Mikel Erentxun: «Escribir canciones se ha convertido en una terapia»

Mikel Erentxun: «Escribir canciones se ha convertido en una terapia»
Sara Santos Castaño

El donostiarra llega a Murcia para presentar 'El hombre sin sombra', un disco en el que canta al amor y al desamor a lo largo del tiempo confirmando su espléndido estado de inspiración

ALBERTO FRUTOS

En 'Cicatrices', una de las mejores canciones incluidas en su último trabajo, 'El hombre sin sombra', Mikel Erentxun entrega uno de esos versos en los que se condensa todo su universo de sensibilidad, honestidad y desnudez artística y humana en el que reside su obra desde hace ya un buen puñado de años: 'No voy a cambiar, no voy a perder, no voy a caer. Me han crecido alas en las cicatrices'. Complicado imaginar una sentencia más transparente, un conjunto de palabras que representen de manera más certera la mirilla desde la que el artista se deja observar, sin miedos o con todos ellos a cuestas, desde la publicación en 2010 del espléndido 'Detalle del miedo', una obra que nos presentaba una versión renovada y emocionante de su forma de escribir y cantar. A partir de ese momento, Erentxun se encuentra abrazado a una musa que parece rimar entre dos océanos, el de la confianza y la melancolía, y que le ha permitido entregar los mejores discos de su carrera en solitario hasta la fecha: '24 golpes', 'Corazones' y el citado 'El hombre sin sombra', una colección de canciones tan pequeñas que terminan haciéndose irremediablemente grandes. Con ecos de Wilco en las guitarras de 'El amor te muerde los labios al besar', de Simon & Garfunkel en 'Dos estrellas', de George Harrison en 'Tienes que ser tú' o incluso de la banda que le hizo grande, Duncan Dhu, en 'Deshielo', Erentxun teje uno de esos discos que nacen de lo mínimo y que redondean su misión con una sencillez que desarma, permitiendo, precisamente, que las cicatrices duelan un poco menos. El otoño que roza con la punta de los dedos el invierno, tímido pero descarnado, le queda de maravilla. Aprovechamos su visita a Murcia para compartir una de esas conversaciones en las que un artista se muestra, además, como un maravilloso interlocutor. Erentxun transmite en el diálogo la misma calma, reflexión y sutileza que en sus canciones. Un auténtico placer.

-Lo primero que le diré es que 'El hombre sin sombra' me parece un disco, por encima de todo, acogedor. En ese sentido, ¿hasta qué punto funcionan para usted las canciones como un cobijo en el que refugiarse del exterior?

Cuándo
Sábado 9, a las 22.30 horas
Dónde
Sala REM
Cuánto
15 / 20 euros

-Me encanta el adjetivo que has usado, acogedor, porque, efectivamente, este disco es mucho más amable que el anterior, 'Corazones', un poco por el contrapunto de las letras. Al final, 'El hombre sin sombra' es un álbum muy conceptual que habla de las relaciones de parejas, del amor y el desamor en relaciones de larga duración, con letras bastante duras que me apetecía que tuvieran una música muy sencilla y acústica, muy digestiva. Y respondiendo a tu pregunta, te diré que sí, especialmente desde hace dos discos, escribir canciones se ha convertido en una terapia, y por eso son dos trabajos autobiográficos. En el caso de 'El hombre sin sombra', me apetecía escribir un tratado, una especie de manual sobre lo que hay que hacer para mantener una relación a flote después de tanto tiempo, como la que mantengo con mi mujer, con la que llevo diecisiete años.

-En el texto que introduce esta entrevista he señalado las que, bajo mi punto de vista, se pueden identificar como influencias sonoras a lo largo del disco, desde George Harrison a Jeff Tweedy, pasando por Paul Simon. ¿Le gusta escuchar mucha música durante el proceso de creación de un álbum o prefiere aislarse un poco y centrarse exclusivamente en las nuevas canciones?

-Siempre he tenido muchas influencias en mis discos. Es más, siempre lo he hecho público. Incluso tuve una época en mi vida en la que apuntaba en los créditos de cada álbum los artistas y discos que me habían influido en aquel momento. Es decir, nunca lo he ocultado, cosa que mucha gente sí que hace y que a mí siempre me ha parecido muy absurdo. Pero, dicho esto, sí que es cierto que 'El hombre sin sombra' es, quizás, el disco con el que menos hemos trabajado con influencias. Mi forma de trabajar muchas veces ha sido la de ir al estudio con un buen puñado de discos y, por ejemplo, cuando tenía una idea que podía sonar un poco a un tema de los Beatles, poníamos esa canción, la estudiábamos y buscábamos la semejanza. Era una forma de trabajar, pero a Paco Loco, productor de mis dos últimos discos, le gusta muy poco. Con 'Corazones' casi no lo hicimos y en 'El hombre sin sombra', directamente, no lo hicimos nada. Por eso, creo que este último trabajo es el que menos influencias obvias tiene. Pero, claro, los artistas que has mencionado son los que más me gustan y los que más escucho, entonces, al final, es inevitable que surjan en las formas y en los gestos de las canciones.

-Además del mencionado Paco Loco, hay otro nombre clave en 'El hombre sin sombra', el de Maika Makovski, cuya voz juega un papel determinante. ¿Con qué intención nace este trabajo conjunto y por qué decidió que fuera ella la encargada de llevarlo a cabo?

-La idea original era que el disco tuviera un contrapunto femenino. No lo había hecho nunca y me apetecía mucho. Una vez tomada esa decisión, hicimos una pequeña lista de voces femeninas que nos gustaban a Paco y a mí, y tuvimos mucha suerte porque la primera era Maika, que aceptó encantada y se entregó en cuerpo y alma. Además, su peso específico en el disco resultó mayor del esperado, ya que no se limita solamente a hacer coros, sino que participó en arreglos de voces y dúos.

-En lo que respecta a las letras, la esperanza es un elemento casi omnipresente durante todo el disco; ¿es el complemento perfecto para la melancolía que desprenden muchas de las canciones?

-Sí, al final en ese equilibrio entre el amor y el desamor, triunfa el amor. 'El hombre sin sombra' es un disco optimista cuya lectura final, aunque tiene pasajes duros, es de esperanza.

-De nuevo sorprende el tratamiento escogido para la voz, más suave y delicado de lo que sonaba en sus dos trabajos anteriores, mucho más cercanos a la crudeza. ¿Se realizó un trabajo específico en este sentido?

-En mi caso, se trata de un tema fundamental. Llevo bastantes discos huyendo de mi voz, probando cosas distintas, buscando texturas y tipos de micrófonos, jugando con efectos. Hasta llegar a 'El hombre sin sombra' y frenar todo eso para volver a cantar de una manera muy natural. Y eso es responsabilidad total de Paco Loco. Yo estaba muy perdido y él me dijo que cantara como soy, que aceptara mi voz. La verdad que he disfrutado muchísimo, me he quitado mucha tensión y he cantado de una manera muy sentida como me pedía cada canción.

-En lo que respecta a las canciones, hay una que, en mi opinión, tiene algo especial que la destaca sobre el resto: 'Libélulas', interpretada con voz, guitarra y muy poquito más. ¿Cómo nace este tema y qué papel cree que tiene dentro del disco?

-Es una de mis favoritas. Me parece una de las canciones de amor más bonitas que he escrito nunca, me encanta, es muy sencilla, pero creo que dice muchísimo. Habla de lo mucho que echo de menos a mi mujer cuando estoy de gira y musicalmente tiene un desarrollo muy Wilco, con ese final un poco loco que surgió de manera improvisada pero que a todos nos convenció. Es curioso porque, durante mucho tiempo, estuvo colocada en todas las quinielas como la última del disco, pero a Paco y a mí nos gustaba tanto que la colocamos en la mitad para obligar a la gente a escucharla, que pasaran por esa locura final y no pudieran evitarla (risas). En directo funciona realmente bien. Además, te confesaré que a lo largo del proceso de grabación teníamos la idea de que el disco se llamara 'Libélulas', porque sabíamos que era una de las canciones importantes.

-Por último, ¿hasta qué punto 'El hombre sin sombra' es un trabajo minimalista? Es decir, ¿cuánto peso han tenido realmente los detalles a la hora de escribirlo, grabarlo y producirlo?

-Muchísimo. Pero aquí es un poco porque, en el principio de los principios, tomamos la decisión de hacer un ejercicio de estilo y grabarlo en ocho pistas y en modo analógico, entonces teníamos unas limitaciones que nos obligaba a tener que elegir muy bien cada arreglo que metíamos. Eso ha hecho, y creo que es positivo, que todas las canciones tengan el tratamiento que necesitan, dándole al disco un sonido muy característico. Así que sí, es el disco más minimalista que he grabado nunca.

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