El bar de Alfonso

Apolonia Cavas, en la barra de la cafetería Pippol./Javier Carrión / AGM
Apolonia Cavas, en la barra de la cafetería Pippol. / Javier Carrión / AGM

Cafetería Pippol lleva treinta años acogiendo a generaciones de jóvenes alguaceños a la hora del café, la copa y el fútbol

S. GALLEGO

Para entender la trascendencia que ha tenido la cafetería Pippol en Alguazas durante los últimos treinta años hay que tener muy en cuenta que el municipio está dividido geográfica y socialmente por la vía del tren y que, sin haber llegado a una declaración ilegal de independencia del municipio, el Barrio del Carmen ha estado separado en casi todos los aspectos fundamentales del resto del pueblo. Para mí, lo que consiguió la cafetería Pippol fue unir a todas las generaciones de jóvenes alguaceños, los del barrio y los del resto del pueblo, alrededor de una barra, unas mesas de cafetería, una diana de dardos y un futbolín, convertido, dicho sea de paso, en un deporte municipal, dejando a un lado las estúpidas barreras ferroviales.

La cafetería ofrece cafés, partidos de fútbol, copas y unas pizzas congeladas para quienes prefieren picar algo por las noches. Pero sobre todo el local ofrece la familiaridad y cercanía de quienes lo regentan, Ildefonso Ruiz y Apolonia Cavas. Sobre todo es Ildefonso -Alfonso para los amigos- quien despacha en la barra con un estilo único. No es cómo hace el café o cómo te sirve un ron con Coca Cola, sino lo que viene después; la charla o la conversación con los clientes del bar a poco que hayan entablado un poco de confianza, basadas en anécdotas de la juventud, puntos de vista de la actualidad política o debates futbolísticos que siempre terminan en un «tú dices eso porque eres del Barcelona».

Dónde
C/ Ramón y Cajal.
Horario:
De martes a domingo de 14.00 a 01.00 horas.
Precio:
Café, un euro.

El local ha sufrido varias reformas desde que abrió sus puertas allá en el 1988 y, durante muchos años, fue referencia o punto de encuentro del café y de la primera copa de los fines de semana de varias generaciones. Es el típico local al que la juventud acude cuando no quiere salir por la capital, pero quiere tomar una copa tranquila, que en ocasiones se torna en noche memorable. Casi todos los clientes se conocen y cuando han ido más de tres veces, dejan de ir al Pippol para ir a ver a Alfonso. Merece la pena.

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