Manuel Águila Guillén: «Espuña es una oportunidad para mostrar lo que se puede hacer por conservar un legado»

Manuel Águila, en el vértice geodésico del Morrón de Alhama, con el Morrón de Espuña al fondo a la derecha./Guillermo Carrión / AGM
Manuel Águila, en el vértice geodésico del Morrón de Alhama, con el Morrón de Espuña al fondo a la derecha. / Guillermo Carrión / AGM

«Las pequeñas aceredas, las olmedas de montaña y los quejigales son algunas de las formaciones boscosas más singulares», valora el biólogo y técnico de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alhama

PACO ESPADASALHAMA DE MURCIA

Biólogo, por estudios, y naturalista, por vocación. Siendo aún un niño de 2 años, Antonio, su padre y un meticuloso relojero, adaptó en su bicicleta de carreras un transportín artesano para su hijo. Desde ese momento, comenzó una andadura por la enorme e intrigante naturaleza de Alhama de Murcia.

Sin lugar a dudas, aquella pasión que le inculcó el relojero a su hijo, Manuel Águila Guillén (Alhama, 1961), continúa viva en Manolo, como le llaman sus allegados. Con tan solo 9 años realizó su primera incursión profunda en el macizo de Sierra Espuña, atreviéndose con el Barranco del Gallego, al pie del Morrón de Alhama, en aquel entonces nevado. Desde aquel momento, se siente fascinado por las maravillas que esconde esta montaña y por las del planeta Tierra.

Investigaciones: «Nos están permitiendo saber más sobre los carnívoros, los desconocidos murciélagos, la riqueza de los invertebrados o la grave situación de los anfibios»

-¿Cuántas publicaciones ha realizado sobre espacios naturales?

-Comencé en el verano de 1981 preparando los primeros materiales divulgativos que se produjeron sobre Sierra Espuña. Se trató de una exposición de plantas, con sus fichas explicativas y curiosidades, y un folleto hecho a máquina que hablaba de sus ecosistemas. Entonces, escaseaba la información sobre Espuña en particular y la naturaleza murciana en general, por lo que aquel trabajo fue muy bien acogido. Y no he dejado de publicar artículos y otras colaboraciones y, por supuesto, algunos libros, entre ellos la primera 'Guía ambiental para visitantes' de Sierra Espuña (1991). Constaré como autor o coautor de, al menos, una docena de libros y, en la actualidad, están en imprenta otro sobre los espacios naturales del Noroeste murciano y una gran publicación recopilatoria de todo lo investigado sobre Espuña.

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-¿Cómo definiría el Parque Natural de Sierra Espuña?

-Recuerdo que rondaba los 17 años cuando obtuvo esa declaración. Para entonces yo ya tenía clara mi vocación y saber de aquel reconocimiento para casi 10.000 hectáreas de la montaña en la que me habían salido los dientes supuso un espoletazo para orientar mi futuro, unos meses después empezaba mis estudios universitarios de Biología. Sierra Espuña fue y ha sido siempre mi lugar de referencia, de investigación, divulgación y, por supuesto, de esparcimiento. Lo he visto evolucionar a la par que he ido aprendiendo de él, de sus procesos ecológicos, históricos y, por supuesto, del contacto con sus gentes. Desde finales del siglo XIX, se convirtió en el referente ibérico y europeo de la restauración ambiental. Y, con los años, en el emblema de las acciones para su conservación. Por eso, hoy creo que el Parque de Sierra Espuña es, además de un gran compendio de naturaleza e historia, toda una oportunidad para demostrar cuánto puede hacer la especie humana por traspasar este legado a las generaciones que nos sucedan.

-¿Conoce el significado de Espuña?

-Hay una creencia más o menos extendida y luego varios autores que apuntan otras tesis. La más extendida es la que a finales del XVIII propuso Agustín Juan y Poveda en un trabajo sobre las aguas termales de Alhama. Afirmaba que su origen estaba en la modificación fonética que hacían los mahometanos -así se refería a los árabes- de la palabra España cuando, navegando hacia la Península, divisaban por primera vez tierra al aproximarse desde África. Otros autores, como Javier Goitia, desmenuza la palabra Espuña en Espa o impresión, U o grande y Ña o roca cortada o muela. Con ello pretende explicar que Espuña hace referencia a una gran roca con forma de muela que no pasa desapercibida. Y hay otro investigador, creo que Ángel Rizos, que dice que Espuña, que asocia al uso de esa palabra en Aragón, hace referencia a 'roca porosa'. Me gusta quedarme con la primera, pues, cada vez que he navegado por el Mediterráneo frente a la costa murciana, desde la lejanía una de las primeras montañas que se divisa es Sierra Espuña.

-¿Cuál es la situación de la fauna y flora del parque?

-Los botánicos califican Espuña como 'punto caliente' de la diversidad florística de la Región. Y es que alberga casi el 45% de la flora murciana: de las 2.100 especies de plantas vasculares de la Región, cerca de 950 están inventariadas aquí. La diversidad de ambientes, de tipos de suelos, de niveles de precipitación y de temperatura han hecho posible esta gran riqueza.

En cuanto a fauna, especialmente la vertebrada, el inventario recoge más de 190 especies, una cifra nada desdeñable en la que destacan por número el grupo de las aves. Me encanta asistir al retorno de la cabra montés, a la que desde 2012 le sigo la pista. También saber de la evolución de grandes aves como el buitre leonado, el quebrantahuesos o el águila real, o que el águila calzada siga eligiendo Espuña cada verano para venir a reproducirse. Pero también me gusta comprobar cómo las crecientes investigaciones de la fauna nos están permitiendo saber más sobre los carnívoros, el desconocido grupo de los murciélagos, la riqueza en invertebrados -hay más de 500 especies solo de mariposas- o sobre la preocupante situación de los anfibios frente al cambio climático.

-¿Qué vegetación destacaría?

-Las pequeñas aceredas (arce de Montpellier), los robledales de quejigo o las olmedas de olmo de montaña son algunas de las formaciones boscosas más singulares del parque, por su belleza y por su escasez. La combinación de brezo mediterráneo y sauce negro, en el hondo del río Espuña, es uno de los conjuntos más interesantes. Y si tuviera que elegir una especie me quedaría con la palomita, una frágil plantita del género 'Linaria' que habita los roquedos y pedregales de las cumbres.

-Hábleme del periodo de reforestación y de Codorníu.

-Empiezo por lo segundo. En mi vida ha habido dos personajes que han influido decididamente en orientar mi vocación: el primero fue Félix Rodríguez de la Fuente, quien divulgó la naturaleza como nadie lo había hecho hasta entonces. Mi juventud corrió a la par que sus documentales y mi cerebro y mis sentimientos actuaban como una esponja. El segundo fue Ricardo Codorníu y Stárico. Cuando a mis 18 años supe de su vinculación con Espuña, con su restauración ambiental y su gran labor divulgadora en favor de la naturaleza, no solo sumé a los valores de estas montañas los trabajos de repoblación forestal, sino el gran significado que para la sociedad debía tener la existencia de este espacio natural. No hay que olvidar que hoy es como es gracias al tenaz esfuerzo de Codorníu, pero también de Musso, de Madariaga, de Melgares o de los cientos de trabajadores que, con nombre y apellidos, se dejaron la piel por hacer posible que en la actualidad exista un BOSQUE con mayúsculas en Sierra Espuña.

De hecho, los vastos pinares que la cubren hoy tienen en aquel momento histórico su nuevo origen. Creo que es este uno de los trabajos de restauración ambiental mejor planificados, ejecutados y conservados de la historia reciente de los ecosistemas mediterráneos. Son toda una enciclopedia de las buenas prácticas ambientales para la futura conservación de los bosques del Sureste español.

Si existiera la máquina del tiempo me gustaría poder viajar a aquella época, vivir de primera mano todo aquel proceso. De hecho, en la actualidad dedico la mayor parte de mi tiempo libre a investigarlo.

«Sobre el Morrón de Alhama soy feliz»

«Perderme es algo que hago a menudo por Espuña. Me encanta disfrutar de la soledad de la naturaleza en general, pero en Espuña me resulta tremendamente reconfortante. Son muchos los rincones que me seducen, desde el archiconocido valle de Leyva y sus altos cejos hasta el recóndito y menos conocido rincón de La Tolva, donde el barranco de Malvariche corta los Cuchillos del Bosque. Pero, sin lugar a dudas, son las cumbres las que más me enganchan. Suelo padecer de mono de cumbres y la que más me cura esa dependencia es la del Morrón de Alhama, tanto en invierno como en verano, a pleno sol o lloviendo, con nieve o con un vendaval del quince. Sus ingredientes naturales (geología, flora, fauna, paisaje, historia humana...) están tan bien combinados que siempre me fascinan. Cuando camino sobre el Morrón de Alhama soy inmensamente feliz», explica Manuel Águila sobre su rincón favorito de la Región, la tercera cumbre más alta de Sierra Espuña.

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