El noroeste está que arde

La Guardia Civil impide el acceso a la parroquia de Chandebrito, donde murieron calcinadas dos personas y el fuego mantuvo aislada la localidad pontevedresa./EFE
La Guardia Civil impide el acceso a la parroquia de Chandebrito, donde murieron calcinadas dos personas y el fuego mantuvo aislada la localidad pontevedresa. / EFE

El abandono del medio rural y la política forestal, en el origen de la devastación de Galicia y Asturias

Pepa García
PEPA GARCÍA

Más de 35.500 hectáreas ardieron la semana pasada solo en Galicia, unos incendios en los que fallecieron, además, cuatro personas y las inmensas perdidas materiales se suman a los irrecuperables daños ecológicos. Al menos trece espacios protegidos e incluidos en la Red Natura 2000, en Galicia, Asturias, Castilla y León y Cantabria se han visto afectados en el norte de España, según el análisis de técnicos de SEO/BirdLife, quienes alertan sobre sus efectos en especies «en peligro crítico de extinción» como el urogallo cantábrico y el oso pardo.

La organización ambiental concluye que «las llamas han alcanzado espacios protegidos de la red de espacios naturales de la UE», a partir de la información facilitada por el sensor Modis (Moderate Resolution Imaging Spectroraiometer) del satélite 'Terra' de la NASA. Y detallan: en Asturias, destaca el impacto en las Zonas de Especial Conservación (ZEC) de Somiedo, Montovo-La Mesa y Fuente del Narcea, Degaña e Ibias, donde se localiza la reserva natural de Muniellos, «uno de los robledales mejor conservados de Europa y de especial importancia para el urogallo cantábrico, en riesgo crítico de extinción». El fuego también alcanzó las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de Fuente del Narcea y del Ibias, Somiedo y Ubiña-La Mesa. En Galicia, el fuego afectó a las ZEC de Pena Veidosa, Macizo Central y Ancares-Courel, así como la ZEPA Baixa Limia-Serra do Xurés y la Reserva de la Biosfera de Os Ancares Lucenses y Montes de Cervantes, Navia y Becerreá, zona de hibernación del oso pardo, como la ZEC y ZEPA castellanoleonesa del Alto Sil, que, junto a la cántabra ZEPA Sierra de Hijar, también se han visto afectadas por los incendios.

«Es el momento de exigir a las autoridades que impidan estos episodios, la mayoría de ellos presuntamente intencionados, y su impunidad», exige la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, quien ha expresado la consternación y solidaridad de la ONG con todos los afectados por las llamas y, especialmente, con los familiares y amigos de las personas fallecidas.

El factor cambio climático

Desde SEO/BirdLife aseguran que «es necesario que la gestión forestal se adapte al contexto de calentamiento global» y solicitan más recursos económicos y humanos para la prevención de siniestros y la mejora de la colaboración entre administraciones. Y, advierten que, «la situación podría verse agravada, pues las fuertes lluvias podrían erosionar el suelo y arrastrar las cenizas contaminantes a ríos y humedales, y al mar».

Aunque con investigaciones en curso todavía y bajo secreto sumarial, las autoridades responsables consideran que esta oleada masiva de incendios -se llegaron a contabilizar más de 300 focos distintos y simultáneos en todas las comunidades afectadas-, pese a las condiciones favorables para la propagación, no puede achacarse a causas naturales.

Desde la Fiscalía de Medio Ambiente se descarta que exista una trama organizada detrás de los incendios intencionados que arrasan periódicamente los bosques de España -unos 15.000 al año, de los que el 60% son intencionados-, pero la Fiscalía Superior de Galicia anunció la apertura de diligencias de investigación penal para aclarar si existen indicios de una planificación coordinada. Según el Ministerio Público, es necesario comprobar si los numerosos fuegos originados «obedecen a una iniciativa criminal compleja de grupos con intencionalidad que persigan objetivos supraindividuales». La forma en que se produjeron, los métodos utilizados, los espacios afectados y la simultaneidad hacen pensar, detalla el Ministerio Público, «en la posibilidad de una actuación que va más allá de los simples autores ocasionales con perfiles criminológicos conocidos».

No obstante, investigadores de la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente (Ucoma) del Seprona de la Guardia Civil, responsables de las pesquisas para dar con los autores, se mostraban bastante pesimistas y adelantaban que, la misma lluvia que había ayudado a extinguir los incendios llevaba días destruyendo las pruebas que los incendiarios hubieran dejado: «Va a ser prácticamente imposible encontrar restos de posibles precursores como gasolina u otros combustibles».

Agustín Moreno, profesor de Restauración de Espacios Degradados de la Universidad de Santiago, recuerda que Galicia y el Occidente asturiano comparten clima con otras regiones azotadas por grandes incendios: California, Chile, Sudáfrica, Australia o las islas griegas. «Tenemos una gran superficie forestal, con especies como el pino de Monterrey o los eucaliptos. Nuestro periodo vegetativo, en el que crece la biomasa de manera muy rápida, es prolongado, con lluvias desde septiembre hasta el final de la primavera. Hay mucha lluvia y no hay heladas. Y luego vienen meses de verano muy secos, de manera que esa biomasa se convierte en combustible», destaca. Unas condiciones que se agravarán, advierten todos los expertos, con las consecuencias del calentamiento global: más sequías y temperaturas más altas.

La peor chispa

Pero además de los motivos climáticos, y descartada la responsabilidad de las empresas madereras o de la especulación inmobiliaria, el profesor considera que existen unas causas económicas y sociales sobre las que se debe ahondar. Por un lado, algunos ganaderos continúan haciendo fuego para quemar el matorral, las llamadas 'quemas ganaderas'. Por otro, están los incendiarios. Y aquí apunta Moreno al aislamiento de amplias zonas de Galicia y Asturias. «Buena parte de los residentes en estos lugares se sienten fuera del sistema y, en ocasiones, por su frustración, provocan incendios solo para llamar la atención. A esa gente se la ha abandonado. Teníamos que haberles dicho que son importantes», incide el profesor. Para evitar que en el futuro vuelvan a ocurrir sucesos como este, el profesor pide trabajar con la población local, «reconocer su enorme valor y valorar los productos que hacen en esas zonas».

De la misma opinión es Pedro Álvarez, profesor del Área de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de Oviedo. «Sabemos que cada vez habrá más abandono de los pueblos, la biomasa aumentará y el cambio climático hará que haya más sequías y, por tanto, más superficie combustible», dice el experto. Álvarez también cree que la frustración en las sociedades rurales es, en ocasiones, la peor chispa. «Tenemos que darles a los habitantes del medio rural un apoyo integral porque necesitamos que estén ahí para que cuiden ese agua, esas playas». En cualquier caso, va a ser muy difícil evitar tragedias como la semana pasada, opina Álvarez. «Antes los grandes incendios quemaban 200 hectáreas. Ahora, 2.000. Y con el cambio climático, habrá incendios más fuertes y más virulentos, y también contra la población».

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