Estudian los efectos positivos de los bosques en la salud humana

Una persona camina por el bosque de la Sierra de Burete, en el término municipal de Cehegín./G. CARRIÓN / AGM
Una persona camina por el bosque de la Sierra de Burete, en el término municipal de Cehegín. / G. CARRIÓN / AGM

El proyecto valora el estado de las masas forestales y su evolución, y analiza los mecanismos con efectos fisiológicos en las personas

Pepa García
PEPA GARCÍA

¿Quién no se ha sentido revitalizado, 'como nuevo', a la vuelta de un paseo por el bosque? Para ver qué hay detrás de esta sensación e impulsado por la Fundación La Caixa, el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf) y el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) han puesto en marcha un proyecto pionero para demostrar empíricamente el papel de los bosques en la salud humana.

La investigación 'Bosques sanos para una sociedad saludable' tiene su origen en iniciativas de gobiernos como el de Japón de promover los baños de bosque ('Shinrin Yoku') como terapia beneficiosa para las personas, sobre todo para disminuir el estrés y la ansiedad de la sociedad japonesa, cuenta Albert Bach, uno de los investigadores del ICTA en este proyecto. Además, cuenta Bach, en la última década, estudios realizados en Japón y Corea apuntan los efectos potenciales de los bosques en los niveles de glucosa de los diabéticos, en la generación de células anticancerígenas y el reforzamiento del sistema inmunológico, entre otras cosas, más allá de los efectos psicológicos.

«Esta iniciativa plasma de forma sólida estas intenciones de usar la naturaleza como medicina preventiva. Aunque las investigaciones realizadas están en una fase muy preliminar y se han realizado con un número muy reducido de personas, nosotros vamos a tratar de ver empíricamente cuánto de real tiene y sobre cuántos factores de nuestra salud tienen efecto los bosques». El equipo, multidisciplinar, recopilará información abundante para conocer cómo son estos efectos, cuándo se dan, los mecanismos por los que se producen y, así, tratar de certificar que son los bosques y no otros factores los responsables.

Investigan cómo actúan los compuestos orgánicos volátiles de las plantas en el cuerpo

Partiendo de las sustancias orgánicas volátiles ya identificadas por científicos asiáticos, «que emiten las plantas de manera natural como mecanismos de defensa contra plagas y sequías, y para comunicarse», y que las personas somos capaces de absorber, van a desarrollar un proyecto «transversal que caracterice estos compuestos en los bosques mediterráneos y europeos, nos descubra de qué factores depende que las plantas los emitan, además de cuantificar cómo los absorbemos y conocer qué mecanismos pueden surgir de su metabolización, es decir, los efectos que tienen sobre nuestro microbioma».

Para el desarrollo del proyecto, los médicos del equipo realizarán un seguimiento sobre un grupo de personas, con análisis de sangre y orina, para conocer los efectos fisiológicos de la interacción entre personas y bosques. Aunque, advierten, está será la última fase de un proyecto que, inicialmente, se prolonga hasta finales de 2018, «pero la idea es continuar», afirma Jordi Vayreda, del Creaf. La ciencia está encontrando «evidencias, pero hay que entender muchas cosas para avanzar de forma significativa», añade Bach.

Planes de futuro

Mientras, conscientes de que si esto llega en algún momento a la sociedad, a las autoridades políticas y a la salud pública, «necesitaremos información para ver cómo gestionamos los bosques para hacer compatible su aprovechamiento forestal y el uso terapéutico», apunta Bach, el proyecto se centra en conocer también cuál es el estado de salud de nuestros bosques y cómo evolucionarán ante el escenario de cambio climático que se prevé.

Para ello, explica Vayreda, han recurrido a la ciencia ciudadana, que contribuirá a conocer en detalle el estado de salud de los bosques. Un llamamiento a la sociedad, a cuyo servicio ponen la app-web Alerta forestal (https://app.alertaforestal.com) y la información para que las colaboraciones ciudadanas sean útiles al proyecto (www.alertaforestal.com). La petición es para que manden fotos sobre la salud de los bosques en relación a la plaga de procesionaria, que «en los últimos dos años ha tenido incidencias muy altas en grandes extensiones de terreno y en esta fecha están en su punto álgido con la defoliación de los pinos»; a la sequía y sus efectos en el arbolado; y a los vendavales. Tres cuestiones que, en palabras de Vayreda, «están relacionadas con el cambio climático».

Previendo que la salud de los bosques irá empeorando con los años, las fotografías geolocalizadas y los datos sobre el grado de afección que faciliten los colaboradores, así como grabaciones con drones que servirán para elaborar imágenes 3D, utilizarán «modelos matemáticos para saber por qué hay una mayor o menor afectación un determinado año y hacer predicciones de cómo estos daños irán evolucionando hasta finales de siglo».

Estos datos, que inicialmente se recopilarán sobre los bosques de Montseny -aunque podría ampliarse-, servirán para extrapolar las conclusiones al resto de la Península y de Europa, teniendo en cuenta las condiciones climáticas particulares que, advierten tanto Vayreda como Bach, son muy determinantes.

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