La escandalosa invasión de la cotorra argentina

Un grupo de cotorras se refugia en un nido construido en una de las palmeras del paseo marítimo de Mar de Cristal./ Guillermo Carrión / AGM
Un grupo de cotorras se refugia en un nido construido en una de las palmeras del paseo marítimo de Mar de Cristal. / Guillermo Carrión / AGM

Esta ave exótica coloniza ya casi toda la Región, sobre todo Cartagena y San Javier. Otras 32 especies amenazan con contaminar genéticamente y desplazar a pájaros autóctonos

Pepa García
PEPA GARCÍA

Las ruidosas cotorras argentinas ('Myiopsitta monachus') llevan locos a los vecinos de muchos de los parques de la ciudad de Cartagena (en las zonas del Muelle o en el Huerto de las Bolas, por ejemplo) y también de localidades del litoral, como Los Nietos, Playa Honda, Mar de Cristal, Los Urrutias, La Manga o Santiago de la Ribera, donde esta especie se ha naturalizado y ha montado sus colonias en las palmeras de la zona. Precisamente el municipio de Cartagena es uno de los que posee un mayor número de estas aves tropicales, junto con San Javier, consideradas desde 2013 especie exótica invasora por el Ministerio de Medio Ambiente.

Quizá por eso, desde el Ayuntamiento de Cartagena se están planteando poner en marcha un programa para controlar sus poblaciones, como ya ocurre con las gaviotas y las palomas. No obstante, aseguran, «de momento solo se hace a petición de los vecinos, cuando molestan por el ruido o hay riesgo de que caigan a la vía pública sus nidos, que llegan a pesar más de 200 kilos», explican fuentes municipales y aseguran que, «desde el laboratorio municipal, se han retirado algunos nidos, pero enseguida se vuelven a instalar en otro punto».

Lo cierto es que esta especie, que se detectó por primera vez en libertad en la Región en 1975 y, según el último censo nacional, de 2015, cuenta aquí con una de las comunidades más numerosas, junto a Cataluña, Madrid, Andalucía y Comunidad Valenciana, está considerada invasora a nivel nacional y debería contar con un programa nacional para su control y la erradicación de sus poblaciones, que se consideran una amenaza para la biodiversidad de la avifauna local.

De hecho, desde 2011 su comercio y tenencia están prohibidos, pero, aseguran desde SEO/Birdlife, pese a que eso supone que «está comprobado el daño que suponen para otras especies, los ecosistemas y actividades como la agricultura», en los últimos años ha habido un crecimiento exponencial de las poblaciones naturalizadas.

Esta especie tropical de origen suramericano se ha visto favorecida por el benigno clima del litoral mediterráneo peninsular, donde, tras liberaciones de propietarios particulares, ha encontrado un hábitat idóneo. Más allá de las molestias vecinales, esta especie «va a más. Inicialmente, sus poblaciones aquí se asociaban a áreas urbanas y periurbanas, pero ya se encuentran en zonas rurales y en los bordes de áreas forestales», comenta Jorge Sánchez, de Anse, que asegura que han detectado daños en pequeños huertos de la zona de Murcia, colonias en La Arboleja y La Albatalía, e incluso en las inmediaciones del Parque Regional de El Valle. Y advierte de que son especies portadoras de patógenos que pueden afectar a la fauna silvestre y también a las personas.

Aunque no hay datos concretos sobre su crecimiento a nivel nacional, en Barcelona se estima que sus poblaciones aumentan a un ritmo del 14%. De igual manera, se considera que las puestas de esta especie oscilan entre 8 y 4 huevos, de los que sobreviven la mitad, y que pueden llegar a realizar dos puestas anuales (entre marzo y agosto), lo que puede dar una idea del incremento poblacional, teniendo en cuenta que no tienen predadores. «Su depredador natural es el halcón peregrino, pero como son muy listas, se ha comprobado que en su presencia bajan la voz y cazan en zonas protegidas para no ser capturadas», explican los especialistas.

«Sin datos concretos, lo que sí podemos asegurar es que la percepción general es que la especie crece en población y también se expande», valora Jorge Sánchez de Anse. Y explica que especies como los gorriones, en declive, o cualquiera que explote esa zona urbana o de transición que ocupan las cotorras argentinas, se ven amenazadas; en las zonas de huerta, son competidoras de los jilgueros, que se alimentan, como ellas de cardos, o de los zorzales, las currucas capirotadas, los mirlos, los estorninos negros o las grajillas; y al ser omnívoras, llegan a comer huevos de especies locales conduciéndolas a la extinción. «Precisamente, el problema es que no son serias competidoras de ninguna especie que se considere en peligro de extinción o tenga un valor real de conservación», apunta Sánchez como causa de la pasividad de las administraciones competentes.

«La proliferación de especies exóticas invasoras constituye un grave problema global que se ha convertido en la segunda causa de extinción de especies en ambientes terrestres, después de la destrucción de hábitats», recuerda Juan Carlos del Moral, de SEO/Birdlife. Y advierte de que «la gestión de estas especies catalogadas como amenaza para la naturaleza es obligatoria para la Administración. Precisamente, la dejación de estas responsabilidades ha provocado que, en numerosos casos, ya no sea posible limitarse a prevenir estas invasiones» cada vez más numerosas.

Desde la Comunidad, reconocen que no hay ninguna estrategia para controlar estas poblaciones y que están a la espera de que desde el Ministerio se diseñe un protocolo de actuación que pueda servir de guía a todas las comunidades autónomas. «Para nosotros no es un asunto prioritario y no tenemos recursos humanos ni posibilidades de abordarlo», afirman los técnicos.

Hasta 33 aves exóticas

Pero la cotorra argentina no es la única amenaza alada que se cierne sobre las comunidades de aves locales, ya que el último Catálogo de Aves de la Región de Murcia, publicado a finales de enero de 2017, cifra en 31 la presencia de especies exóticas no naturalizadas, a las que se suman otras dos que sí que han logrado naturalizar sus poblaciones: una es la cotorra argentina; la segunda, es la estrilda común ('Estrilda astrild') o pico de coral, un diminuto pájaro de origen africano que fruto del comercio de especies, apunta el catálogo, ahora es una «exótica recientemente naturalizada y nidificante en las riberas de la vega media del río Segura. También observada en carrizales del entorno del Mar Menor».

Entre las exóticas no naturalizadas, el catálogo regional cita especies como la cotorra de Kramer ('Psittacula krameri'), que, originaria del sur de Asia y de África, ha ido colonizando ciudades europeas, como Sevilla -donde supone ya un grave problema- y junto a su presencia en Murcia y otras localidades del centro y sur de la Región, hay indicios de que se reproduce en Cartagena.

Contaminación genética

Sin embargo, uno de los problemas más graves con estas 31 especies exóticas no naturalizadas se localiza en las inmediaciones del río Segura, donde se concentran ejemplares de patos exóticos como el criollo, el acollarado, el joyuyo o el mandarín, que, en ocasiones, se hibridan con especies autóctonas como el ánade real o azulón. «Lo he visto en múltiples ocasiones y, aunque los híbridos son estériles, la reproducción cruzada hace que se dificulte la cría del propio azulón, por lo que puede ser una amenaza seria», advierte Jaime Fraile, jefe de servicio de la Oficina de Planificación Hidrológica de la CHS, conocedor de la materia. Y puntualiza que el control de fauna es competencia de la Comunidad y la CHS no puede actuar. Según explica, aunque el pato criollo se ha utilizado en otros países para carne o foie-gras, «ese origen no parece probable en Murcia» y apuesta por un «escape de colecciones particulares».

Gansos (especie de cría tradicional en España), cisnes (usado como especie ornamental en parques y jardines de toda España) son otras de las especies que contribuyen a una posible «contaminación genética que debería evitarse», apunta Jorge Sánchez de Anse. Y pone el acento en la malvasía canela, que se hibrida con la cabeciblanca (en peligro de extinción) y para la que sí existe un protocolo para abatirla cuando es avistada para contribuir a la conservación de la especie protegida.

Igualmente, junto a la suelta o escape de ejemplares en cautividad, desde Anse señalan la actividad cinegética como responsable de la presencia de especies como la codorniz japónica y el faisán vulgar. Además, Sánchez pone el acento en el camachuelo o pinzón mexicano, que «se empezó a detectar en parques de Murcia y ya se reproducen aquí» y en Estados Unidos ha sido una serie amenaza para el gorrión común.

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