En tierra de lobos

Primer plano de un lobo ibérico ('Canis lupus signatus')./Ecologistas en Acción
Primer plano de un lobo ibérico ('Canis lupus signatus'). / Ecologistas en Acción

Un grupo de vecinos de Murcia y la Vega Baja promueve medidas para proteger al lobo ibérico, el oso pardo y la comunidad de aves en el corazón de la zona lobera de la Sierra de la Cabrera, en León

Pepa García
PEPA GARCÍA

Son vecinos de Murcia y de localidades de la Vega Baja del Segura y hace 20 años decidieron establecerse, por temporadas, en el corazón de la Sierra de la Cabrera (León), en zona lobera por excelencia, siguiendo los pasos marcados por el biólogo, ecólogo y activista ambiental considerado el padre de Doñana José Antonio Valverde y el pastor Salvador Teruelo en 'Los lobos de Morla' (Al Andalus, 2001), un libro emblemático sobre la ancestral relación entre el hombre, el lobo y el mastín.

Explorando La Valdería y Cabrera, dos comarcas del suroeste leonés, tras la huella del lobo ibérico ('Canis lupus signatus'), se enamoraron de la naturaleza agreste de la comarca y se convirtieron en vecinos de una pequeña aldea de Truchas, casi despoblada.

Ahora, ocho de estos murciano-alicantinos han establecido en Valdavido su residencia temporal, se integraron hace dos legislaturas en la junta vecinal, implicando también a los oriundos, y hasta han creado la Asociación Cabrera Natural, para contribuir a promover la conservación de los valores culturales, ecológicos y naturales de la comarca leonesa.

Los cabreireses de adopción han eliminado el 'Canis lupus signatus' de la lista de animales cinegéticos en el Plan Técnico de Caza de sus montes comunales

Ahora, mejoran el hábitat del oso pardo y de la trucha del río Ería

José Antonio Ballester y José Antonio Sánchez Zapata fueron la avanzadilla, a la que luego siguieron media docena de amigos más. Con dedicación y entusiasmo han restaurado las casas de la aldea, en la que ya solo habitaban cinco vecinos cuando ellos llegaron, respetando la característica arquitectura tradicional del siglo XIX de la zona, construida a base de pizarra, madera de roble y roca de río. Además, su iniciativa ha animado a otros vecinos, descendientes de los genuinos pobladores, que en su regreso a sus orígenes han seguido su ejemplo.

Aunque llegaron para disfrutar de la naturaleza «más salvaje» y entre sus actividades principales está salir al monte a avistar lobos y osos pardos -«hace cuatro años vimos el primer oso aquí», afirma Carlos Javier Durá, otro de los cabreireses de adopción, al ver que «se cernían peligros, como la apertura de canteras, la instalación de parques eólicos, las reforestaciones masivas de pinos» y las construcciones de nuevo cuño sin respetar la arquitectura y el patrimonio cultural, «decidimos tener una participación más activa», explica Sánchez Zapata, biólogo y profesor de la Universidad Miguel Hernández.

«Este proyecto continuará hasta que la protección del lobo y su coexistencia con la ganadería sean realidad» Isabel Díez. Coordinadora de 'Vivir con lobos'

«Entre lo mediterráneo y lo atlántico», define Carlos Javier Durán, abogado especializado en Derecho Ambiental, los bosques de «la zona más lobera de toda España» cuentan también ahora con la presencia del oso pardo y, para no dejar nada al azar, desde la aldea han impulsado la participación en la gestión del Plan Técnico de Caza en las 2.500 hectáreas de monte comunal para «imponer una gestión sostenible», eliminar el lobo ibérico de las especies cinegéticas, promover la tala basada en criterios de sostenibilidad y oponerse a las reforestaciones masivas con pinos que reducen la biodiversidad e incrementan el riesgo de incendios, defienden.

Además, a raíz del primer avistamiento de oso pardo en la zona, han firmado un convenio con la Fundación Oso Pardo para mejorar el hábitat de estos plantígrados -se alimentan de especies frondosas con frutos secos- y fomentar el crecimiento de la población osera.

Un mastín permanece junto a su rebaño, mientras pasta en territorio abierto (izq.) Vista panorámica de Valdavido y sus alrededores (der.) / Rubén Valín y Carlos Javier Durá

También han restaurado la Casa del Pueblo, la antigua escuela, que han convertido en Centro de Educación Ambiental, donde celebran, sobre todo en verano, «charlas y talleres para dar a conocer los valores de la comarca, y sobre la gestión y conservación del patrimonio natural».

Igualmente, acaban de firmar un convenio con la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), entre cuyos objetivos está «declarar la zona reserva ornitológica por la presencia de perdiz pardilla, además de muchas otras aves como azor, águila calzada, águila real,...», va enumerando Durá.

Igualmente, con el permiso de la Confederación Hidrográfica del Duero, han promovido actuaciones en el río Ería para mejorar el hábitat de la población de truchas, «de las más puras de España», apostilla Durá.

Convivir con lobos

Aunque reconocen que en una zona escasamente poblada -«hay 4 habitantes por km2», detalla Durá- y donde la ganadería extensiva se ha convertido casi en una actividad testimonial -«aquí queda un ganadero, pero no es fuente de recursos principal», cuenta Carlos Javier-, aseguran que en la comarca no hay problemas de convivencia con el lobo «porque siempre lo hubo». De hecho, apuntan, el 'turismo lobero' -en el que el avistamiento de la especie es el principal objetivo- está sirviendo para invertir el fenómeno de despoblamiento rural.

«El lobo estaba y estará, y yo tengo que poner los medios para vivir con él, como hacía mi bisabuelo» Leandro Valle. Pastor de ganadería extensiva

Prueba de que esta afirmación no es gratuita son las conclusiones, recientemente presentadas por Ecologistas en Acción, del proyecto 'Vivir con lobos', que han desarrollado a lo largo de 2 años y en el que han trabajado con 60 ganaderos y ganaderas de extensivo en zonas loberas. Así, resume Isabel Díez, coordinadora del proyecto que se ha desarrollado en los dos últimos años, «la coexistencia entre el lobo y la ganadería extensiva es posible con solo aplicar medidas de coexistencia, que en la mayoría de los casos ya tenían en marcha: mastines, pastores eléctricos en los cerramientos, guardar al ganado por la noche,...». Así, desde Ecologistas en Acción, constatan que durante el proyecto, los ganaderos han identificado como principales enemigos de su actividad elementos ajenos al lobo. «Yo vivo con total normalidad la presencia del lobo porque ha estado ahí toda la vida. Mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre ya convivieron con lobos», afirma Leandro Valle, ganadero de extensivo en la zona norte de Burgos; y añade «la primera defensa de mi medio de vida es ser pastores», haciendo hincapié en que no se puede abandonar al ganado a su suerte en el monte. Y explica que los mastines siempre fueron fieles compañeros tanto de él como de su ganado: «El medio más efectivo para evitar que los lobos se acerquen».

En opinión de Leandro Valle, el problema no son los lobos, aunque «hay que mantenerlo en estado salvaje, que no se domestique», asegura y considera que lo contrario podría acabar con el secular miedo del lobo al hombre, que siempre lo ha mantenido alejado de él.

Sin embargo, tanto para Leandro como para otros de sus colegas, lo fundamental es que se regule por ley la ganadería sensible. «No existe una regulación específica que defina los derechos y obligaciones de la ganadería extensiva, qué es y qué no es», algo que, en su opinión, profesionalizaría y diginificaría la figura del pastor. Esta legislación la consideran clave los pastores para lograr objetivos básicos como un trato especial a los perros de guarda, ayudas para su mantenimiento (seguros, vacunas, alimentación,...). «Hay que hacer las cosas de otra manera, para que sean compatibles la conservación del medio ambiente y el consumo», apunta Leandro Valle, que considera que también se podría favorecer el contacto directo entre el consumidor y el productor. «Permitiría el regreso al mundo rural de una parte de la población, que vería que la ganadería da para vivir», afirma aprovechando que en estas fechas comienza la 'fiebre' del lechazo y los corderos en Castilla y León para las comidas y cenas navideñas.

No obstante, afirma rotundo: «Lo primero es que se regule qué es la ganadería extensiva, si no, el siguiente paso no se puede dar». Y concluye: «El lobo estaba, está y seguirá estando y yo tengo que poner los medios para poder vivir con ellos. Cuanto más cuido el monte, más beneficio me da».

Satisfecha con los resultados del proyecto, Isabel Díaz añade que hay que facilitar mataderos móviles que hagan posible la venta directa al consumidor del producto de la ganadería extensiva y que ya han puesto en contacto a redes de consumidores agroecológicas con ganaderos de extensivo. Igualmente, asegura que Ecologistas en Acción «continuará con este proyecto hasta lograr que el lobo esté totalmente protegido y la coexistencia entre el lobo y la ganadería sea una realidad».

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