¿Lecciones aprendidas para la recuperación de los ríos?

Ahora, en momentos de escasez de agua para el regadío, muchos giran su mirada hacia el río Segura. Un río que, como todos sabemos, ha pasado por momentos muy difíciles y cuya mejoría ha llevado a los responsables políticos a pensar que todo ya estaba hecho. Nada más lejos de la realidad. Ciertamente, la mejoría del río Segura es un hecho palpable, cualquiera que recuerde su situación a finales del pasado siglo podrá comprobar que, al menos, la calidad del agua ha mejorado (aunque aún se producen episodios de contaminación en cada evento de lluvia), pero realmente aún queda mucho, muchísimo trabajo por hacer.

Como en demasiadas ocasiones cuando se trata de temas ambientales, la autoridades comunitarias nos viene advirtiendo de que es necesario dar cumplimiento a la Directiva Marco del Agua y alcanzar el buen estado de conservación de las masas de agua, tanto superficiales como subterráneas. Sin embargo, este objetivo queda con frecuencia relegado a un segundo plano, cuando no olvidado, para centrarse en garantizar el abastecimiento al insaciable regadío.

Desde las ONG ambientales representadas en el Consejo del Agua venimos pidiendo un control y reducción, mediante la implementación de medidas no traumáticas, del regadío, lo que permitiría no solo dar un descanso a las masas de agua, sino también reducir la llegada de contaminantes como los temidos nitratos a lugares como el Mar Menor. Mientras se interioriza el cambio de paradigma en la gestión hídrica que supuso la Directiva Marco del Agua, se dan pequeños pasos, solo incipientes, en lo que debería ser la restauración ambiental de los ríos y de las olvidadas ramblas.

El recientemente finalizado Life+ Segura Riverlink, cuyos pasos sigue el Life+ Ripisilvanatura, suponen ejemplos de cómo recuperar los ríos, pero se trata de proyectos pioneros, que aún no sabemos si supondrán un cambio en la gestión diaria a través de su integración en el Plan de Cuenca.

Si algo han conseguido demostrar estos proyectos es que la recuperación de las masas de agua interesan y mucho a la sociedad. La implicación y apoyo de diversas organizaciones ambientales como EPlan, RioRie, ACPES, Ecologistas en Acción, Club Atalaya, etc., quizás no sea una novedad importante, pues muchas de ellas venían trabajando arduamente en la recuperación de las riberas, incluso antes del inicio de estos proyectos. Lo que sí ha resultado novedoso ha sido la participación de propietarios y del sector agrícola, bien de forma individual o a través de cooperativas, en iniciativas de recuperación del río Segura a través de fórmulas de custodia del territorio. Los resultados están en las riberas para comprobarlo, allí donde el agricultor se ha implicado en el mantenimiento de la plantación del bosque de ribera, donde el vecino ha colaborado en el control de la caña o donde el sector arrocero ha apoyado la colocación de refugios para murciélagos, los resultados no solo han sido sobresalientes, sino que constituyen un enorme ejemplo al resto de la sociedad. En algún caso, la vinculación del vecino ha ido más allá y, una vez vendida la propiedad, ha seguido cuidando 'su' trozo de bosque que realmente era el dominio público de todos. Ahora solo falta trasladar este modelo al resto de la cuenca.

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