesten, y anden mirando al suelo para no pisar alguna de sus enormes plastas.

Ya sin agua, el arroyo se vuelve a cruzar. Justo en este punto, si siguen hacia la izquierda, como si remontaran su curso por la margen derecha, irán hacia el tejo milenario y la altiplanicie del Calar del Mundo. Nosotros seguimos por el sendero que llevamos. Queda menos de un kilómetro y medio para llegar al punto más alto de la ruta, pero, otra vez, el sendero, que se va estrechando y haciendo cada vez más pedregoso, vuelve a empinarse. Ya solo queda un último esfuerzo antes de disfrutar de la recompensa de las impresionantes vistas.

Aunque arriba, el sol da de lleno, expuesto como está este collado a los fuertes vientos, el calor no supone un problema, más bien al contrario.

En la cara Sur de la montaña, verán, abajo, la aldea de Las Quebradas, que da nombre al collado, y la enorme extensión forestal que se extiende hasta el parque de Cazorla, Segura y las Villas.

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