Katarzyna Rogowicz: «Todo ha sido borrón y cuenta nueva»

Katarzyna Rogowicz, junto a algunas de sus obras en el Centro Párraga./Martínez Bueso
Katarzyna Rogowicz, junto a algunas de sus obras en el Centro Párraga. / Martínez Bueso

La exposición de la artista polaca recoge ilustraciones de un libro de haikus

PEDRO SOLER

Las ilustraciones de '17. Un triángulo: diseño-ilustración-haiku' son las que Katarzyna Rogowicz (Varsovia, 1971) expone en el Centro Párraga. En realidad, ¿esto qué es? «Se trata de un libro, escrito en un género poético de origen japonés, denominado haiku, que consta de tres versos, sin rima, con máximo de diecisiete sílabas, y que, generalmente, se ocupa de temas de la naturaleza. El libro, escrito por Juan González de las Casas, ha salido a la luz gracias al micromecenazgo de numerosas personas de Murcia, de otras regiones e incluso del extranjero; pero todas relacionadas con el mundo del arte. Yo me comprometí a ilustrarlo porque era un proceso que me llamó mucho la atención. Llevaba tiempo sin poder crear, porque me encontraba en un parón; pero el hecho de que te topes con este libro y poder salir fuera, contemplar la naturaleza y tener tantas posibilidades de estar en calma me pareció tan importante y tan bello que se convirtió en el tema del que prefiero hablar. Ha sido como una vuelta a la intimidad, algo que muchas veces perdemos por circunstancias ajenas a nosotros mismos. Fue como otra forma de crear, más reflexiva, más tranquila y agradable».

¿Resulta fácil interpretar una poesía a través del dibujo? «No. Todo ha sido un reto. Además, el haiku es una poesía muy corta, y en esos versos se dice todo, pero también se puede no decir nada. Podría ser como la pincelada de una cosa grande y también muy íntima. Diría que en el haiku está la esencia, como he querido que suceda con mis ilustraciones, porque no se trata de ilustrar como se suele hacer habitualmente. Es preciso dejar espacio a la persona que crea el haiku, para que lo pueda interpretar».

Dónde
Centro Párraga (C/Madre Elisea Oliver Molina, s/n. Murcia).
Horario:
lunes a viernes, de 9.00 a 20.00.
Cuándo:
Hasta el 4 de abril.

Afirma Katarzyna Rogowicz que su trabajo también ha sido «como una pincelada, pero muy complicada, porque me hizo utilizar una forma de ilustrar más metafórica, algo que no siempre se sabe una explicar muy bien». ¿Por qué se mete en estas aventuras? «Ya he dicho que sentía deseos de crear; pero, además, conocía al autor de los haikus. Me los mostró, me gustaron y me parece que todo ha sido borrón y cuenta nueva. Vi una oportunidad de hacer algo nuevo y rompí el miedo para irme a lo desconocido. Y creo que sí, lo he roto, porque ahora me encuentro plenamente satisfecha. He hecho cuanto he podido por abrir una puerta muy llamativa y muy interesante».

Autoexigencia

No le preocupa a Katarzyna lo que los demás puedan pensar del sentido artístico de sus ilustraciones, porque «siempre he sido muy libre para hacer lo que creído más apropiado. Desde un primer momento, tanto ilustrando como diseñando, nunca ha habido una persona que me encargase lo que tengo que hacer. En el caso de este libro, nosotros mismos fuimos nuestros propios clientes. Era todo como una autoexigencia que hemos mantenido, pero, a la vez, usando toda la libertad para pensar en un formato, selección de papel, características del libro... No todos los diseñadores e ilustradores tienen siempre esa libertad, porque hay que estar pendiente de algo que te imponen. Yo no he tenido imposición de ningún tipo; en todo caso, la que yo misma me he querido autoimponer, unas condiciones por vía propia».

Mientras disfruta de la satisfacción de «vencer un reto, que, al final, se quedó en una respuesta muy placentera, conseguida con muchísima ilusión, delicadeza y cariño», la artista polaca ya piensa en otros proyectos creativos. «Quiero seguir investigando y, de hecho, me estoy interesando mucho por el paisaje natural; incluso investigo ahora el tema del dibujo mezclado con tejido artístico y fusionándolo con obras de tipo urbano, algo de la calle. Es como recoger la primera impresión que me llevo ante la vista de espacios de la ciudad, como el impulso que se recibe de una visión ciudadana».

¿No acaba de hablarme del paisaje natural? «Sí, pero lo que me sucede, en realidad, es que siento añoranza de un paisaje urbano acotado, las calles con sus direcciones, sus ángulos; esa ciudad, que una recorre, en la que parece que el espacio se dirige a ti; pero también se sale de ese círculo y hay una apertura y la posibilidad de ver un horizonte. Yo también he recorrido espacios muy abiertos, subiendo y bajando montañas, momentos que se han convertido para mí en algo interesante, y que quiero plasmar. Pienso, en definitiva, que atravieso un momento artístico, en el que estoy pasando de un encerramiento a una apertura que puede ser mental o, quizá, de abrir mejor los ojos».

Lleva veinticinco años viviendo en Murcia y se ha hecho un hueco importante en el mundo de la ilustración y de las exposiciones. Asegura que su «recuerdo más remoto es pintando paisajes, pero sin salir de casa. Era como un motivo recurrente. Después, mi abuelo era paisajista, y yo me iba con él a pintar al natural. Estoy convencida de que mi entrega al arte viene de ahí, y es algo que ahora estoy descubriendo. Esto es como un viaje más hacia mis raíces».

Plástica y escritura

Con '17. Un triángulo D-I-H (Diseño-Ilustración-Haiku)', Katarzyna Rogowicz nos hace partícipes de la revalorización merecida que en los últimos tiempos está teniendo el dibujo contemporáneo, y de disfrutar, por añadidura, de una nueva fórmula de la química ancestral e inagotable entre plástica y escritura.

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