Al estilo de Pinoso

Los arroces de Casa Herminio, cocinándose al sarmiento, al estilo Pinoso./S. G.
Los arroces de Casa Herminio, cocinándose al sarmiento, al estilo Pinoso. / S. G.

Casa Herminio ofrece un menú con entrantes al centro y arroz seco cocinado al sarmiento, algunas latas de conserva y buena carta de vinos

SERGIO GALLEGO

Encontrar un arroz seco en la Región de Murcia no es fácil. Quizá por este hecho, Casa Herminio se mantiene durante muchos años como alternativa para quienes buscan el estilo de las paellas de Alicante y no hacen el ánimo de coger el coche para ir a Paco Gandía de Pinoso o a Chinorlet, donde se encuentra Casa Elías, considerados dos de los mejores restaurantes para comer arroz de España.

A Casa Herminio le faltan varios detalles como para meterlo en el saco de estos dos referentes nacionales, ya que el comedor, el servicio, la oferta gastronómica y el arroz tienen margen de mejora, aunque es cierto que la intención, el sistema de cuajar los arroces con sarmientos en una capa fina de arroz es la misma de los prestigiosos locales alicantinos. Incluso el sabor se le asemeja bastante, pero los detalles generales y el punto de cocción del arroz, pasado en esta ocasión, ponen tierra de por medio entre uno y otro.

Casa Herminio. Molina de segura

Dónde:
Carretera de Fortuna, km 7.
Precio:
El menú, 33 euros.
Horario:
De lunes a domingo, solo mediodía.
Teléfono:
968 619 816

El comedor es amplio, sin muchos detalles, pero cumple con la familiaridad que engloba toda la experiencia. Al fondo se pueden ver las llamaradas de fuego de la cocina donde se cuajan los arroces y a un cocinero que recibe a los clientes con todo el cariño del mundo para que vean la técnica del estilo de Pinoso. Pero detalles como manteles quemados o los platos seleccionados en el menú antes de que llegue el arroz hacen que le falte un poco a Casa Herminio para que la relación entre calidad y precio lo conviertan en un referente regional. Queso y hueva de maruca con almendras marconas sin rastro de sal, o sea, viejas; canapé de salmón con tostada de pan industrial y sucedáneo de caviar; queso fresco con media aceituna a modo de corona; un tomate rallado acompañado de un buen pan tostado a la brasa; un plato de embutido con una loncha de lomo, salchicha, morcilla seca y salchichón; lomo de conejo frito con ajetes; ensalada -pepino, tomate, maíz, mézclum y aceitunas-; higaditos de cabrito encebollado a la pimienta; dulces de la casa, fruta variada, café, refrescos, cerveza y vino de la casa incluido, además del arroz, completan el menú.

El arroz y conejo con serranas llega a la mesa aún humeando. A mí me luce comerlo desde la paella cuando es seco. En este caso, aunque el punto del arroz se ha pasado de cocción, el sabor mantecoso, elegante, limpio y delicado de cada cucharada hace que busques los rincones más tostados de los bordes de la paellera en unos viajes y los más melosos del centro en otros. En este caso no encontramos un arroz sobreespeciado con romero o tomillo, sino que predomina la suavidad de matices.

Correcto encuentro el conejo con ajetes y el hígado de cabrito, y mejorables el queso fresco, el canapé de salmón, la hueva con almendras y el plato de embutido, platos fácilmente actualizables para ponerlos a la altura de lo que es el arroz del restaurante si no se hubiese pasado un poco de punto.

La tarta de la abuela y del abuelo llegan a la mesa correctas, pero la leche frita que completa el triunvirato de glucosa del menú lleva tiempo reposando en la cámara, lo que resulta bastante desagradable. Sandía, piña, kiwi, melón y uvas para terminar una comida donde el arroz seco es el gran protagonista y la carta de vinos propia de un gran restaurante de la capital por su extensión.

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