Especies españolas amenazadas recuperan sus poblaciones gracias a la Red Natura 2000

Oso pardo./ Fundación Oso pardo
Oso pardo. / Fundación Oso pardo

Oso pardo, lince y águila imperial afrontan la «sexta extinción masiva» con mayores esperanzas

EPMADRID

Especies de la Península Ibérica amenazadas de extinción como el oso pardo, el águila imperial, el quebrantahuesos o el lince ibérico están recuperando sus poblaciones gracias a la inclusión de sus hábitats en la Red Natura 2000, principal instrumento de conservación de espacios de la UE.

Así lo manifestó ayer el subdirector general de Medio Natural del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama), Miguel Aymerich, que participó en el debate #BioLíderes de la Biodiversidad, organizado con motivo del Día Europeo de la Red Natura 2000.

La superficie natural protegida en España abarca actualmente un 27% del territorio terrestre y un 8% del marino, aportando un 18% de la superficie de la Red Natura 2000, según manifiesta Aymerich. Además, en las zonas protegidas habita un 37% de la flora y fauna existente en la UE, con lo que España es, según Aymerich, «uno de los países más ricos en biodiversidad» de la Unión Europea.

En el encuentro también participaron el secretario del Consejo de Gestores de Reservas de la Biosfera y coordinador de la Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves, Tomás Rueda; el director de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero; el responsable de Gobernanza Ambiental de SEO/BirdLife, Juan Carlos Atienza, y el director de Cambio Climático de Iberdrola, Gonzalo Sáenz de Miera.

En este sentido, Guillermo Palomero comenta que los osos habitan en lugares protegidos por la Red Natura 2000 tanto en la Cordillera Cantábrica como en los Pirineos, donde han dejado de estar en peligro de extinción y tienen «una población esperanzadora». Palomero achaca esta circunstancia a las «alianzas» tejidas entre la Fundación Biodiversidad, el apoyo financiero de los proyectos comunitarios Life y algunas empresas, pero, sobre todo, a «la implicación de los líderes locales».

El principal reto

Gonzalo Sáenz de Miera indica en relación a la biodiversidad que «el cambio climático es una realidad» y se trata del «principal reto al que se enfrenta la humanidad» por acarrear «consecuencias muy graves» desde los puntos de vista económico, social y ambiental, debido a la subida de las temperaturas, la elevación del nivel del mar y a la mayor ocurrencia de fenómenos climáticos graves.

Sáenz de Miera considera que «la buena noticia» es que ello se debe a «un modelo energético actual basado en los combustibles fósiles, que representan el 80% de las emisiones de CO2», por lo que aboga por cambiar la manera de producir y consumir energía para que su uso sea cada vez más eficiente y procedente de fuentes limpias.

Además, se muestra convencido de que «es posible descarbonizar el sistema energético y económico» hacia 2050, lo cual generará «múltiples oportunidades económicas y de generación de empleo», pero las empresas necesitan «políticas» con objetivos a 2020, 2030 y 2050, al tiempo que considera necesarias las alianzas entre las administraciones públicas, las ONG y el sector privado.

Malas y buenas noticias

Juan Carlos Atienza inició su intervención dando la «mala noticia» de que el planeta se encuentra «metido de lleno en la sexta gran extinción de especies», con tasas de desaparición similares a las de hace 45 millones de años, que abocaron a la aniquilación de los dinosaurios, aunque con la singularidad de que, en este caso, se debe a actividades humanas y no a meteoritos, erupciones volcánicas o explosiones de supernovas.

Sin embargo, «la buena noticia» es que se sabe cuál es la causa de esa pérdida de biodiversidad y cuáles son las posibles soluciones, a través de convenios y lugares de interlocución en el marco de la ONU. «Nos encontramos tanto en España como en Europa con buenas leyes y buenos planes, pero no somos capaces de llevarlos cabo. Siempre hay fuerzas que van en contra del objetivo de conservar la biodiversidad», apostilla.

Tomás Rueda apunta que la Reserva de la Biosfera surge a comienzos de la década de 1970 para conservar la biodiversidad de algunos lugares. Para Rueda, esta «figura amiga» supone «un acicate para las poblaciones locales», que viven de actividades tradicionales muy antiguas, como agricultura y ganadería, y que han modelado el paisaje gracias a ellas.

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