La curiosa historia de las rosas verdes de Santomera

Detalle de la rosa verde de Santomera, que Los Murcia y los herederos de Manolo del Jardín han mantenido desde el s. XIX.
Detalle de la rosa verde de Santomera, que Los Murcia y los herederos de Manolo del Jardín han mantenido desde el s. XIX. / Manuel García

Los descendientes de Manolo del Jardín conservan unos extraños ejemplares 'mutantes' cuyo origen se remonta, al menos, al año 1880

Pepa García
PEPA GARCÍA

Juan Murcia y Rebagliato (1852-1891) convirtió Santomera en un vergel con el coleccionismo y cultivo de rosas. Precisamente una de estas especies, la rosa verde, fue la alhaja de este pequeño joyero vegetal en el que su hacedor aglutinó hasta 214 variedades distintas de rosas, un ficus centenario, una araucaria que fue el árbol más alto de la localidad, yucas majestuosas, naranjos dulces y un buen número de las hectáreas que convirtieron Santomera en el 'Limonar de Europa'.

La historia de las rosas verdes comienza con un viaje a Madrid, el primero del que se tiene constancia documental. En él, Juan Murcia llevo a la Exposición de Plantas, Flores y Aves del Jardín del Buen Retiro, entre el 22 de mayo y el 2 de junio de 1880, todas sus variedades de rosas. Organizada por la Sociedad Madrileña Protectora de los Animales y las Plantas hace ahora 137 años, la rosa verde llamó la atención de los especialistas que acudieron a esta exposición. «Era una extraña mutación genética, sin pétalos, estéril y con aroma a pimienta», la describe el santomerano Manuel García Sánchez, que ha sobrevivido más de 100 años al cuidado, primero, exclusivamente de Los Murcia, y a partir de mediados del siglo XX, de Manuel García Peña o Manolo del Jardín, como conocían sus vecinos al abuelo de García Sánchez.

Capataz de don Claudio y al cargo de la finca con la primera almazara santomerana, un cristo yacente del XIX, la Casa del Huerto (hoy propiedad municipal), el huerto y Jardín de Los Murcia, Manolo del Jardín cuidó con esmero la colección botánica que tenía a su cargo. No fue hasta que Claudio Hernández-Ros Murcia, nieto de Juan Murcia, empezó a perder la salud y la pujanza cuando la historia de este jardín empieza su declive. Pese al empeño de Claudio Hernández-Ros de que su finca pasara a propiedad municipal como pulmón local, solo la almazara y la casa principal terminaron en poder del pueblo; el jardín se mantendría como zona verde en homenaje a quien lo cuidó y el huerto pasó a manos de una constructora que lo urbanizó.

Hoy, nada queda, se lamenta Manuel García Sánchez, nieto de Manolo del Jardín, y entusiasmado con la investigación sobre el origen de la rosa verde. «El ficus es un tronco seco, las yucas se están secando y las rosas murieron. Menos mal que mi padre, con autorización de la familia propietaria, rescató un esqueje que hoy sobrevive en nuestra casa», cuenta orgulloso. Lo cierto es que «la historia que don Claudio contaba se remontaba a la Exposición Universal de París de 1855, pero todavía no se ha podido constatar».

Esta extraña rosa, que fue descrita como «monstruo de ojos verdes en la exposición del Buen Retiro», recuerda García Sánchez, pervive gracias a un esqueje salvado del hundimiento del Jardín de Los Murcia que anticipó su padre, Antonio García Infantes. «Hace poco la hermana de don Claudio estuvo en mi casa visitando las rosas verdes y se sorprendió de que todavía siguieran vivas», revela García Sánchez, que divulga esta historia aún inacabada para orgullo de santomeranos y para conocimiento de botánicos y curiosos.

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