La Huerta mueve su savia

La Huerta mueve su saviaGráfico

Ayuntamiento de Murcia, UPCT y UMU ponen en marcha un proyecto pionero para la recuperación agroambiental del río Segura, los meandros abandonados y el entorno de la zona oeste del municipio

PEPA GARCÍA

Devolver la calidad ambiental al río Segura (y a sus antiguos meandros) y transformarlo en un corredor ecológico, pero también en un eje vertebrador del municipio de Murcia; recuperar la salud y los servicios prestados por la Huerta -valor paisajístico, proveedora de alimentos, servicios ecosistémicos para mitigar el cambio climático y aumentar la biodiversidad-; evitar que se pierdan la historia y los conocimientos que este espacio periurbano ha atesorado durante siglos; y fomentar su papel como uno de los principales espacios de esparcimiento y uso metropolitano. Estos son los objetivos del proyecto que acaban de poner en marcha, conjuntamente, Ayuntamiento de Murcia, Universidad de Murcia (UMU) y Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), mediante la firma de un convenio que buscará el apoyo y la implicación mayoritaria del tejido social, pero que pone el acento en la investigación y la innovación.

Firmado a mediados de diciembre, este «ensayo pionero», como lo describen los responsables de los tres grupos investigadores y el propio concejal de Urbanismo, Medio Ambiente, Agua y Huerta de Murcia, Antonio Navarro, acaba de echar andar. Y, junto a la parte teórica, que desarrollará una estrategia extrapolable a los 27 kilómetros de río que atraviesan el municipio de Murcia, desde La Contraparada hasta Beniel, a otras zonas de la Huerta de Murcia e incluso a zonas periurbanas de otros municipios y autonomías, se llevará a la práctica en el espacio limitado -en torno a un tramo de río de unos 5 kilómetros-, que comprenden los meandros de la zona oeste y entorno, situados junto a las pedanías de La Ñora, Puebla de Soto, La Raya, Rincón de Beniscornia, Rincón de Seca y La Arboleja.

La iniciativa, de abajo a arriba, busca contar con el mayor apoyo social para garantizar su éxito

El proyecto, dotado inicialmente y para su primer año de funcionamiento con un presupuesto de 189.000 euros, «es la actuación más importante de Murcia Río (un proyecto a largo plazo y que se desarrollará en 20 o 25 años), sobre una zona de mucho interés, tanto desde el punto de vista social como agroecológico», asegura el concejal Antonio Navarro, que recuerda que es una de las áreas de huerta más densamente pobladas y de mayor valor ecológico, al tiempo que una de las más degradadas por la presión urbanística.

Las actuaciones tienen que hacer compatibles la salud ambiental del ecosistema con su disfrute para el ocio

Trabajo puerta a puerta

Una de las premisas para el éxito del proyecto, en opinión de todos los participantes, es la de contar con el mayor apoyo posible del tejido social. Para ello, arbitrarán las medidas necesarias, como encuestas, en web y a pie de calle, y entrevistas puerta a puerta, al tiempo que se han incorporado ya al proyecto los alcaldes pedáneos de las seis localidades en las que se llevarán a cabo las intervenciones; la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) -representada por el comisario de Aguas, José Carlos González-, titular legal del cauce y los meandros del río; y ONG conservacionistas como Anse y Ecologistas en Acción. No obstante, advierten los responsables, estará abierto a cualquier colectivo que se quiera sumar, y añaden que, cuando se pase de la teoría a la práctica en la recuperación de los distintos espacios, los ciudadanos voluntarios serán los que intervengan.

Por ello, antes de pasar a la acción y recuperar todos los valores y servicios que este espacio naturalizado pero antrópico prestó y ha ido perdiendo, desde el Instituto Universitario del Agua y del Medio Ambiente (Inuama) tienen ya preparadas las encuestas que comenzarán a realizar en esta primera fase. «Este tiene que ser un proyecto conjunto y participativo, para que sea asumido como suyo por la mayor parte de la población. Nace de abajo a arriba, sustentado por criterios técnicos y científicos pero sin renunciar a convertirse en una oportunidad de futuro para las pedanías limítrofes y conectado con la agrodiversidad», resume Rosario Vidal-Abarca que, junto a María Luis Suárez -ambas catedráticas de Ecología de la UMU y directivas del Inuama-, lidera uno de los tres equipos científicos.

El objetivo inicial es conocer los deseos de los ciudadanos: cómo les gustaría que fuera el río y los espacios de los meandros; es decir, cuáles son sus aspiraciones sociales, culturales, lúdicas y de ocio con respecto al Segura y su entorno, apunta Vidal-Abarca. Unas ideas que, después de valorar técnica, científica y económicamente, se convertirán en realidad.

También valorar los servicios ecosistémicos que el río y sus aledaños prestan al municipio y compararlos con los que prestaron en 1929 y en en 1950-60 es clave en la investigación. «Por ejemplo, saber qué hemos perdido con la reducción del número de hectáreas dedicadas al regadío en la Huerta de Murcia, como el efecto microclima, atenuador de las temperaturas, o la pérdida de biodiversidad por la tendencia a los monocultivos», explica para clarificar los objetivos Vidal-Abarca. «Un proyecto integrador debe potenciar algunas de esas cosas que hemos ido perdiendo», apostilla.

Una protección integral

Y, como tercera pata de este grupo, Vidal-Abarca cita el trabajo de los juristas del equipo, que se encargarán de analizar legislaciones y normativas existentes, como la de Valencia, con el objetivo de proponer un texto que sirva para proteger la Huerta. «Ahora carece de protección específica y el PGOU liberó mucho suelo fértil para otros usos no adecuados (vías de acceso, urbanizaciones,...) que han machacado la Huerta», recuerda. Porque si una cosa les preocupa es que «el proyecto es muy innovador, pero parcial. Si se quiere de verdad proteger la Huerta hay que trabajar en una ley integral que se aplique a toda su extensión, e incluso implicar a otros ayuntamientos, como Beniel o Santomera». Y añade que, dado el contexto geográfico de este espacio periurbano, «hay que lograr que la Huerta también entre en la ciudad».

Soberanía y resiliencia

«Esta es una oportunidad única para desarrollar una estrategia que garantice la soberanía alimentaria de la ciudad y su resiliencia», apunta José María Egea, catedrático de Botánica de la UMU y experto en Agroecología, que lidera otro de los equipos científicos. «El proyecto pretende la restauración agroecológica de la Huerta, partiendo de un espacio reducido que no diluye las acciones, para extrapolar los resultados al resto del territorio que abarca», resume Egea. Y advierte de que «para que la recuperación sea efectiva, hay que tejer una red que mantenga viva la Huerta haciendo posible la venta de la producción», afirma Egea, trabajando directamente con productores y consumidores. Además, considera fundamental rescatar el conocimiento de los 'sabios huertanos' para recuperar el manejo tradicional agrario, que ha demostrado durante siglos que es sostenible, y aplicarlo en los huertos y espacios actualmente abandonados.

Así, además de localizar a quienes ya tienen policultivos en sus huertos ecológicos, hay que sumar a los que podrían estar interesados (y darles soporte y asesoramiento), a los propietarios de parcelas infrautilizadas o abandonadas, y también poner en marcha huertos sociales en los terrenos públicos del entorno de la intervención. José Hernández, pedáneo de La Raya, asegura que en su localidad ya tienen parte de este trabajo adelantado, mediante el exitoso banco de tierra y con acuerdos verbales, «que son los que siempre han tenido validez en la Huerta», cuenta orgulloso.

Igualmente, a través de los pedáneos, primero, y de las asociaciones y comunidades de regantes de las seis pedanías afectadas, después, trabajan en recuperar el patrimonio genético de la Huerta adaptado a las condiciones del territorio: variedades tradicionales de hortícolas y frutales, pero también razas autóctonas de ganado.

Ciencia desde el colegio

Ciencia y participación se unen en el congreso científico escolar que dentro de este proyecto coordinará José María Egea. «La idea es involucrar a los niños de los colegios de la Huerta en un proyecto de investigación, que se pondrá en marcha en marzo y se celebrará en junio, para que los chavales se impliquen y recopilen información de los mayores cercanos sobre variedades antiguas, su uso y gestión tradicional. Así dispondríamos de una red muy amplia de búsqueda para rescatar la memoria biocultural: plantas medicinales, plantas silvestres comestibles, recetas habituales... El resultado de la investigación se expondrá en el congreso, donde se celebrará «un 'showcooking' con las recetas recuperadas y los ingredientes producidos en los huertos escolares como protagonistas». El otro eje de esta interacción con los escolares es más divulgativo, ya que consiste en implicar a los 'sabios huertanos' para que hagan de directores de los huertos escolares ecológicos y transmitan a los niños su conocimiento.

Ecosistemas fluviales

Setos con plantas silvestres, asociación de diferentes cultivos autóctonos y plantas con vistosidad que mejoren el paisaje agrario son algunas de las premisas que deberán cumplir los huertos que se sumen a este proyecto de restauración agroecológica, que culminará con la recuperación ambiental de los meandros y el cauce de la zona oeste del río. De este objetivo se ocupa el equipo de la UPCT, liderado por Jesús Ochoa, del departamento de Producción Vegetal, y que contará entre sus miembros con arquitectos e ingenieros agrónomos. «Hay que hacer compatibles la función ambiental de la recuperación del espacio fluvial (mayor capacidad de secuestro de CO2 y de mitigar el cambio climático, mejora de la calidad del agua del río con el efecto de depuración de la vegetación que se asocie a las riberas) con las funciones sociales y estéticas (recuperación del paisaje para la ciudadanía y mejora de la calidad de vida y bienestar a través de la infraestructura verde)», resume Ochoa. Y sugiere el pedáneo José Hernández que se limpien y acondicionen los terrenos que hay junto al campo de rugby de La Raya y el Soto Perdiguero, una demanda vecinal que devolvería la vida al río como zona de ocio.

La CHS ya se ha sumado al proyecto, consciente de que su responsabilidad es lograr el buen estado ecológico de los sistemas fluviales, aunque, advierte, teniendo claro que «la seguridad debe prevalecer. La capacidad de evacuación del río en caso de avenidas no se puede comprometer», asegura José Carlos González. Pero, ponen a disposición del proyecto todo su conocimiento y sugieren que las medidas de retención natural de agua por las que aboga Europa permitirían recuperar los meandros como cauces y generar ecosistemas fluviales con vegetación de ribera. La actuación en en muchos tramos del río es inviable «aunque se podrá actuar, sobre todo, en las curvas donde el cauce se ensancha», adelantan desde la CHS. Y consideran primordial para el proyecto la lucha contra las especies invasoras.

Teniendo en cuenta las singularidades de cada tramo e integrando sus aspectos ambientales, sociales y productivos, «habrá que crear microclimas para que se desarrolle la fauna», concluye Jesús Ochoa, que considera que esté proyecto será un laboratorio al aire libre para que los alumnos de la UPCT puedan aplicar lo que investigan en las aulas.

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