Nicolás de Maya: «El ser humano es el principal enemigo de la madre tierra»

El pintor Nicolás de Maya pasea por las faldas de la montaña de la Peña Rubia, su lugar favorito, en Cehegín./Alfonso Durán / AGM
El pintor Nicolás de Maya pasea por las faldas de la montaña de la Peña Rubia, su lugar favorito, en Cehegín. / Alfonso Durán / AGM

«Uno de mis sueños es comprar un terreno e invitar a mis amigos para que planten un árbol», afirma el pintor

Juan Ruiz Palacios
JUAN RUIZ PALACIOS

Confiesa ser un enamorado de la madre tierra porque el pintor Nicolás de Maya (Cehegín, 1968) no concibe la vida sin los paisajes verdes, sin sus paseos por los montes ni sin la inspiración que le ofrece la naturaleza. «Yo creo que todo forma parte de un ciclo. Hay teorías que sostienen que el eje de la tierra cambia cada cierto tiempo. Es posible que ese sea el motivo del cambio climático», cuenta este carismático artista. «Vivo en un núcleo rural. Está demostrado que los que habitan en estas zonas consiguen vivir más años», asegura, mientras da una profunda calada a un Marlboro. «El ser humano es el principal enemigo de la madre tierra. Nos acabará esquilmando; es más lista que nosotros», advierte.

-¿Cuál fue su primer contacto con la naturaleza?

-Recuerdo que en mi colegio repoblamos un monte con pino carrasco. Ese fue mi primer acercamiento al medio ambiente. La labor que llevemos a cabo con la naturaleza ha de ser individual. Yo no soy de colectivos. Sería muy bonito que cada uno plantáramos un árbol al mes. De hecho, uno de mis sueños es comprarme un terreno, cuando tenga dinero, e invitar a amigos a que vengan a plantar un árbol. Si todos hiciéramos algo tan sencillo como eso, el mundo cambiaría.

«En los años 50 se hizo una locura. Ahora sería un disparate construir chalés en primera línea porque hay un sentido de protección que antes no existía»

«Defiende la naturaleza desde todos los prismas. En las fincas de los hierros hay una biodiversidad bestial»

«Que el mundo cambie y la sociedad reflexione para vivir en un mundo mejor»

-¿Qué tiene el verde que no tienen otros colores?

-¡Hombre, el verde relaja! Yo no suelo utilizarlo mucho porque me gusta más el color tierra y toda su gama de rojos y naranjas, que son los colores vitales para mí. El verde es Galicia, Centroeuropa, parsimonia... Pero prefiero las tonalidades rojizas y anaranjadas. Tengo la manía de coger un puñado de tierra de cada lugar que visito.

-¿Qué opina sobre el estado de conservación de la Región?

-No estoy muy puesto en estos temas, pero sé que hay una conciencia social, aunque falta actitud. Se pierden muchas iniciativas por culpa de los trámites de la Administración. Es una pena. El Mar Menor es una bandera de esta Región. En los cincuenta se hizo una locura porque no existía esa conciencia. Ahora sería un disparate construir chalés en primera línea de playa, ya que hay un sentido de protección por parte de la población que antes no existía. La gente está esperando de qué manera se construye un Mar Menor efectivo.

-¿Están aprovechados los recursos naturales de la Región?

-No, en absoluto. Tampoco tenemos algo para perder la cabeza. Vivimos en un rincón semidesértico, casi árido, que no está aprovechado ni se muestra bien al exterior. No traemos a turistas a que conozcan nuestros paisajes, nuestros parques regionales, nuestros senderos... Sería bueno que los ayuntamientos pusieran a disposición de los ciudadanos unas oficinas formativas de medio ambiente. Se pueden hacer mil acciones para acercar la naturaleza a la gente.

-Entiendo que, para usted, el turismo y la naturaleza pueden ir cogidos de la mano.

-Perfectamente, pero siempre que haya un respeto absoluto. Lo que no comparto es que se utilice el turismo para molestar a la madre tierra. A mí me gusta caminar por el monte y no voy por ahí rompiendo ramas ni cogiendo frutos. Creo que se tendrían que regularizar las actividades deportivas para que haya más control. El ser humano es el principal enemigo de la madre tierra, que nos acabará esquilmando. Es más lista que nosotros.

-¿Qué hace para ser más sostenible?

-Siembro romero, tomillo, aloe vera... También tengo un jardín con naranjos y limoneros. Y todos los días pongo agua para que vengan los pájaros a beber. Soy un gran defensor de los animales y mi pasión es la tauromaquia.

-¿Amar el mundo de los toros está reñido con defender el medio ambiente?

-¡Qué va! La tauromaquia defiende la naturaleza desde todos los prismas. La representación del toro ha estado presente en las grandes obras del mundo. En Grecia, Roma, España... Las ganaderías 'fabrican' un hierro en miles de hectáreas de terreno. Y, en ese espacio, hay una biodiversidad natural bestial, con águilas, zorros, perdices... Un toro cuesta criarlo 1.000 euros al año y estos animales viven como reyes en el campo. Un ganadero contribuye más al medio ambiente que cualquier otra persona. Quien no soporte ver el dolor y la muerte, que no vaya a una corrida de toros.

-¿La pintura y los productos que utiliza son ecológicos?

-No. Son productos tóxicos y muy contaminantes. Pero no los tiro a la basura. Procuro quemar las pinturas y los papeles contaminados cuando ya no me sirven. Me gustaría cambiar el material, pero no sería lo mismo. También hay que decir que no utilizo grandes cantidades.

-Hábleme de su obra relacionada con la naturaleza...

-Yo busco la fragilidad de las cosas. Hace poco hice una exposición inspirada en mi entorno más próximo. En la naturaleza que rodea Cehegín, en sus casas, su monte... También hice un homenaje a los cactus, que sufren la enfermedad de la cochinilla. Y muchos frutales y flores del pueblo. Yo he visto cómo han desaparecido la huerta y el campo de mi pueblo. Y me da mucha pena.

-¿Esa desaparición perjudica a un artista como usted?

-Por supuesto, porque ese paisaje forma parte de ti. Cuando lo ves degradarse, uno también se degrada. Pero tengo claro que nada permanece. Por eso vivo intensamente todo lo que hago. La naturaleza tiene un equilibrio perfecto. Una hoja se pudre, viene un animal y la come. Todo tiene sentido en la naturaleza. Mi profesión es de locos y de románticos, si no, no habría sido pintor. Vivimos de la belleza, por la contemplación.

-Los artistas, ¿tienen obligación de influir en la sociedad?

-Cuando empecé en esto decía siempre que podía cambiar el mundo y la sociedad. Ese era mi objetivo. Me fascina el sentido territorial que hace que uno ame su propio entorno. Creo que una de las misiones de los artistas es ser revolucionarios y hacer pensar y reflexionar a la sociedad. Y si uno puede, tiene que cambiar el mundo.

-¿Lo ha conseguido?

-He conseguido embellecer la vida de las personas que están a mi alrededor y que se interesan por mis pinturas. Y también he logrado vivir del arte y de la belleza.

-¿Qué es necesario?

-Que el mundo cambie y que la sociedad reflexione sobre lo que tendríamos que hacer para vivir en un planeta mejor.

Peña Rubia, la montaña de piedra caliza que se levanta sobre Cehegín

Situado a 800 metros de altitud, el monte de la Peña Rubia, en Cehegín, es un peñasco de tierra caliza donde se pueden encontrar pinturas rupestres y yacimientos arqueológicos. Se trata de uno de los puntos más carismáticos de Cehegín, también conocido como la 'montaña sagrada'. A sus faldas, el pintor Nicolás de Maya disfruta paseando cada vez que necesita evadirse y buscar su fuente de inspiración. «Las primeras acciones artísticas que desarrollé se centraron en este espacio. Cuando uno sube aquí, puede ver todas las sierras e incluso cualquier rincón de la Región. Es impresionante», cuenta el artista Nicolás de Maya. «Creo que es un sitio que habría que reforestar para que tuviera más riqueza», añade sobre uno de sus rincones favoritos.

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