Arroz y caza

Una de las suculentas paellas que sirven en La Perdiz, en Sierra Espuña./LV
Una de las suculentas paellas que sirven en La Perdiz, en Sierra Espuña. / LV

En el corazón de Sierra Espuña se encuentra La Perdiz, un restaurante con garantías en arroces a la leña y con carnes de jabalí, ciervo, perdiz o chato murciano

SERGIO GALLEGO

El restaurante La Perdiz, situado en plena Sierra Espuña, es conocido por sus arroces, por sus carnes de caza y por dar un servicio de calidad acompañado de un precio muy ajustado. De hecho, con la llamada telefónica que realizo para hacer la reserva ya se puede observar parte de este encanto, cuando el propio cocinero propone con ilusión que el arroz que le encargo de costillejas y verduras lleve además unas setas.

En la carta encontramos varios arroces: con conejo, con pollo, de costillejas, con verduras, mixto, de conejo y caracoles y con setas, y, como digo más arriba, con cualquier combinación que se les ocurra y que esté disponible entre los ingredientes citados. La paellera llega en su punto justo de cocción, sin arrebatar, y con una gran cantidad de tropezones. La capa de arroz no es muy fina, como suelen servirla en Alicante, sino que tiene unos dos dedos de grosor, por lo que estamos ante un arroz meloso y no seco.

La perdiz. Alhama de Murcia

Dónde:
Sierra Espuña, s/n.
Precio:
Unos 25 euros por persona.
Horario:
Solo mediodía. Cierra miércoles y jueves.
Teléfono:
968 431 060

Hecho a la lumbre y con un punto de sal perfecto, para disfrutarlo al máximo prefiero poner la paellera en el centro de la mesa y no servirme en el plato. Primero, porque me gusta ir cogiendo de la parte pegada a la sartén un par de cucharadas y, seguidamente, meter el tenedor en una parte más melosa, y si me sirvo en el plato todo se homogeneiza. Y segundo, porque comiendo de la sartén nadie lleva la cuenta de los viajes que hago.

Pero antes de llegar a este gran arroz tenemos la oportunidad de probar otros buenos platos con la carne como principal protagonista. Yo comienzo con un plato de embutido de chato murciano con salchicha de pellizco, longaniza, blanco, butifarra, salchicha gorda y queso curado, acompañada de un pan casero del día anterior. El carpaccio de buey, la cecina de ciervo, el revuelto de foie con virutas de trufa o el queso fresco a la plancha con salsa verde los dejo pasar por el momento y me centro en un tierno montadito de lomo de ciervo con crema de castañas sobre un pan tostado; una cazuela de jabalí, también en salsa de castañas, sabrosa y contundente; y una carrillera con salsa de mermelada de fresas menos interesante que los dos platos anteriores por el alto grado de azúcar del plato. Las tres elaboraciones están disponibles como platos únicos y no solo como tapas, por si alguien quiere jugárselo todo a una carta.

A medio camino, por monótona, encuentro la perdiz confitada, que ha sido cocinada a baja temperatura sumergida en aceite de oliva, pero que no ha llevado tratamiento alguno tras la cocción en la cocina y partes como la pechuga mejorarían con algún tipo de acompañamiento que la suavizaran. A la próxima me iré a por la chuleta de ternera, el entrecot o el codillo de cordero en salsa para completar la experiencia. La guarnición, unas patatas panaderas también confitadas, de un sabor limpio y elegante. Como veréis, ni un pescado en la carta.

Comer en La Perdiz es una delicia, sobre todo por la oferta de carnes distintas y por sus arroces, pero les recomiendo que antes den un paseo y hagan algo por ganarse la comida. El entorno lo merece y la comida lo requiere.

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