José Ignacio Lapido: «El arte es capaz de transformar el dolor en belleza»

José Ignacio Lapido./
José Ignacio Lapido.

El granadino llega a Murcia para presentar 'El alma dormida', un nuevo trabajo con el que suma un nuevo triunfo a una carrera para enmarcar

ALBERTO FRUTOS

La manía, que siempre es mucho peor que la costumbre, hace que sea casi obligado situar a José Ignacio Lapido en la segunda fila del mejor rock en castellano. De ser así, aquí un voluntario para descender las veces que haga falta. Guitarrista de los esenciales 091 durante la segunda mitad de la década de los ochenta y la primera de los noventa, etapa a la que hay que sumar su aplaudida resurrección temporal el pasado año, y con una carrera en solitario repleta de discos imponentes, redondos e imprescindibles como 'En otro tiempo, en otro lugar', 'Formas de matar el tiempo' o 'Cartografía', su mejor trabajo hasta la fecha, el granadino es un gigante acostumbrado a vivir en las sombras de la repercusión mediática. Pero, mientras llueven los flashes tras las ventanas, los gritos ensordecedores funcionan de banda sonora del vacío y los aplausos se entregan al mejor postor, Lapido continúa haciendo lo que mejor sabe, construir canciones casi perfectas en las que las melodías de guitarras atemporales se adaptan como un guante a las palabras de uno de los mejores letristas de nuestra música. Su nuevo disco, 'El alma dormida', supone un nuevo viaje al mismo centro de un artista que ha sacado a relucir la inspiración para inyectar nuevos clásicos a su repertorio del nivel de '¡Cuidado!', 'Mañana quién sabe', 'Como si fuera verdad' o 'La versión oficial', canciones que representan perfectamente la personalidad y el talento de su autor. Lapido continúa pisando con pies de plomo las arenas movedizas, removiendo la caja de cerillas que todos guardamos dentro, marcando la ruta con banderas de sudor y lágrimas. Es uno de los nuestros, y en ese lado de la batalla no existen filas ni divisiones que valgan. A continuación, charlamos con él sobre su nuevo disco y las inquietudes y objetivos que rodean a esta nueva etapa de su carrera.

Cuándo
Sábado 25, a las 22.30 horas
Dónde:
Sala REM
Cuánto:
15 /19 euros

-Llevo varias escuchas del disco y lo que más me ha sorprendido, y lo sigue haciendo, es la seguridad que transmite, el equilibrio entre el fondo y la forma. ¿Se ha sentido especialmente cómodo durante la composición y grabación de este disco?

-No dudo de tu percepción, y te la agradezco, pero tal vez comodidad y seguridad no sean las palabras más adecuadas. El proceso creativo tiene algo de agónico. Siempre que compongo y grabo me sumerjo en un estado de lucha interior que es más bien desasosegante. Hay que tomar decisiones que van a perdurar toda la vida y uno nunca está seguro de acertar. Uno va buscando una perfección que realmente no existe, y eso te crea malestar y frustración. Tienes el mapa del tesoro en tu cabeza, pero luego resulta que no es tan fiable como pensabas. Es verdad que al final, cuando se acaba el proceso de grabación, sientes una extraña felicidad si, como es el caso, todo ha ido razonablemente bien. Creo que he conseguido una gran colección de canciones y hemos logrado darle la forma adecuada. Pero no ha sido fácil de conseguir. Nunca lo es.

-¿Se pusieron muy peleonas las letras de este disco? El nivel literario que demuestran, una vez más, vuelve a estar a la altura de muy pocos artistas de este país.

-Muchas gracias. En mi caso es al contrario que el famoso refrán, 'La letra con sangre entra'. Mis letras salen con sangre. Como los alumbramientos. Me cuesta cada vez más conseguir completar la parte lírica de cada canción. He escrito muchas a lo largo de todos estos años, y uno no sabe ya dónde buscar las palabras adecuadas. El caso es que al final acaban saliendo y cuando eso sucede se te dibuja una sonrisa beatífica en la cara, como diciendo, 'lo he conseguido una vez más, pero me he salvado por los pelos'.

-Hablando de letras, tengo curiosidad por saber quiénes son sus escritores esenciales, quiénes han ejercido y ejercen una mayor influencia en su obra.

-Hay demasiados como para nombrarlos a todos aquí. Digamos que el oficio de escribir canciones comparte con la literatura escrita muchas cosas, pero es algo distinto. Un escritor de novelas, ensayos o poemas, por ejemplo, sabe que lo que ha escrito va a ser leído, pero un escritor de canciones sabe que la letra va a ser escuchada, unida a una melodía. Y tienes un tiempo limitado para expresarte, un tiempo que ronda los tres o cuatro minutos, así que tienes que hacer un ejercicio de condensación importante. Pero para no irme por las ramas, volviendo a la pregunta, escritores, llamémosles literarios que han sido importantes para mí, San Juan de la Cruz, Kafka, Raymond Chandler y Borges. Y escritores musicales, Dylan, Chuck Berry, Joe Strummer, Cohen, Lennon...

-Su estilo en solitario se ha relacionado siempre con los sonidos del rock americano de corte clásico, si es que existe mucha diferencia entre ambos, pero en 'El alma dormida' también encuentro muchos ecos y matices de sonidos británicos, especialmente en temas como 'Enésimo dolor de muelas' o 'Estrellas del Purgatorio'. ¿Ando muy desencaminado?

-Lo cierto es que el sonido británico de ahora no sé cuál es. Lo sabía en los años 60 y en los 70, incluso en los 80. De ahí salieron grandes bandas que me han influenciado desde que empecé. Pero, por ejemplo, una de mis bandas de referencia son Dr. Feelgood, de Londres, más concretamente de Canvey Island. ¿A eso se le llamaría ahora sonido inglés? Apuesto a que no. O por irnos un poco más lejos, ¿se le llamaría 'sonido británico' a Humble Pie, a Faces, a The Pretty Things, a Cream o a The Animals? Creo que no. Ni siquiera los Sex Pistols o The Clash entrarían en esa categoría ahora, teniendo en cuenta que son bandas tan mediocres como Coldplay las que parten el bacalao.

-Sin querer entrar demasiado en el terreno personal, ¿cómo afectó al proceso de composición de las canciones de este disco el reciente fallecimiento de su madre?

-La mayor parte de las canciones estaban escritas antes de la muerte de mi madre, incluso antes de empezar la gira de los 091. En el año que estuvimos girando me dio tiempo de escribir alguna que otra más que no estaban previstas en las primeras maquetas, y alguna de estas últimas, como 'Lo que llega y se nos va' o 'No hay prisa por llegar', sí están escritas a raíz de la muerte de mi madre. De hecho, el título del disco está tomado de las 'Coplas a la muerte de su padre' de Jorge Manrique. Había una similitud temática entre el poema clásico y esas canciones que hablan de la fugacidad del tiempo y de la pérdida de los seres queridos.

-Frente a este tipo de experiencias, ¿el arte funciona mejor como duelo o como método de evasión?

-El arte, en mi caso, sirve para expresar sentimientos que a lo mejor no expresaría de otra forma. Trato de sacar mis demonios interiores haciendo algo tan vitalista como cantar o tocar la guitarra. Lo cierto es que el arte es capaz de transformar el dolor en belleza.

-El regreso el pasado año de 091 tuvo mucho de revancha y, al mismo tiempo, de reivindicación. ¿Al final vamos a tener que empezar a creer en las segundas oportunidades dentro de la industria musical?

-Aquí la industria musical ha tenido poco o nada que ver, tenía a los 091 metidos en el cajón del olvido. Fue cuando anunciamos la gira y con el revuelo que se organizó cuando la industria musical empezó a interesarse en reeditar nuestros viejos discos, descatalogados hasta entonces. Esto ha sido una historia nuestra y de nuestros seguidores. Una historia de amor incondicional que ha sobrevivido en el tiempo. Estuvimos 20 años muertos y el año pasado resucitamos con muy buena salud. Tan sencillo como eso. Y tan milagroso.

-¿En qué punto de su carrera sintió que había encontrado una voz propia?

-Bueno, mi carrera es muy larga, tal vez demasiado. Yo empecé a grabar en 1981, así que hazte una idea. El primer disco del que estuve satisfecho casi al 100% fue 'Doce canciones sin piedad', del año 89. A partir de ahí ha habido discos mejores y peores, pero creo que todos han tenido una voz propia en cuanto a la composición de canciones. Cuando empecé mi carrera en solitario, en el 99, ya venía entrenado en ese trabajo. A partir de ahí lo que hay es una continua búsqueda de la perfección, que como te comenté antes, no existe. Seguimos en ello.

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