Jesús Gómez Escudero: «El Mar Menor nos ha dicho que, si no cambiamos, puede acabar todo lo que nos da»

Joaquín Gómez, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar, en el muelle, junto a la lonja./A. SALAS
Joaquín Gómez, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar, en el muelle, junto a la lonja. / A. SALAS

«Es prioritario que la agricultura cambie el modelo productivo, el vertido cero, y actuar con el alcantarillado y el aumento de barcos descontrolado», avisa el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

A ojos cerrados podría Jesús Gómez describir cada palmo y cada viento que se pasea por el Mar Menor. El patrón mayor de la Cofradía que agrupa a los pescadores de la laguna sabe dónde desovan las doradas y en qué camas duermen los langostinos. Lo recorre desde que a los 8 años le pusieron unos remos en las manos. Actualmente, representa a la agrupación pesquera con mayor volumen de facturación de la Región y con una preocupación constante: la salud del Mar Menor.

-La pesca conlleva un trabajo duro, ¿los jóvenes quieren aún trabajar en la mar?

-Aún entran jóvenes a trabajar en la mar, la mayoría por tradición familiar, pero el número de pescadores ha disminuido en los últimos años. En los años setenta éramos unos 250 entre los del Mar Menor y los de cerco del Mediterráneo. Después bajó. Cuando los padres aumentaron su poder adquisitivo, los hijos preferían estudiar, no como antes, que había solo dos alternativas: o el campo o el mar. Luego, con la crisis económica, creció el número de pescadores un 15%, y después se ha mantenido. Actualmente, la Cofradía de San Pedro del Pinatar cuenta con 151 pescadores, de los que 62 se dedican a los artes menores y el resto son de arrastre y cerco.

Actitud de los pescadores: «Están más concienciados de que hay que servir al entorno, que somos parte de él; nos necesita»

-Da la impresión de que la pesca en el Mar Menor es aún muy artesanal.

-En el cerco y arrastre, artes del Mediterráneo, la evolución tecnológica ha llegado más. Hay menos trabajo físico. En el Mar Menor son artes fijos y se trabaja igual que hace décadas. Solo se ha notado en la incorporación de los motores en los barcos a partir de los años ochenta. Eso ha permitido que, a las 11 de la mañana, los pescadores estén de vuelta en la lonja. Antes íbamos a vela y, si había viento desfavorable, teníamos que dormir en La Manga. Antes se estaba mucho más tiempo en la mar.

Investigación: «Queremos comprobar científicamente lo que observamos cada día desde el barco. El ojo del pescador no suele equivocarse»

-¿Qué tiene el mar que, a pesar del frío y los madrugones, lo retuvo toda su vida?

-La pesca tiene algo especial. Con 8 años yo corría por las dunas de La Manga cuando llegábamos allí para secar las redes. Debajo de los sombrajes, hacía mucho fresco y comíamos caldero. Con las riadas de 1987 vinieron años muy malos y tuvimos que pescar de cerco en el Mediterráneo y, a los 10 años, volvimos al Mar Menor. Es un trabajo duro, pero mi hijo no olvida los años que pescó conmigo mientras estudiaba Económicas. Todo lo que preparas en tierra, las redes, la ruta, los horarios, luego te da sus frutos en el mar, y eso te hace sentir bien.

Crisis ambiental: «Tengo la sensación de que la Administración no actúa con la celeridad que debiera»

-¿Qué cambios han modernizado la Cofradía?

-Cuando entró el Cabildo actual, hace 6 años, la Cofradía estaba al borde de la suspensión de pagos y hoy es una entidad saneada, con un equipo de gente joven y comprometida, con mucha capacidad de trabajo. A los pescadores de ahora los he visto a todos nacer. Hemos logrado una amplia cartera de clientes y una creciente demanda, por lo que también hay buenos precios. Se ha acabado con el antiguo monopolio. El sistema de pago es a siete días y con fianza, lo que da más seguridad a los pescadores y a la Cofradía.

-¿Los pescadores han ganado en conciencia ambiental?

-En general sí, pero despacio. La pesca siempre fue un sector muy aislado. Nos llegaba poca información. Ahora la gente está más concienciada de que hay que servir al entorno, que somos parte de él. El Mar Menor nos necesita.

-¿La Cofradía tiene que hacer esa labor didáctica?

-Sí, se les recuerda que hay que respetar las épocas de veda. El número de artes está limitado. El Mar Menor ha estado regulado desde hace muchos años, cuando muchas actividades de tierra no tenían reglamento alguno. De hecho, hemos padecido grandes restricciones cuando la política pesquera empezó a ser decisión de Europa.

-¿Por primera vez la Cofradía ha apostado por la investigación?

-Sí, por primera vez tenemos estudios en marcha con grupos científicos para mejorar nuestros métodos de trabajo y reducir el impacto negativo en el medio ambiente. Estudiamos la reducción de la población de anguilas, junto con la Asociación de Naturalistas del Sureste. Investigamos el ciclo natural del langostino y, además, analizamos las especies del Mediterráneo junto con las cofradías de Palamós (Gerona) y de Motril (Granada). También hemos empezado a estudiar la expansión del cangrejo azul. Queremos comprobar científicamente lo que observamos cada día desde el barco. Ya avisamos hace tiempo de la pérdida de los fondos del Mar Menor, y luego se comprobó con estudios. El ojo del pescador no suele equivocarse.

-¿El sector pesquero del Mar Menor se ha sentido escuchado por las instituciones?

-Se nos tiene en cuenta por la presión que ejercemos junto a otros colectivos, pero no vemos que se hayan hecho muchas actuaciones para prevenir problemas en el Mar Menor, que siempre tuvo mucha capacidad de regeneración, pero nos ha querido decir ahora que no sigamos por esa vía, que puede llegar un día que se acabe todo lo que nos da.

-Si estuviera en su mano, ¿qué haría para remediar la crisis ambiental del Mar Menor?

-Hay muchos estudios científicos. El estudio que se encargó a la empresa de Cádiz, la Comunidad Autónoma lo metió en un cajón. Hay que agilizar la aplicación de las medidas urgentes del Mar Menor, que se aprobaron en la Asamblea y luego no se ven en la realidad. Tengo la sensación de que la Administración no actúa con la celeridad que debiera, cuando estamos ante un ecosistema que puede tener un punto de no retorno.

Es prioritario que la agricultura cambie el modelo productivo, igual que el vertido cero. También hay que actuar con el alcantarillado y el incremento descontrolado de barcos.

-¿Es partidario de limitar la navegación a motor en el Mar Menor?

-No me parece bien hacer más rampas y fondeaderos, como se ha anunciado. Aumentará el número de embarcaciones, cuando el Mar Menor tiene ya 10 puertos que, con una media de 400 barcos, hacen 4.000 barcos amarrados, más los fondeaderos ilegales. Hablamos de más de 6.000 barcos en un perímetro de 60 kilómetros. Y esos son muchos barcos. No quiero atacar a ningún sector económico, pero hay que limitar el número de barcos, el caballaje de los barcos y el tamaño de la eslora.

Toda una vida junto al muelle pesquero

«Ya de pequeño desembarcábamos en esta orilla, aunque no había muelle, y la lonja estaba más hacia el sur, frente al restaurante Venezuela», explica Jesús Gómez. Sus recuerdos lo trasladan a «una vieja lonja, que era propiedad de Gonzalo Delgado, y, después, de su hijo Manuel Delgado, donde había una balanza grande con unas pesas de hierro, todo muy rudimentario». En los años setenta no era la única venta de pescado fresco del Mar Menor. El patrón mayor recuerda que también descargaban en la playa de Los Alcázares, después de muchas horas en el Mar Menor, desde donde veía la primera luz del día por encima de La Manga, su paraíso de arena mullida y brisa mezclada de dos mares.

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