Farruquito: «No hace falta entender el flamenco»

El bailaor Farruquito. / Raúl Esteve

El bailaor presenta el sábado su espectáculo 'Improvisao' en el festival de San Pedro del Pinatar, que recuerda a Camarón en el 25 aniversario de su muerte

NATALIA BENITOMURCIA

Sobre las espaldas de Farruquito no solo recae la responsabilidad de sostener el legado que le dejó su abuelo, Farruco. El bailaor, que nació en Sevilla hace 34 años, tiene el reto de mantenerse en la cima del flamenco a nivel mundial. Un desafío impuesto por el público y la crítica, que le ha encumbrado.

Días antes de acercar su espectáculo 'Improvisao' a la Región, participando en el XXII Festival de Flamenco de San Pedro del Pinatar, que homenajea al cantaor Camarón de la Isla, el bailaor gitano habla con 'La Verdad' sobre el presente y el futuro de este arte y aprovecha su posición privilegiada para defender el flamenco puro. «Si me gusta el baile contemporáneo, hago contemporáneo; si me gusta el flamenco, hago flamenco; ahora, si lo que me gusta es ir a la moda y formar parte de la tendencia, entonces hago una mezcla entre contemporáneo y flamenco; lo llamo flamenco, aprendo a relacionarme, dejo de juntarme con los maestros que me estaban enseñando antes, le echo un poco de cara y salgo al escenario. Y encima tengo suerte y no paro de trabajar. Ese no es el camino para ser un buen flamenco», asevera Farruquito.

Qué
XXII Festival de Flamenco de San Pedro del Pinatar.
Cuándo
Sábado a las 22.30 horas.
Dónde
Parque de La Aduana.
Entradas
20 y 22 euros.

-Ha pasado un cuarto de siglo desde el fallecimiento de Camarón de la Isla y casi 20 años sin su abuelo, Farruco. ¿Cómo ve el relevo generacional en el flamenco?

«Soy una persona que improvisa mucho. No tengo todos los días una rutina ni para ensayar ni para vivir»

-Comparar los artistas de antes con los de ahora es complicado. El flamenco tiene mucho que ver con la forma de vida. Es una música de historia, de padres a hijos, de pasar la herencia cultural y las vivencias que se tienen en cada familia. Por lo tanto, no se puede pensar en que el artista pueda coger el relevo de algunos de estos maestros como Farruco, Camarón o Carmen Amaya. Pero sí preferimos pensar que fueron únicos en su especie, en su forma de ver y transmitir el flamenco y nosotros lo que hacemos es aprender de todos ellos para poder sentirlo nuestro y tener la personalidad de poder contar algo distinto aunque ya nos lo hayan contado, porque el flamenco, sobre todo, se aprende viviéndolo en casa y en los alrededores, donde uno se encuentra con otros flamencos.

-¿Con qué palo del flamenco se siente más identificado?

-Depende del estado anímico que tenga cada día. Hay días que me siento mejor bailando por alegrías; otros me siento mejor bailando por soleás, porque necesito un momento de soledad conmigo; y otros días me siento a gusto bailando por seguiriyas, porque le permiten a uno desahogarse con la rabia, la fuerza y el coraje de luchar en esta profesión. No tengo un palo que me defina.

-Define 'Improvisao' como «un tributo a los aficionados al flamenco tradicional». ¿Podría explicar esta afirmación?

-Es un tributo al flamenco en sí, pero es verdad que la improvisación es algo que a veces se está perdiendo. Está todo tan cuadriculado que al final no dejan espacio a esta verdad del momento. Aunque tengas el paso ensayado, influye la expresión de ese momento y el paso de ese movimiento cambia dependiendo de lo que te está inspirando el cantaor, el guitarrista e incluso el público.

-¿La improvisación se entrena?

-Totalmente. Un músico de jazz estudia los códigos rítmicos y musicales y luego puede subir a tocar en un concierto con cualquier músico sin tener por qué ensayar el tema entero. Nosotros, los flamencos, funcionamos igual que los grandes músicos de jazz que no se dejan llevar por la partitura. Simplemente está el oído y el conocimiento de toda una vida escuchando cante, viendo bailar y oyendo la guitarra.

-¿Nunca se aburre de bailar?

-Gracias a la improvisación, cada día es diferente y salen cosas que ni siquiera yo sabía que iban a salir. Quizá por eso no me aburro.

-¿En su vida hay lugar para la improvisación?

- Sí. Soy una persona que improvisa mucho. Yo no tengo todos los días una rutina ni para ensayar ni para vivir.

-En su última gira internacional ha visitado Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, ¿Qué publico entiende mejor este arte?

-El estadounidense. Porque está acostumbrado a ver muchísimas cosas diferentes. No solo se deja impresionar por los espectáculos comerciales donde hay un cuerpo de baile de veinte bailarines, músicos y efectos visuales de primer nivel, sino que sabe apreciar cuando un artista trata de hacer un espectáculo por sí solo. No digo que yo lo sea pero, por lo menos, intento conservar y defender el verdadero espectáculo que deja ver la calidad del artista.

-¿Tiene tiempo para ver los espectáculos de otros compañeros?

-Sí. Cada vez que puedo voy al teatro para ver y aprender de lo que pasa.

-¿Qué destacaría del panorama actual del flamenco?

-No me gusta dar nombres pero sí quiero hacer mención a algunos bailaores más desconocidos como José Maya, Pepe Torres o Barullo, bailaores de los que nadie se acuerda que me gustaría que el público conociese. En el flamenco hoy se aprende a comercializar y, sin embargo, hay artistas menos conocidos que son flamencos de verdad, de tradición y no tienen la suerte de que una persona les ponga en el sitio que merecen.

-¿Cómo acercaría el flamenco a la juventud?

-Le diria a la gente más joven que el flamenco tiene muchos mensajes necesarios. El flamenco habla de la familia y la gente joven hoy en día se olvida mucho de esta y se preocupa solo de dónde van a llegar ellos mismos. El mensaje del flamenco es compartir y no competir, ver la vida con una filosofía muy bonita, y es la del momento, la del ahora. No hace falta entender el flamenco para disfrutar de él. Si los jóvenes tienen la oportunidad de ver un buen espectáculo de flamenco, se engancharán.

-¿Qué consejo da a los alumnos de sus cursos?

-Yo siempre les digo lo mismo: lo primero es enamorarse del flamenco. No es suficiente que te guste, tienes que estar enamorado. Porque cuando tu estás enamorado, no eres dueño de tu persona. Esto es necesario para no pensar en cuándo voy a llegar a ser famoso y ganar dinero sino cuándo voy a llegar a ser un buen flamenco. Eso es lo primero. Luego, aprender de todo el mundo pero no imitar a nadie, tener personalidad y llamar a las cosas por su nombre.

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