«Cada cuadro mío es como una canción»

José Luis Angulo, delante de varias de sus obras./Juan Carlos Francés
José Luis Angulo, delante de varias de sus obras. / Juan Carlos Francés

Espacios de manchas planas que no dejan indiferente al espectador

PEDRO SOLER

En sus obras se capta «una clara evolución, porque del impresionismo pasé a una pintura mucho más barroca y elaborada, y ahora me enfrento a los espacios vacíos». Por esto, confiesa José Luis Angulo Crossa (Ubrique, Cádiz, 1969), la exposición que presenta en la galería Bisel se denomina 'De vacíos y silencios', ya que se enfrenta a «muchos espacios vacíos, manchas planas que vibran con notas musicales; es decir, que me tomo la obra como una composición musical; y para que exista música también tiene que haber un silencio. Esas notas musicales son otras manchas más pequeñas, de color puro, que vibran sobre el fondo plano, alisado. Considero cada cuadro mío como una canción en la que los espacios vacíos y de silencios se unen con arabescos y notas, que hacen que la pintura se mueva y cree, dentro del espectador, una vitalidad».

¿No dejaría impresionismo y barroco porque suponían un trabajo más dificultoso? «Es cierto que mi anterior pintura llevaba mucho trabajo, pero pensaba que debía simplificarla. Y me di cuenta de que, cuando dices las cosas y las dices de modo diferente, estás diciendo más. La clientela que tenía desapareció, pero apareció una nueva, porque mi pintura de espacios vacíos comenzó a funcionar muy bien, a través de los premios que me concedieron. Me sentía cada vez más seguro de lo que hacía. Yo diría que todo esto es una evolución personal; pero la verdad es que acabar una obra me cuesta ahora mucho más que antes, porque, en primer lugar, las composiciones están más elaboradas. No es que yo vea más o menos riesgo a la hora de concebirla; sí noto que, a veces, estamos enfrentados a la premura del tiempo y no salen las obras como uno quisiera; también veo que, cuando las has hecho de un modo más tranquilo, te parecen mejores. Vivimos en un mundo en el que el reloj nos marca hasta a la hora de pintar, pero abogo por una pintura más reflexiva y pausada».

Dónde:
Galería Bisel (Plaza del Par, 14. Cartagena).
Horario:
Lunes a viernes, de 10.30 a 13.30 y de 17.30 a 20.30; sábados, de 10.30 a 13.30.
Cuándo:
Hasta el 15 de noviembre.

Cuenta el pintor -también ejerce como profesor de dibujo en un instituto de Yecla- que, entre los premios conseguidos muchos son de pintura rápida. «Ahora me voy dando cuenta de que en los certámenes más serios y potentes hace falta una pintura en la que, como en el mundo del toreo, es preciso parar, templar y mandar. Pienso que no puedo hacer una obra tan alegre como antes, sino que debo madurarla, afrontarla con cierta distancia y en la que sea más importante el proceso reflexivo que el de actuar sobre ella. He ido dejando atrás generar obra por generarla, para adentrarme en otra más seria y estructurada en la que las composiciones están más pensadas, y no cansen a la vista. Creo que mis cuadros actuales llegan en silencio y permanecen mucho más en la retina».

Dos de sus temas preferidos son paisajes y bodegones. «Pero hay muchas formas de afrontarlos. El bodegón es un tema muy manido, pero si se contempla en la pintura de Ramón Gaya, se advierte que está cubierto de elegancia y sobriedad. Y a mí me gusta afrontar mis bodegones y paisajes dentro de estas características; de entrada, quizá no terminan de gustar, pero con el paso del tiempo se va viendo que algo hay ahí, como grandes dosis de sentimiento, un proceso reflexivo, silencios...».

¿Se enfrenta a un cuadro con una idea fija? «Parto de una mancha, que me va evocando otras. A veces me sugiere continuar con un paisaje y pinto la línea del horizonte; otras, me sugiere una mesa, que debe tener al lado una silla... Y así voy construyendo: de lo que te va sugiriendo cada mancha. Por esto, no tengo claro hacia dónde quiero ir. Me dejo seducir por esa primera mancha y, sobre todo, por la frescura del cuadro, porque, de no ser así, tengo que dejarlo y empezar otro. En definitiva, diría que me voy guiando por sensaciones». Y añade que «hay ocasiones en las que necesito tener a mi lado veinte cuadros pequeños, en los que empiezo a colocar manchas. Al final, puedes haber pintado los veinte cuadros, pero solo consideras que uno merece la pena. Creo que lo más importante es dejarse llevar, sin saber cómo será el final del cuadro».

Llegó a esta metodología a través de los concursos de pintura rápida. «Me ponía a pintar pero, a lo largo de la mañana, me iba dando cuenta de que yo iba moviendo el cuadro con manchas amplias. Era entonces cuando me olvidaba del castillo o el paisaje que tenía que pintar para ese concurso. Me iban surgiendo cuadros muy diferentes, en los que me daba cuenta cómo ampliaba esas manchas y las posibilidades que podían brotar. Buscaba el camino más idóneo para culminar mi cuadro, independientemente de que se pareciese a lo que tenía delante. Antes iba al color seguro; ahora, creo que me quedan las obras con mucho más empaque, y veo la pintura como una búsqueda de un lenguaje muy personal».

Más

Temas

Gps

Fotos

Vídeos