La Verdad

Gestión participativa

  • Nos encontramos ante uno de los parques regionales más emblemáticos de la Región, el Parque Regional de Carrascoy y El Valle

El pasado fin de semana, desde la Oficina de Impulso Socioeconómico del Medio Ambiente (Oisma) se celebraron unas jornadas participativas sobre la regulación del uso de los senderos en el Parque Regional de Carrascoy y El Valle de las que me siento satisfecho pero, sobre todo, muy agradecido por la participación y la ilusión demostrada por todos los participantes.

En primer lugar y, por poner en contexto el presente artículo de opinión, resumiré brevemente el proceso junto con la realidad física y el contexto social sobre los que se ha desarrollado.

Empezando por la realidad física, nos encontramos ante uno de los parques regionales más emblemáticos de la Región, en el que tengo la suerte de trabajar como gestor. No hace falta dar muchas explicaciones referentes a qué es lo que hace que este espacio sea excepcional, más allá de los relevantes valores ambientales y culturales que atesora, lo que me lleva directamente al contexto social, ya que su cercanía a la capital murciana y sus pedanías le confiere esa excepcionalidad a la que antes me refería y lo convierte en uno de los espacios protegidos más intensamente visitados y utilizados de la Región.

Como gestor, esto supone un extra importante en los esfuerzos diarios de gestión, pero también soy plenamente consciente de los servicios ambientales, de recreo y de esparcimiento que el espacio proporciona a la sociedad y que me consta que son muy valorados por los habitantes del entorno.

Llegados a este punto, tocaría explicar brevemente el proceso que se está llevando a cabo en un contexto territorial y social que, como acabo de exponer, es bastante complejo en muchos sentidos. El problema de base que impulsó el desarrollo del proceso participativo fue la necesidad de dotar al Parque Regional de una regulación para el uso de los senderos, partiendo de la base de que el objetivo primordial no puede nunca dejar de ser la conservación de los valores que motivaron su protección, pero sin olvidar la importancia de reflejar las necesidades y demandas de la sociedad como usuaria del espacio protegido. Todo esto nos llevó durante el pasado año a abordar el problema a través de un proceso participativo para la regulación del uso de los senderos del Parque, aunque con la esperanza de que pudiera ser un punto de partida extrapolable al resto de los espacios protegidos de la Región, con las necesarias adaptaciones que cada sitio pudiera requerir.

Aunque creo que como sociedad nos falta madurar bastante y familiarizarnos con estos modelos de gobernanza, es una oportunidad que debemos aprovechar como individuos integrantes de esa sociedad y cada uno en el papel que desempeñe en relación a este proceso (gestores, usuarios, federaciones,...). Se trata pues de que, entre todos, seamos capaces de modelar como queremos que se materialice en el territorio el derecho que la Constitución Española nos confiere a la hora de disfrutar de un medio ambiente digno, pero sin olvidar la responsabilidad y la obligación que todos tenemos de conservarlo.

Como conclusión, he de decir que me siento satisfecho y muy agradecido por la acogida que han tenido las jornadas y la participación y debate que han generado. Creo que se ha abierto una vía de comunicación muy necesaria entre la Oisma y los principales actores sociales del entorno. Estas jornadas no son más que una etapa inicial de un camino que, por aplicar terminología al uso, debe ser de Gran Recorrido y en la que espero que todos seamos capaces de entendernos y garantizar la conservación por encima de todo.