Los espacios protegidos, entre dos fuegos

Un grupo de ciclistas recorre el Morrón de Alhama, con las paredes de Leiva al fondo, en sus bicicletas de montaña./Andrés García Lara
Un grupo de ciclistas recorre el Morrón de Alhama, con las paredes de Leiva al fondo, en sus bicicletas de montaña. / Andrés García Lara

Las áreas de la Red Natura 2000 en la Región se enfrentan a la disyuntiva entre 'morir' de éxito por el crecimiento exponencial de visitantes o limitar sus usos y su capacidad de acogida para preservar los valores naturales que llevaron a protegerlos

Pepa García
PEPA GARCÍA

Este martes se celebra el Día de la Biodiversidad Biológica, una fecha que conmemora los 25 años de la firma del Convenio sobre la Diversidad Biológica, seriamente amenazada, ya que el ritmo de desaparición de especies se ha acelerado fruto de la actividad humana. Igualmente, el jueves 24 de mayo hará 109 años que se declararon en Suecia los primeros parques naturales, hecho que se celebra con el Día Europeo de los Parques Naturales y que pone en valor los espacios que merecen una protección especial por las especies de flora y fauna que lo habitan.

Con estas dos efemérides en el horizonte, abordamos el «incremento exponencial que las actividades lúdicas y deportivas de la población están teniendo en los espacios naturales protegidos (ENP) en las últimas décadas», afirman desde Ecologistas en Acción y también lo reconocen desde la Administración regional, que citan como especialmente presionados: el Parque Regional El Valle-Carrascoy, casi un parque periurbano con masiva afluencia de visitantes, tanto senderistas como ciclistas, corredores y familias y grupos de amigos que acuden a disfrutar de los espacios abiertos, «el corazón verde de Murcia», lo define la directora general de Medio Natural, Consuelo Rosauro; el Parque Regional de Sierra Espuña, «por sus valores ambientales muy favorables y especialmente frecuentado en primavera, otoño e invierno»; y las zonas de costa como el Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila, y Calnegre, incluido en el Parque Regional de Calnegre y Cabo Cope.

Sierra Espuña y El Valle, entre los ENP con mayor presión humana, trabajan para regular los usos de sus senderos y evitar daños

Precisamente como respuesta a esta presión y conscientes de que los valores ambientales, la flora y fauna protegida por la que estos espacios han merecido su protección especial, pueden sufrir daños irreversibles; desde la Administración se han puesto en marcha medidas que limitan el acceso a estas zonas. Aplicadas desde hace siete años, el Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila ha contado con distintos sistemas de regulación para limitar la afluencia masiva de visitantes a sus playas, que han ido desde el cierre al tráfico de vehículos particulares los fines de semana, hasta el control de accesos durante toda la temporada estival. Unas medidas que respondieron a las cada vez más intensas quejas de los propietarios y vecinos de la zona.

Calblanque, Calnegre y Bolnuevo han restringido el acceso de vehículos para proteger el medio natural

A este sistema se suma Calnegre (Lorca) este año. Se limitará el acceso de vehículos privados y se pondrá un servicio de autobuses los días de mayor afluencia de bañistas. Igualmente, las calas de Bolnuevo se cerraron el año pasado al tránsito de vehículos de motor por la seguridad de las personas (se produjeron desprendimientos sobre la pista) y para proteger este tramo de la costa virgen que cada vez recibe más presión de los bañistas «para evitar el abandono de basuras y las acampadas ilegales», explica la alcaldesa de Mazarrón, Alicia Jiménez, que asegura que la medida ha sido muy bien recibida por vecinos y usuarios habituales. «Hay un perfil de vandalismo que tenemos detectado y que ya ha roto la valla muchas veces, pero ahora, antes de la temporada de verano, vamos a poner un modelo de cierre similar al de Sierra Espuña para que no puedan romperla», explica contenta de la medida adoptada por el Ayuntamiento de Mazarrón. También decisión municipal fue la de limitar el número de personas diarias que pueden acceder al Salto del Usero (Bullas), al que posteriormente se sumó la Consejería de Medio Ambiente, «porque el Ayuntamiento no tenía medios para realizar el control efectivo», explica Rosauro. Y Confederación Hidrográfica del Segura, Medio Natural y Ayuntamiento de Abanilla estudian hacer lo propio en el Chícamo, una zona que se satura de visitantes los fines de semana y, especialmente, en verano.

Participantes en la Ruta de las Fortalezas (Cartagena).
Participantes en la Ruta de las Fortalezas (Cartagena). / P. Sánchez

«Todo crecimiento de afluencia a los ENP es significativo y debe ser bien recibido, siempre que haya un disfrute controlado y sostenible de estas zonas y que se tomen medidas para no perjudicar el entorno, porque pone en valor estos parques», afirma Rosauro. Aunque tanto asociaciones naturalistas como deportivas y federaciones, así como gestores de los espacios, reconocen que es obligatorio hacer compatible el disfrute del medio natural con los usos deportivos y de ocio de la población, los ENP se encuentran en este momento entre dos fuegos que, si nadie pone límites, pueden llegar a 'morir' de éxito, salvo que se establezcan los límites necesarios, a usos y afluencia, que detengan el deterioro.

En el caso de El Valle y Sierra Espuña, la dirección de los parques trabaja con federaciones deportivas, asociaciones y ayuntamientos para regular el uso de los senderos y las pistas forestales. Hace unos años, El Valle cerró los accesos a vehículos en las zonas altas interiores para acabar con la modalidad de descensos, que estaba erosionando las laderas de las montañas y que, según denuncian usuarios del parque, eran subidos por furgonetas para realizar descensos extremos. Precisamente Pablo López, responsable de Medio Ambiente de Rutas MTB Murcia, que está en el grupo de trabajo de El Valle, cree que «no se puede dejar libre acceso. La sociedad es bastante incivilizada y si no pones unas normas mínimas la degradación es importante». Lo dice con conocimiento de causa, porque su asociación organiza la Integral de la Cabra, gracias a lo que iniciaron su colaboración con El Valle, aunque ya sus estatutos recogían el deber de promocionar el uso responsable de las bicis de montaña. «Desde el punto de vista del ciclista, me afecta negativamente, pero no puede haber barra libre», confiesa López. Repoblaciones, campañas de concienciación y la Integral de Socios, en la que borran cualquier rastro dejado durante la prueba, son algunas de sus colaboraciones. Incluso, aún a riesgo de que le manteen sus compañeros de deporte, opina que «las pruebas deportivas, que cada vez son más abundantes, deberían pagar un canon en concepto de mantenimiento».

Un numerosísimo grupo de senderistas recorre la zona del Morrón de Alhama, hace un par de fines de semana, espantando a la fauna del parque. Un escalador, en el Rincón de las Cuevas, en Benizar. Uno de los carteles sobre las restricciones temporales a la escalada en Calblanque. / R. Fernández, Jesús Rodríguez y PR Calblanque

Sin recursos ni sanciones

Tanto Pablo López, como Ecologistas en Acción y Lázaro Giménez, vocal de Senderos de la Federación de Montañismo de la Región, consideran que uno de los principales problemas es «la falta de regulación de los ENP en el aspecto del uso público, ya que no existen normas jurídicas y de gestión eficaces que permitan ordenar los usos en estos espacios y se ven afectados por la visita de personas que son expulsadas de las comunidades vecinas, que sí que las han desarrollado y aplicado», dice Giménez refiriéndose, por ejemplo, a la vecina Comunidad Valenciana. Además, coinciden otra vez, «pese al gran esfuerzo de los técnicos y agentes medioambientales no se observan resultados positivos, ya que faltan medios legales, económicos y de recursos humanos para la gestión adecuada del uso público». «No hay un régimen sancionador», insiste López.

Consuelo Rosauro lo niega. «Eso puede ser una percepción particular, pero en la Región hay 113 agentes medioambientales y son suficientes para controlar todos estos aspectos», dice refiriéndose a verificar los permisos de los grupos de más de 25 personas en espacios con planes de gestión aprobados y de más de 50 en el resto de ENP, además de controlar que las pruebas deportivas con permisos cumplen los criterios establecidos, que todas las actividades organizadas disponen de permisos, que no hay vehículos a motor en los espacios protegidos (quads y motos), que no existen riesgos ni amenazas para los espacios, que no se producen actividades ilegales como trampeo o envenenamiento de animales,...

Y asegura Rosauro que solo hay unos cuantos expedientes abiertos por no retirar la señalización temporal de pruebas deportivas en la zona de La Muela-Cabo Tiñoso y no les consta ninguna otra denuncia.

Desde Ecologistas en Acción suman a los ENP bajo presión la zona de La Muela-Cabo Tiñoso (Cartagena) y consideran, como el resto, que lo principal es la educación y la concienciación, pero que es necesario «regular con las distintas normativas necesarias; que se propongan para la celebración de pruebas deportivas espacios alternativos con menos valores ambientales; que se refuerce el personal de la Administración; y hablar con federaciones, asociaciones, colectivos y clubes deportivos para hacerles ver que la actividad en sí puede ser casi inocua, pero la afluencia de gente que produce durante todo el año, cuando las pruebas se consolidan, sí perjudica».

Hábitats muy sensibles

Una preocupación mucho mayor es la que los naturalistas manifiestan por zonas especialmente sensibles, como el Barranco de Hondares. De hecho, les resulta «incomprensible» que se autorice la celebración de una prueba deportiva por sus inmediaciones en plena época de empolle de los huevos de las aves que han convertido este bello espacio en ZEPA (Sierras de Moratalla), además de ser ZEC (Sierra de la Muela). «Ponen en peligro la viabilidad de los huevos, porque los adultos dejan de darles calor y, si los participantes tardan más de media hora, mueren. Incluso pueden causar la muerte de los polluelos recién nacidos», afirma Jesús Rodríguez, naturalista de Moratalla. Igualmente, denuncia la afluencia cada vez más frecuente de grandes grupos a la Poza de las Tortugas, en el nacimiento de Hondares, «una zona especialmente delicada por las comunidades de macroinvertebrados endémicos, aislados de otras poblaciones y aún sin estudiar a fondo, que alberga y a las que afecta que la gente se bañe y remueva los fondos de fango, alterando el ecosistema».

Igualmente, Rodríguez denuncia que, desde hace unos tres años, hay instaladas en el Rincón de las Cuevas, ZEC por tres especies de plantas rupícolas -'Antirrhinum subbaeticum', 'Sarcocapnos baetica' y 'Silene andryalifolia'-, varias vías de escalada sobre las paredes en las que crecen estas especies protegidas y en las que crían halcones peregrinos.

Rodríguez también denuncia la cada vez más numerosa presencia de 'domingueros' en la zona de las lagunas de Somogil y al tramo del río Alhárabe que hay sobre el camping La Puerta, que acuden con neveras y carritos de la compra y dejan basura abandonada. Una afluencia que consideran «supermasiva», por no hablar de la circulación de quads y motos por pistas forestales que tienen totalmente prohibidas.

La encrucijada de los políticos y la falta de civismo de 'deportistas'

Pese a que el reconocimiento de los espacios protegidos obliga a tomar las medidas necesarias para preservar los hábitats y la biodiversidad en estos espacios de ámbito europeo, las autoridades políticas se sienten a veces en una encrucijada que les obliga a decidir entre cumplir con sus obligaciones y tomar medidas que pueden resultar impopulares, al menos en un principio, o soslayar a las indicaciones de la UE y dejar que los espacios naturales protegidos se deterioren. Bien es verdad que, cuando se opta por poner puertas al campo para protegerlo, la respuesta suele ser descorazonadora. Así ha ocurrido esta temporada con la señalización instalada en Calblanque y en El Almorchón, donde la cría de aves protegidas aconsejó pactar con la Federación de Escalada una limitación temporal y algunos 'deportistas' incívicos optaron descargar su ira destrozando las señales.

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