El círculo vicioso que atrapa al ser humano

El elenco de 'Tres hermanas', con su sencilla puesta en escena./
El elenco de 'Tres hermanas', con su sencilla puesta en escena.

NATALIA BENITO

En 116 años, algo hemos evolucionado, sí. Hemos conseguido llegar a la Luna o la cura para graves enfermedades. Por no hablar de Internet. El hombre puede ser capaz de presionar un botón y lanzar un bomba atómica que cause millones de muertos inmediatos y sin embargo, seguirá sin saber cómo reaccionar ante un ser humano y perdiendo el sentido cuando se enamora.

Por ello, porque en muchos aspectos seguimos siendo iguales, la obra del dramaturgo ruso Antón Chéjov 'Tres hermanas' continúa tan vigente como el primer día. Para ayudar a comprobarlo, la propuesta dirigida por Raúl Tejón elimina en su montaje los elementos que puedan denotar temporalidad o espacio geográfico.

Dónde
Teatro Romea. Cuándo El domingo a las 19 horas. Entradas 15, 18 y 20 euros.

Son Raquel Pérez, Ana Fernández y Silvia Marty las tres mujeres, hermanas, que protagonizan esta historia. Ellas, nacidas en Moscú, son trasladadas a una ciudad de provincias tras la muerte de su madre. Una ciudad donde no pasa nada, absolutamente nada, y que se convierte en una tumba en vida para las tres. Dos de ellas pasan allí la adolescencia, y la tercera la infancia, viendo cómo sus vidas se consumen tratando de frenar el aburrimiento.

En el escenario, desnudo, donde incluso uno se puede imaginar que los actores están ensayando más que representado una obra, se encuentran también otras caras conocidas como Chema Trujillo, Fernando Albizu o Carles Francino. Ellos crean lo necesario para transportar a las butacas la reflexión que buscaba Chéjov: ¿Para qué vivimos? ¿Cuál es la razón de todo este sufrimiento? ¿Somos nosotros los culpables de vivirlo o hay un plan que desconocemos que nos hace pasar por todo él?

Así habla esta adaptación de la incapacidad del hombre para evolucionar en cuanto a la conciencia que tenemos de nosotros mismos. El amor como fuente de grandes sufrimientos, por un lado nos hace estar vivos y por otro, también desdichados.

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