«Los putos ecologistas»

JESÚS SÁNCHEZ CONESAPROPIETARIO DE SUPERMERCADOS SUPERSANO

Resulta ya un poco cargante que ciertos empresarios, ejecutivos de grandes compañías y políticos sin escrúpulos le echen la culpa a «los putos ecologistas» cuando quieren saltarse las leyes y el bien común para conseguir sus objetivos personales.

El viejo truco de que los ecologistas están contra el turismo, contra la agricultura, contra la construcción o contra el progreso en general, ya no cuela. Porque cuando ellos denuncian un abuso, contra el único progreso que están es contra el progreso de la cuenta corriente del que pretende abusar.

Los ecologistas que yo conozco son gente seria y muy desinterasada. Que pierden su tiempo, sus energías y su dinero en defender como nadie los intereses generales y ambientales. En Anse (Pedro García, Jorge Sánchez, Álvaro Sixto, Carmen Martínez, etc.), en Arba (José Luis Sánchez, Eduardo, Wladimir, Bertrand, etc.) y en otros grupos solo he visto activistas pacíficos, inteligentes, muy bien formados científicamente, enamorados de la naturaleza, que trabajan los siete días de la semana en hacer lo que la Administración no quiere hacer ni ver. Y sin cobrar.

De no ser por estos «putos ecologistas», el Mar Menor terminaría siendo una ciénaga muerta sin interés turístico. Sin sus denuncias, ni la Fiscalía ni la jueza de instrucción habrían iniciado el procedimiento contra el vertido de productos tóxicos por parte de los agricultores, que podrían hacer su negocio igual sin envenenar el Mar Menor.

De no ser por «los putos ecologistas» tampoco nos habríamos enterado de que la empresa de Tomás Maestre estaba construyendo un puerto deportivo y una urbanización en La Manga sin autorización, en terrenos de Dominio Público Marítimo Terrestre ganados al mar. Ni tampoco se habrían paralizado las obras ilegales que la empresa constructora se empeña en continuar desobedeciendo la orden de la Consejería de Fomento. Los ecologistas proponen con acierto que en La Caleta y Puerto Mayor se reponga todo lo destrozado ilegalmente, y se restaure la vegetación típica de dunas de La Manga, creando un espacio natural que atraiga a esos millones de turistas que les gusta viajar a sitios donde se respeta el medio ambiente. Que cada día son más.

Y de no ser por «los putos ecologistas», los montes, ramblas, ríos, valles y arenales de la Región seguirían perdiendo vegetación a pasos agigantados, aumentando la erosión, e incentivando el cambio climático. Todos los fines de semana los podemos ver plantando árboles en Calblanque, La Manga, La Muela, Cabo Tiñoso, en el cauce del río Segura, etc. Por su cuenta y riesgo.

Un ejemplo de cómo están supliendo la dejadez de la Administración, con imaginación y esfuerzo personal, lo tienen en el bosque de Tetraclinis que «los putos ecologistas» han creado en una finca privada, en los límites del parque de Calblanque. En apenas un año, han plantado más de 4.000 ejemplares de las especies vegetales autóctonas que poblaban los montes cartageneros antes de que la minería, la ganadería, el carboneo, la agricultura y las urbanizaciones arrasaran con todo, sin reponer nada para el futuro. Y lo han hecho, azada en mano, a pleno sol, en fines de semana, robando tiempo a sus familiares y a las horas de descanso en sus profesiones. Solo con la ayuda de cientos de «putos voluntarios» que acuden también con sus hijos a las convocatorias para plantar árboles y proteger el medio ambiente.

Por eso me indigno tanto cuando veo a algunos agricultores y empresarios de la industria turística insultar, despreciar y desprestigiar a los ecologistas, solo para defender sus intereses personales.

Pero aún me indigno más cuando veo a ciertos altos cargos, de los partidos y de las instituciones, arrastrarse por el lodo electoral buscando el voto o, lo que es peor, pringarse con el lodo financiero buscando una comisión.

Ya quisieran muchos (por no decir todos) partidos políticos, organizaciones sindicales y empresariales, y otros grupos del entramado oficial, tener media docena de personas con la preparación, honradez y entusiasmo de estos magníficos ecologistas que tanto hacen por el futuro de las generaciones venideras. A cambio de nada.

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