Josele Santiago: «Cada canción nueva es una puerta que se cierra»

Josele Santiago: «Cada canción nueva es una puerta que se cierra»
Alex Rademakers

El artista madrileño se presenta en la Región con 'Transilvania', su nueva y excelente aventura en solitario

ALBERTO FRUTOS

Empecemos por las conclusiones, aunque solamente sea para llevar la contraria al orden establecido. 'Transilvania', el nuevo trabajo de Josele Santiago, es uno de los mejores discos en castellano publicados en este 2017 que ya tiene las horas contadas. Tres años después de resucitar con 'Vida inteligente' a Los Enemigos, la banda con la que durante los ochenta y noventa demostró su estatura como compositor brillante y genuino, de marcadísima personalidad, el madrileño retoma la senda de su carrera en solitario con una de esas obras que se filtran en la piel, escuecen en los huesos e inundan el pecho hasta hacerlo explotar de calma y furia. Desde la excelsa 'Un guardia civil' hasta el desenlace desnudo y machacado que protagoniza 'Sonia', Santiago, apoyado en una producción cinco estrellas de Raúl Fernández 'Refree', deslumbrante en su delicada invisibilidad, desenfunda las mejores armas de su talento. Poesía de callejón adicto a la madrugada, reproches con espinas, marcapasos que retan al hielo, historias que se escriben hoy pero se podrían haber firmado ayer o terminar mañana y una voz inconfundible marcando el paso. Doce canciones como doce lunas quebradas y elegantes, equilibristas y suicidas, temerarias y valientes. Ya desde su portada, con el artista observando la nieve que le rodea, 'Transilvania' se presenta como un amigo con el que compartir las ventiscas que estén por venir. Y así hablamos con él, con la cercanía y la tranquilidad que ofrece un tipo que ha sobrevivido a todo sin olvidar las cicatrices por el camino. ¿Lo mejor? Todas ellas siguen peleando por convertirse en canción. Josele Santiago, al habla, lo explica mejor desde el otro lado.

-¿Listo para escuchar que 'Transilvania' es el mejor disco de tu carrera? A mí, desde luego, me lo ha parecido.

Cuándo
Viernes 3, a las 21.30 horas Dónde: Auditorio Regional Víctor Villegas Dónde: Auditorio Regional Víctor Villegas Cuánto: 20 euros

-Muchas gracias, eres muy amable. Yo no sé si es el mejor, pero desde luego estoy muy contento con él.

-¿De qué manera han influido tus cuatro discos en solitario previos a la hora de dar forma a este nuevo trabajo?

-No lo había pensado nunca, es una pregunta muy curiosa e interesante que no sé muy bien cómo responder. Supongo que la mayor influencia que uno tiene es su propia obra, pero a la vez es consciente de que debe intentar renovar su discurso para no repetirse. No sé. Cada canción nueva es un triunfo, pero también supone una puerta que se cierra. Creo que lo mejor es centrarse en escribir las canciones lo mejor que uno buenamente pueda, sin tener muchos miramientos ni con el pasado ni con el futuro. Las canciones son las protagonistas indiscutibles de esta historia.

-En términos de producción y tipología de canción, ¿crees que 'Transilvania' es tu disco más clásico hasta la fecha?

-Bueno, supongo que depende de lo que consideres clásico. Grabé mis primeros tres discos en solitario en riguroso directo porque pensaba que era la mejor manera de que las canciones respirasen. Estaba obsesionado con eso. A partir del cuarto, 'Lecciones de vértigo', me voy dando cuenta de que no es la única manera. Me decanto por trabajar la voz al final y no tengo reparos en meter 'overdubs', siempre muy pendiente de dejarles aire a las canciones para que caminen con naturalidad. Hace ya tiempo que escribo las canciones sin pensar en estilos y pensé que iba siendo hora de trasladar esta filosofía al estudio de grabación. No acometo una grabación sin tener las canciones terminadas, pero procuro entrar al estudio con la mente abierta a las sugerencias de los músicos y el productor. Me encanta que me sorprendan, aunque, naturalmente, la última palabra la tengo yo. Es mucho más divertido y enriquecedor así. Lo que me interesa es que las canciones salgan ganando del estudio.

-De nuevo las letras son uno de los puntos fuertes del disco, una constante por otra parte a lo largo de tu carrera. ¿Qué es más complicado, encontrar las palabras exactas o dar con la melodía más precisa?

-A mí me dan muchos más quebraderos de cabeza las letras. También le doy muchas vueltas a la estructura de la canción, puede que demasiadas. Las melodías son cositas que me salen a veces jugando con la guitarra y voy guardando por ahí en una especie de lista de espera hasta que doy con la letra adecuada para cada una.

-¿En qué punto se encuentra tu relación con tu voz? En 'Transilvania' te he encontrado especialmente cómodo en este ámbito, saboreando cada sílaba, disfrutando.

-Bueno, después de la operación de pólipos a la que me sometí justo antes de grabar 'Vida inteligente' con los Enemigos he trabajado mucho la voz y creo que se nota bastante. Sigo con ello y si grabara las voces ahora se notaría más todavía. Afronto el trabajo vocal mucho más relajado, y sí, disfrutando mucho.

-Me gustaría hablar de algunas canciones de forma más específica. 'Saeta', por ejemplo, se distancia del resto de sus compañeras de una manera bastante sorprendente. ¿Qué crees que aporta al conjunto un tema de estas características musicales?

-En realidad se trata de una canción muy clásica en cuanto a estructura. Ya lo ves: estrofa / estrofa / estribillo / estrofa y doble estribillo. Y la melodía tampoco es que sea muy marciana. Podríamos haberla tratado de una manera más estándar, pero la letra es tan cabrona que nos empujó a ir un poco más allá. A mí me recuerda bastante a los Stranglers, que es una de mis bandas punk favoritas de todos los tiempos.

-En otros temas, como 'Sonia' o 'Ángel' se escucha poco más que una guitarra y tu voz, es intimidad pura y dura. ¿La intención era tratar de captar la esencia de un escenario dentro del estudio?

-Más bien se trata de dar a las canciones lo que necesitan. Algunas parece que lo que te están diciendo es que no las asfixies, que ya se apañan solas.

-Por otro lado, tenemos 'Prestao', con sus guiños bailables y su esencia casi yeyé. ¿Nació así o se fue transformando en el estudio?

-Esta venía así de casa. Se trata de unos acordes muy usados en la música popular brasileña y desde un principio quise darle un tratamiento un pelín sofisticado, como de guateque. Ahora, a esto, lo llaman 'lounge'. El tratamiento recuerda mucho al pop americano de los setenta, Todd Rundgren y cosas así.

-Mi canción favorita del disco, 'Déjame sufrir', parece toda una preciosa declaración de intenciones a favor del pesimismo.

-Más que en el pesimismo, que efectivamente es algo consustancial en mi manera de pensar, me quise centrar en el victimismo. Esas reuniones de amigos en las que cada uno se emperra en dejar claro que sufre más que los demás. Hay una parodia de los Monty Python maravillosa al respecto. Trata también de la cortina de humo que supone un problema ajeno respecto a los propios y del trauma que se produce al desaparecer aquel y volver a quedar estos a la vista. Nostalgia del infierno, podría llamarse.

-En ese sentido, ¿puede una melodía amable, casi tierna, detener la hemorragia y rabia que brota de la letra de una canción?

-Bueno, a veces es más efectivo tratar la rabia así, con una melodía inocentona. Resalta por puro contraste. Que se le pregunten a Ray Davies o a Randy Newman.

-¿El tiempo siempre termina convirtiendo el drama en comedia?

-Yo creo que no. Mi experiencia me dice que, desgraciadamente, hay heridas que no acaban de cicatrizar nunca.

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