Eduardo Pérez Salguero: «Nunca soy un pintor serio»

Eduardo Pérez Salguero, ante dos de sus obras.
Eduardo Pérez Salguero, ante dos de sus obras. / Nacho García / AGM

Obras que buscan contar historias, con referencias al cómic y el videojuego

PEDRO SOLER

No recuerda, porque no lo sabe, cómo llegó al mundo de la pintura; pero «como siempre me ha gustado pintar, nunca me planteé otra opción en mi vida, ni fue algo que yo eligiese». Lo afirma Eduardo Pérez Salguero (La Unión, 1973), quien cuelga sus cuadros en el Centro Párraga. La exposición lleva por título 'Over and over again' ('Una y otra vez') y, «cuando surgió la posibilidad, me gustó la idea, el local y quien lo dirige. Por esto quise hacer algo nuevo».

¿Versa, como dicen, de temática antiviolencia? «Más bien, diría que se trata de elementos con los que yo trabajo siempre; referencias a todo el mundo de los dibujos animados y videojuegos y a esos iconos, que tengo como referencias o recuerdos que me remiten a otra época. A partir de esto, ordeno mi trabajo y voy componiendo y sumando, de modo que mis obras vienen a ser referencias que tomo como excusa para contar una nueva historia. Es, en definitiva, lo que yo hago en mis cuadros: contar historias, tratando de captar información sobre la pintura de masas, de los medios de comunicación y de todos esos iconos que nos bombardean continuamente, y que sí hacen referencia a la violencia, implícita o explícita, con la que nos hemos familiarizado». ¿Resulta complicado llevar al lienzo esas historias? «No, porque hago una obra muy narrativa. En mi anterior exposición en Murcia, hace nueve años, toda la temática giraba en torno a referentes de cine y películas de ciencia-ficción. Siempre hago lo mismo: narrar historias a partir de referentes y de recuerdos».

Dónde
Centro Párraga (C/ Madre Elisa Oliver, s/n. Antiguo Cuartel de Artillería. Murcia).
Horario:
De lunes a viernes, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00.
Cuándo:
Hasta el 30 de septiembre.

Si alguien opina que la obra de Pérez Salguero encierra rasgos infantiloides, contesta el pintor: «A mí no me ofende esto. He de decir que, desde luego nunca soy un pintor serio. Intento expresar mis cuadros con bastante sentido del humor. Y, si es por esto por lo que la gente puede decir que mis obras son infantiloides, me parece estupendo. Ni soy serio, ni intento tomarme mi trabajo en serio. Otra cosa es que mi obra sea reflexiva y que tenga un pensamiento detrás; pero siempre intento que tenga sentido del humor». ¿Es que hay que tomarse el arte como cachondeo? «No digo eso, sino que yo nunca me he considerado un artista serio, porque prefiero ver las cosas con humor. Me interesan más los artistas con sentido del humor, aunque también los más serios, más espirituales y más sobrios. Pero yo quiero ver el mundo de la pintura desde un punto más divertido».

¿Ha seguido siempre este camino o se trata de un cambio notable? «Conceptualmente, creo que todo el trabajo de un artista siempre es el mismo. Se enfrenta a los mismos temas y planteamientos, que mantienen una estructura conceptual. Luego, formalmente, varía la persona con el paso de los años y se advierte que las series de obras van cerrando etapas. Vas investigando y de aquí para allá, aunque en el fondo, el trabajo siempre es el mismo: ordenar, contar historias, ir sumando elementos, entretejer...». ¿Hasta qué grado ha llegado su satisfacción personal? «Creo que los artistas, hasta los cincuenta años por los menos, somos todavía jóvenes. Pienso que nunca estaré satisfecho con mi trabajo, ni creo que me deba dar por contento por haber alcanzado una altura; más bien, al contrario, porque, cuanto más se hace, te das cuenta de que menos sabes y entiendes cuánto falta por aprender, por estudiar... La verdad es que nunca estoy contento con lo que hago. No tengo ninguna obra mía colgada en mi casa, ni jamás se me ocurrirá colgarla. Y nunca me quedo mirando un cuadro mío diciendo: '¡Joder que bien me ha salido!'. Todo lo contrario. Y los que tengo en el taller están de espaldas, procuro no mirarlos, porque, al final, solo les ves los fallos. Es cierto que, cuando voy a casa de un amigo y me encuentro con una obra mía, que estaba muchos años sin contemplar, me digo que tampoco está tan mal. De cualquier forma, pienso que uno debe ser muy exigente con lo que hace».

¿Le resulta complicado pintar un cuadro? «No, porque nunca he entendido la pintura como un sufrimiento. La verdad es que me tengo que divertir; por esto, me levanto muy temprano y me encanta ir al estudio cada mañana. Si pintar me resultara algún día un proceso doloroso, no sé qué haría. Creo que ir a trabajar tiene que ser gozoso. Es cierto que me peleo con lo que hago, pero no gana nadie». ¿Qué hará en el futuro? «No tengo ni idea. Seguro que seguiré pintando, porque es lo que quiero y sé hacer. Pintar es como una necesidad para mí. Hace unos años, cuando estuve en Nueva York, tenía un galerista judío. Entonces me enteré de que los judíos no se jubilan. Me pareció algo admirable, y creo que un artista tampoco se jubila nunca. Espero que el tiempo que viva siga siendo pintor».

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