Ascensión al Cerro del Agudo

La ruta con un par

Las amplias vistas de la Sierra de Abanilla, en el límite de provincia, entre cernícalos y águilas

Vista panorámica de los alrededores del Cerro del Agudo, con la Sierra de Orihuela al fondo. / Guillermo Carrión / AGM
Pepa García
PEPA GARCÍAMurcia

La ruta comienza en Los Vives, una cortijada perteneciente a la pedanía oriolana de La Murada que hoy ocupan, al menos en su mayoría, residentes extranjeros. Ya de camino al punto de inicio de la ruta, destaca el Cerro del Agudo en el relieve del horizonte como un gigantesco colmilllo prehistórico que está situado justo en el límite de provincia entre Murcia y Alicante y que forma parte de la Sierra de Abanilla (LIC).

La impresionante silueta de El Agudo da una idea de los violentos movimientos tectónicos que dieron origen al actual relieve. Ya desde abajo, impresiona su relieve, pero les recomiendo el ejercicio de salvar los casi 500 metros de desnivel en apenas 4 kilómetros de recorrido. El itinerario, circular, es de 8 kilómetros y les permite dar la vuelta completa a este cabezo en unas 3,5 horas de marcha: las vistas desde lo alto son impagables y el itinerario disfrutón.

La guía

Cómo llegar
Cojan la A-7 en dirección a Alicante y tomen la salida de Orihuela. Cojan luego en dirección a La Murada y, pasada esta población, diríjanse por la CV-872 hacia Los Vives. Dejen el coche y echen pie a tierra.
Recomendaciones
Se puede hacer con niños, pero acostumbrados a andar (son 8 kilómetros y más de 500 metros de desnivel) y que sean suficientemente responsables para no correr riesgos innecesarios (hay algún paso un poco más complicado). Lleven agua en cantidad, no hay fuentes por el camino y el calor ya aprieta demasiado para hacer ejercicio sin hidratarse. Lleven gorra, gafas de sol y no olviden usar protector solar si no quieren achicharrarse. Les recomiendo llevar prismáticos (es posible que puedan ver cernícalos y águilas reales) y cámara de fotos para inmortalizar las amplísimas vistas, sobre todo si el día es despejado y sin bruma.
Dónde comer
Mesón Tono. C/ 7 de Julio, 36. La Murada (Orihuela). 966779199. Cierra lunes. Mejor reservar. Menú: De martes a viernes (ensalada, primero, segundo, postre, café y bebida), 9 euros; viernes noche y sábados, 15 euros; domingos, 18 euros. Especialidades: carnes a la brasa y pulpo al horno. Precio medio: 15 euros.

Dejen el coche junto al contenedor que encontrarán en Los Vives, frente al que hay un cartel que marca el inicio del recorrido y da información sobre él. Entre otras cuestiones, tengan en cuenta que este territorio, en el que abundan las canteras (muchas abandonadas), es coto de caza, por lo que no se recomienda recorrerlo entre octubre y febrero que está abierta la veda. Igualmente, en estas tierras campean rapaces protegidas por ser de interés especial, por lo que el cartel, en este caso el que encontrarán en la cumbre de El Agudo, recomienda no realizar la ruta entre febrero y mayo para evitar que se frustren las nidadas.

Siguiendo las indicaciones del cartel, dejen la cortijada a su derecha y comiencen el ascenso, al principio leve y poco a poco más pronunciado, por la pista de tierra. Nada más empezar nos recibe una familia de cernícalos vulgares que entrena en las tareas de caza a sus jóvenes polluelos; se lanzan en picado en busca de presas. Lo hacen de modo alterno y volviendo cada poco a la pared arcillosa en la que parecen haber anidado.

Tierra rica en minerales, son muy apreciados por los aficionados a la mineralogía sus cuarzos azules, y, para los profanos, llaman la atención los brillantes hematites que salpican a cada paso el suelo, incluso los cristalinos yesos. Sin embargo, los expertos destacan ofitas, doleritas, dolomitas, clinozoisitas y aerinitas.

Serán algo menos de 2,5 kilómetros de ascensión por una pista ancha y cómoda que se va empinando a cada tramo y sobre cuyo firme se descubren rodadas grabadas en la piedra, probablemente por el constante paso de carruajes durante siglos de ocupación de la zona.

Tras descubrir de nuevo la impresionante mole pétrea del Agudo al frente, el itinerario entra en una zona de pastizales que la primavera ha plagado de flores. Albaidas, viboreras, amapolas, dientes de león, romeros machos, tomillos..., todos en flor, ocultan entre sus espigados tallos a perdices rojas, zorros, ginetas y tejones que habitan estos parajes. A menudo, descubrirán casetas y refugios de cazadores que les recuerdan que este es territorio vedado al caminante cuando se abre la temporada de caza. Tras un breve descenso, estén atentos a la izquierda para tomar un pequeño sendero que sube hacia la cumbre. Hay un poste con las marcas blancas y amarillas de PR y un mojón de piedras, si lo ven, retrocedan unos pasos para tomar el sendero poco visible que les subirá, sorteando una pequeña muralla de roca, hasta la margen izquierda del barranco junto al que se asciende hasta el último collado.

Al principio de este segundo tramo de la ruta, ya más vertical, la vegetación es sobre todo de espartizales y, según se va ganando altura, se camina entre pinos, primero más escasos y luego más abundantes y rodeados de coscoja.

Ya en el collado, estarán a unos 650 metros de altitud y penetrarán en una vegetación más cerrada, cuya presencia se ve más favorecida al estar en la cara Norte del Cerro del Agudo. Solo quedan por ascender 80 metros más para llegar al pico del llamativo cerro, pero serán 80 metros que se salvan en tan solo 300 metros de recorrido, con lo que encontrarán algún tramo en el que tendrán que gatear para superar el desnivel.

Una vez arriba: respiren, abran bien los ojos y tómenselo con calma para disfrutar del paisaje de 'badlands' reverdecido que se extiende a sus pies; observen toda la cresta de la Sierra de Abanilla, hacia el Oeste, con la Sierra de La Pila un poco más al fondo; si el día es claro y no hay bruma, tras las sierras de Orihuela y Callosa, podrán observar los reflejos plateados del mar, y un poco más al Este, el Parque Natural de El Hondo; y, hacia el Norte, el Hondón de los Frailes.

Acrobacias reales

No se olviden, no obstante, de alzar la vista al cielo de vez en cuando. Para su sorpresa, pueden descubrir al águila real campeando, en caza y captura de una suculenta presa, un espectáculo en el que, en picado, la enorme rapaz se lanza como un piloto acrobático a capturar la pieza.

Llega la hora del descenso, que deberán realizar por otro sendero, señalizado con mojones y que sale hacia el Noreste, siguiendo la cresta. Desciende bruscamente, por una escalera de rocas (tengan cuidado con la piedra suelta para no resbalarse), y sin pérdida hasta una pista de tierra que discurre junto a una plantación de secano (a la derecha de la pista encontrarán un calderón de piedra en el que los ancestros de la zona debieron almacenar agua).

La pista se vuelve a convertir en sendero, esta vez para bajar entre los 'badlands' hasta la pista que, a la derecha, les conducirá de nuevo al punto en que iniciaron el segundo tramo de ascensión. Ya solo tienen que desandar el camino para regresar al punto en el que comenzaron este agradable paseo, después de haberse llenado de energía con la experiencia.

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