¿Para cuando una estructura verde de verdad?

La Infraestructura Verde (IV) es una red de espacios verdes multifuncionales, naturales, rurales y urbanos, en la que se apoyan los procesos naturales y ecológicos y que tiene efectos positivos sobre el funcionamiento del ecosistema y sobre la salud pública. Esto es especialmente importante en áreas urbanizadas donde la densidad poblacional va en aumento y los grandes problemas ambientales, sociales y de salud son cada vez más preocupantes.

Parques y jardines, huertos urbanos, árboles de alineación, vías verdes, espacios agrícolas, áreas boscosas, reservas/espacios naturales, ríos, zonas costeras, etc., y, más recientemente, tejados verdes y jardines verticales, constituyen esos espacios que desempeñan numerosas funciones ambientales, ecológicas, sociales y económicas y que los ciudadanos deberían percibir desde ya como aliados en lugar de como enemigos... Pero para que los elementos de una IV generen todos esos beneficios que de ella se esperan, primero al propio ecosistema y finalmente a nuestra salud y bienestar social, es requisito imprescindible resolver los conflictos a los que se enfrenta en nuestros días y conseguir que estos elementos verdes alcancen un buen estado de salud por sí mismos. Y ese es precisamente el tema sobre el que quiero hacer una reflexión, porque si todos entendemos o entendiéramos que son verdaderamente necesarios y beneficiosos y que no son una moda, ¿por qué no le ponemos el empeño político y profesional necesario para desarrollar todo su potencial?

Estudios recientes ponen de manifiesto que la superficie verde no solo no se ha incrementado, sino que incluso ha disminuido en muchas ciudades del mundo y que seguimos impermeabilizando el suelo urbano, incluido el de las zonas verdes, donde con frecuencia encontramos predominio de superficies impermeables frente a materiales porosos, lo que merma la capacidad de infiltración del parque o jardín e incrementa el daño de las lluvias torrenciales. Seguimos construyendo ridículos alcorques que merman el potencial beneficioso que tiene el arbolado urbano, por no hablar de las deficiencias en la realización de las obras de jardinería o las podas sistemáticas y excesivas que debilitan y aumentan el riesgo potencial de fracturas de ramas o árboles enteros, y preferimos bajar la temperatura del aire acondicionado (a pesar del gasto energético y económico) sin ser conscientes de que un simple árbol que no se ha podado y conserva toda su copa puede ayudarnos, con su sombra proyectada sobre el edificio, a proteger nuestra vivienda de la radiación solar y a conseguir mayor confort térmico. Es necesario potenciar la naturaleza en la ciudad, más aún si esa ciudad se encuentra en clima mediterráneo, y concienciar a la población de que es necesario asumir pequeños inconvenientes como hojas o flores en el suelo o pequeñas ramas que se aproximan a nuestras ventanas para conseguir todos los beneficios que la IV nos puede proporcionar. La salud de nuestros espacios verdes es esencial para nuestra salud y nuestra actitud frente a ellos debe cambiar radicalmente a todos los niveles. Tampoco podemos olvidar mencionar la escasa inversión en el mantenimiento de los espacios verdes (quizá sea más rentable políticamente la inversión en obras nuevas que en algo que solo se ve cuando ya es tarde y entonces se aprovecha la oportunidad para acometer proyectos de reforma que sí se ven) y la necesidad de profesionalizar la jardinería y recuperar un sector desplazado durante muchos años por otros que, aún siéndolo, denotan la falta de conocimiento en las necesidades de manejo de la vegetación en la ciudad. ¡Y así no vamos bien!

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